Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

27 de diciembre de 2023

EVANGELIO DOMINGO 31-12.-2023 - LUCAS 2, 22-40

 

Fiesta de la Sagrada Familia

Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: << Todo varón primogénito será consagrado al Señor>>, y para entregar la oblación como dice la ley del Señor: <<un par de tórtolas o dos pichones>>. Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él.

Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: <<Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel>>. Su padre y su madre estaban admirados por lo que decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: <<Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción- y a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones>>. Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

SEÑOR, Dios Padre tuvo a bien que nacieras y crecieras en el seno de la Sagrada Familia, para que en ella vivieras en un ambiente de amor, trabajo y alegría. Jesús, te pido por mi familia, para que en ella reine tu Amor.

Colaboración de Juan García de Paredes.