Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

5 de febrero de 2016

Lo que va... EL SANTÍSIMO EXPUESTO BAJO CUSTODIA

Lo que va de ayer a hoy
Historias bíblicas  de ayer que se repiten hoy


El SANTÍSIMO EXPUESTO
BAJO CUSTODIA    







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ayer


(Marcos 14, 1)Faltaban dos días para la Pascua y para la Fiesta de los Panes sin Levadura; y con engaño, los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo prender y matar a Jesús; 2 pero decían: “No durante la fiesta, no sea que haya un tumulto del pueblo.”

(1Juan0,31…: Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
    Jesús les dijo:
       —Por encargo del Padre les hice ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedrean?
(Juan 7,10…: Cuando ya habían subido sus parientes a la fiesta, subió también él, no en público, sino a escondidas.

    Durante la fiesta lo buscaban los judíos y preguntaban:
   —¿Dónde está ése?

  Entre la multitud se murmuraba mucho de él. Unos decían que era bueno; otros que no, que engañaba a la gente.   Pero nadie hablaba en público de él por miedo a los judíos.

Aquel profeta campesino estuvo expuesto a muchos peligros y  persecuciones, según avanzaba su vida y su predicación de  ese extraño reino de Dios.

No  fue sólo cuando lo apresaron en el huerto de los olivos y lo llevaron al  tribunal  del Sanedrín y todo lo que siguió  después.

Fue mucho antes, cuando quienes lo seguían porque les daba pan y les curaba  empezaron a  desilusionarse.  Le quisieron hacer rey, líder  contra los romanos pero  se les escapó al monte… y no era por miedo, se veía bien. Era porque Él  buscaba otra cosa y cuando iba explicándola  cada vez más clara, los que hasta entonces le habían seguido empezaron a murmurar: “dura es esta doctrina  ¿quién puede aguantarla?” (Juan 6. 60)

Cada  día  se iba exponiendo a mayores peligros. Empezó en Galilea, pero al subir   a Jerusalén se agudizó la crisis, sobre todo cuando se atrevió a limpiar el templo de negociantes. Es que no se estaba quieto.

Cuando Pilato lo expuso ensangrentado ante  la multitud: “¡Aquí tienen al hombre!”; ya estaba su suerte echada.

En el monte de los Olivos, lo  retuvieron bien custodiado los guardias del sanedrín, que lo llevaron después del consejo judío al gobernador romano.  Luego pasó la custodia a los  legionarios, camino el Calvario.

Su cadáver expuesto en la cruz ya no necesitaba custodia de los soldados ni de nadie. No se les iba a escapar.

HOY
Los hombres y mujeres  que le habían seguido fielmente no se quedaron  recordándole en la pasividad. Lo  encontraron vivo, de otra manera,  y continuaron en  su seguimiento.

El único   modo de mantener su presencia (“Hagan esto en memoria mía”) fueron aquellas reuniones  donde partían el pan y compartían la copa  en reuniones, a veces clandestinas , donde iban perdiendo el  miedo y se exponían a que  les hicieran  lo mismo  que a su amigo.

   Se lo hicieron.  Los testigos, en el idioma internacional de aquellos países, el griego, se llamaban mártires. Y fueron testigos.

Aquella gente seguía viviendo la memoria de Jesús, en sus comidas fraternales,  en salas   sin  pinturas, ni estatuas, ni símbolos.  Solo con el recuerdo de  su presencia,  platicando,  realizando el gesto de partir el pan  y transmitiendo su memoria a los  que se les iban añadiendo.

Pero  el ser humano necesita ver y tocar para mantener la  memoria.  Necesita  gestos  que lo ayuden a recordar y a vivir.  Gestos, acciones valientes de servicio y misericordia.

Aunque, al pasar el   tiempo, los creyentes ya   no se atreven a realizar  actos que les expongan a  las críticas o que les hagan perder seguridad y comodidad.  Más vale no moverse mucho y  en vez de acciones  que pueden ser peligrosas,  exponer sus creencias  con  símbolos  de objetos   visibles. 

  Además  el ser humano tiene otra tendencia peligrosa. La ostentación: prefieren  mostrar  esos  signos de riqueza y poder mejor que  aparecer  como pobres y humildes seguidores del pobre de Nazaret.

Eso en la religión es  peligroso.  En vez de acciones  que nos exponen al  trabajo, al servicio, a la defensa de los marginados… es más seguro  exponer objetos, imágenes,  símbolos. Llegaron a  exponer aquel pan  consagrado, el que llamamos santísimo sacramento… exponerlo  en una pequeña urna de cristal y metales preciosos. Y en vez de partirlo repartirlo y compartirlo, como antes se hacía,  guardarlo bien redondito,  para que no se recuerde  esa fracción del pan,   como   llamaban  los primeros seguidores de Jesús a sus comidas  amistosas, en  memoria  de aquel  que expuso su vida  por el reino de Dios.

Hoy la “exposición del santísimo” no es   que Jesús de Nazaret, ni sus seguidores, se expongan otra vez a la persecución  y a la condena. 

La custodia  no significa que  los policías lo tengan bien custodiado  intentando que no se escape.  Son sus  mismos seguidores  quienes  lo encierran en esa vitrina de  cristal y rayos dorados. A veces un monumento de arte y riqueza.

Sugeriría a quienes  hacen esa exposición tan poco expuesta a peligros,  que por lo menos pongan en la custodia - como signo -  la hostia partida.  Es tal vez  menos estético que esa forma redonda encajada en el círculo cerrado de la custodia. Pero pienso  que el signo de partir el pan, que  estuvo a la raíz de las primeras comunidades cristianas, conviene que se vuelva  a hacer visible y que sea recuerdo de lo que Joshua   de Nazaret hizo  sobre una mesa de comedor rodeado de unos cuantos pescadores y pecadores, que no se habían confesado antes de comulgar.
 


Todas estas reflexiones me las ha sugerido  este  chiste triste de  José Luis Cortés, que grita con su lápiz la angustia del  preso custodiado en la custodia  donde lo exponen  sin exponerse a nada.  Miren: