Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

2 de mayo de 2024

JOSÉ Y LOS SANTOS TRABAJADORES

 San José Obrero, la fiesta más grande de entre los santos

El Papa y San José

"José buscó su perfección en su corazón y no en las prescripciones, tal como lo hizo Jesús, su hijo, más tarde"

"El amor, es capaz de toda maravilla, incluida la de abolir todo 'orden judicial', para darse 'a sí mismo' la plenitud y realización que Dios ha establecido y escrito en el corazón de cada uno de nosotros"

" Todo y a todos desafió José por María: parientes, amigos, la sinagoga, los bien informados, los desinformados, los ateos/devotos, los pícaros, los bichos raros, los cómicos..."

Es la fiesta del más grande de entre los santos. Es la fiesta de aquel que, aceptando a María, junto con Ella encarnó a Cristo.

 Una premisa, la mía, que esconde un océano ilimitado de veneración/admiración por este hombre que se presenta con un perfil humano y espiritual que enamoraría no sólo a María, sino a cualquier mujer.

José era judío, y judío "justo" (Mt 1,19) por tanto, un observante de la Ley que -con el celo de todo observante- habría puesto en práctica las normas de su filiación religiosa contra su prometida: la condena a muerte mediante la furiosa y asesina lapidación que, con un término más sofisticado, solemos llamar apedreamiento, grandes piedras lanzadas violentamente contra la condenada, hasta que se desplomaba sin vida.

Él, en cambio, por fe y amor, encuentra una primera salida entre las durísimas redes de la Ley mosaica pensando en un repudio secreto, luego rompe todo esquema legal llevándosela consigo, asumiendo a los ojos del pueblo ser el responsable de ese embarazo, acallando la Ley en su conciencia al dar espacio a la misericordia para ir... más allá de la Ley, en verdad, para buscar su perfección en su corazón y no en las prescripciones, tal como lo hizo Jesús, su hijo, más tarde.

El amor, es capaz de toda maravilla, incluida la de abolir todo 'orden judicial', para darse 'a sí mismo' la plenitud y realización que Dios ha establecido y escrito en el corazón de cada uno de nosotros. Sin embargo, hay que amar con locura a una mujer con la que te vas a casar en breve y te confiesa que está embarazada, con el pleno conocimiento de que no es 'lo tuyo' para comprender plenamente el corazón de José. ¿Cuánta rabia de varón herido, cuánta humillación, cuánta burla habrá tenido que soportar y rumiar en su interior? El Evangelio calla pero, ciertos sentimientos y procesos humanos son fácilmente comprensibles, nacen con el ser humano y nunca se extinguen.

Sí, mensajeros divinos intervinieron en el asunto para vencer los miedos mutuos, pero... fue el extraordinario amor a Ella lo que no le hizo cerrar su corazón a las señales que Dios le enviaba. Un sentimiento -el de aquel justo varón- que fue un "oasis" en el desierto de sus ardientes pensamientos, el lugar donde pudo saciar su sed y alimentar su "Sí" a Dios, un "Sí" no menos grande que el de María, un asentimiento divino inscrito en su decisión humana, un amor/fuente donde incluso sus ángeles y los de Ella saciarían su sed antes de revelar el misterio.

Todo y a todos desafió José por María: parientes, amigos, la sinagoga, los bien informados, los desinformados, los ateos/devotos, los pícaros, los bichos raros, los cómicos... "los de siempre" de cada tiempo y lugar. Todos lo hicieron, pero sobre todo se desafió a sí mismo, hasta que él, en esas lágrimas que bañaron sus ojos cuando ella le contó 'el hecho', vio... las perlas de luz de su inocencia.

 A muchos les cuesta creer en un embarazo… caído del cielo pero, poco menos que el 'bebé que trae la cigüeña', los que tienen fe en Dios sin embargo… ¡no dejan de creer! José y María no eran personajes de un tierno cuento de hadas, sino criaturas humanas que creyeron... en lo imposible humano que es, en cambio, la normalidad para Dios.

Hoy que es tu fiesta, te escribo a ti y por ti, José, a ti que conocías las Escrituras y sabías -como el ángel- que nada es imposible para Dios (Lc 1,37).

¿Qué había de malo en que Jesús naciera del amor tuyo y de María?  Yo creo que nada, igual que si hubiera nacido de cualquier situación humana en la que María estuviera implicada.

Pero, tu fe como la nuestra, dicen: no, nada de esto.  El Dios de lo imposible nos ha dejado esta señal eterna de su poder moviéndose en su Libertad: Él, el Padre que nos creó por Amor y nos dio todo, con el embarazo de una niña que no conoció varón, quiso decirnos: Te amo, te doy a mi Hijo para salvarte, pero... de ti, hombre, también puedo prescindir: Yo soy el Señor tu Dios que... te desplaza. Juan el Bautista dirá a los fariseos: 'Y no penséis que podéis decir entre vosotros: Tenemos a Abrahán por padre. Yo os digo que Dios puede suscitar hijos de Abrahán de estas piedras. (cf. Mt 3,9). Dios eligió a María y a José, pero también podía hacer nacer a Cristo de una piedra.

 José, muchas cosas hacen tu grandeza, pero es la fe en Dios la que "confunde": nuestros planes y nuestros caminos, como hizo con los tuyos, y, sobre todo, el amor a esa niña intachable que hizo de ti el más grande de los santos y el Patrono de la Iglesia.

Te queremos José y te queremos tanto. De verdad, tu fe y tu Amor a María y al Niño han desplazado todo razonamiento en nosotros para siempre, para dejar paso al tuyo, al mío, a nuestro 'Sí', a nuestro Dios.

En este momento escuchamos tantas opiniones, se indican tantas perspectivas, se proponen tantas soluciones, más o menos realistas y posibles. Aunque las lecturas de la situación son diferentes y difíciles de componer, hay un punto común que hay que destacar: que hay que actuar con rapidez, que no hay más tiempo que perder.

El Papa Francisco también habla de actuar con rapidez.

Y a mí me parece que San José puede ser una ayuda y un ejemplo para lograr este actuar "con rapidez".

 Reflexionando sobre lo que relata el Evangelio de Mateo, se podría hasta destacar cuatro verbos que, juntos, indican el estilo de San José en su obediencia al plan de Dios y en el cumplimiento de la misión que se le encomendó. Los cuatro verbos que yo destacaría son escuchar, despertarse, levantarse, realizar.

 1.- San José escucha la voz del ángel y en ella capta la invitación de Dios a cumplir una misión dentro del plan de salvación: ser padre, custodio, educador de Jesús, junto con María. Creo que éste es el primer verbo que hay que conjugar: escuchar el mundo, las situaciones, entrar en diálogo, pedir luz a la Palabra de Dios.

 2.- Precisamente porque San José escucha... se despierta. La escucha produce una nueva visión de los hechos, ilumina las situaciones de otro modo, hace entrar en una nueva manera de comprender, de razonar. Creo que necesitamos adquirir una nueva conciencia y una renovada mentalidad que nos ayude a cambiar nuestro modo de vida en muchos aspectos.

 3.- "Se levantó", dice el Evangelio. Es el tercer verbo de San José. Indica un cambio en la situación de la persona, que ya no está quieta y tranquila en su... sueño. Tantas veces el Papa Francisco nos ha dicho y nos dice que éste es el momento de salir, de ir al encuentro, de hacerse el encontradizo,…

 4.- San José realiza así lo que se le pide. Es propio de quien saca todas las consecuencias de su sí, de quien pasa de la intención al compromiso concreto, de quien no lo deja para mañana ni espera quién sabe qué nueva situación. El Papa Francisco insiste continuamente en que los cristianos actúen hoy con prontitud.

San José, inspira, acompaña y ayuda a tu Iglesia a hacer bien y pronto (cf. Jn 13, 27) lo que el Señor nos diga que tenemos que hacer (cf. Jn 2 ,5).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Religión Digital