Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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4 de mayo de 2018

UN PROFETA DE SU TIEMPO


UN PROFETA DE SU TIEMPO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 30/04/18.- Vivimos en una sociedad en la cual el dinero no es el problema. Hay de sobra, el PIB aumenta. Lo que falla es la distribución, sobre todo desde que la socialdemocracia ha retrocedido y la desigualdad en forma de pobreza se hace notar también en los países avanzados.

La Iglesia católica oficial se quedó paralizada con el Manifiesto Comunista de Marx cuando este sentenció que la lucha de clases era el motor de la historia. Las secuelas trágicas en forma de dictadura del proletariado le debieron cegar el materialismo consumista rampante y nuestra Iglesia se ha sentido mucho más cómoda con el capitalismo neoliberal sin percatarse de la decadencia comunista, del socialismo democrático ni del veneno de la globalización financiera que potencia la codicia a costa de la pauperización de grandes mayorías y del resquebrajamiento del “estado del bienestar”.


En pleno siglo XXI, algunos poseen la habilidad de mantener actualizada la disyuntiva capitalismo-comunismo, como si no existiesen otros escenarios posibles entre estos dos extremos. Y, de repente, ha surgido un profeta entre nosotros que se sale del guion sin desviar el problema de fondo. Un profeta y Papa a la vez, que no duda en arremeter contra los excesos de la economía globalizada. Si hubiese sido un teólogo o teóloga del clero o del laicado, tendría asegurada la desautorización y probablemente el castigo. Pero al ser el Papa, la cosa se complica para los que utilizan el evangelio en beneficio propio.


Los lectores podrían preguntarme: ¿Seguro que Francisco se posiciona tan claramente? Cito sus palabras textuales: “El capitalismo desenfrenado ha generado nuevas precariedades y esclavitudes y las cuestiones sociales y económicas no pueden ser ajenas al mensaje evangélico”. No cabe decir que la Iglesia debe ser neutral porque, primero, está soportada en un Estado con sus inmunidades diplomáticas, y porque Jesús también entró en política -no de bandos- y le costó la vida por denunciar con su amor ejemplar aquél sistema teocrático contario a la dignidad humana.

Para los sectores más conservadores de la Iglesia, Francisco es el primer Papa comunista. Pero antes que ellos en el tiempo, Simone Weil ya señalaba la herida: El escándalo de un Dios delincuente se convierte en una justificación; se adora la grandeza histórica de la Iglesia por un empeño en buscar a Dios en el Poder olvidándonos de la realidad evangélica de la revelación divina en el amor. Francisco destaca, sin duda, como uno de los grandes críticos de los excesos de la globalización económico-financiera. Y con el evangelio en la mano, lanza una llamada de aviso a las conciencias adormecidas por el consumismo cuyas consecuencias nos descolocan frente al espejo de los valores básicos humanos y cristianos.
           
Recuerda el Papa que, bajo una forma de ser católico, no son pocos los que viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo mundano, comunista, populista. Pero ellos son los que pervierten el evangelio. En su última exhortación “Alegraos y regocijaos”, denuncia al clericalismo servil del poder porque relativizan lo esencial como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara la razón que ellos defienden, poniendo el énfasis, única y exclusivamente, en la lucha contra el aborto. El Papa les recuerda que "es igualmente sagrada la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas". La acusación de falta de misericordia es clara. Y si hay que defender la vida del no nacido, más motivo para defender la del nacido.

Mientras él se implica en los desbarres económicos denunciando sin ambages la injusticia de la gran distancia entre ricos y pobres, demasiados católicos vivimos todo esto de perfil al tiempo que un buen número de no cristianos son más ejemplares con el dinero y con los pobres del Evangelio. Como le pasó a Jesús, al Papa le quieren más lo de fuera que los de dentro.

Tomado de  eclesalia.net

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