Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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30 de junio de 2016

Lo que va de ayer a hoy ¿Y QUÉ ES LA VERDAD?


Historias bíblicas  de ayer que se repiten hoy



¿ Y qué es la verdad ?


Ayer

En el sistema solar  un poco más allá de Plutón, según se va a mano derecha, existe el “planeta sin nombre”.

Nadie lo ha podido nombrar  porque  nadie lo ha visto. Los imponentes telescopios fijos o celulares, o sea móviles, los que van a lomos de un satélite artificial… pues , no se percataron de su existencia porque se les pone delante siempre Plutón.  Nadie ha podido descubrirlo.  Cuando lo descubran en un futuro lejano, tal vez le pongan de nombre Latinoamérica, por ser el patio trasero del sistema solar (¿ustedes ya me entienden?).

Pues  les cuento que,  según informaciones fidedignas, hace muchos siglos, ya estaba habitado por unos extraterrestres  con una civilización muy avanzada. El P.S.N (planeta sin nombre, como dije)    empezaba a tener un problema: la superpoblación.  Andaban buscando una solución que podía ser  encontrar otro planeta con condiciones y espacio suficiente. Seguros ya de que ninguno de  los planetas conocidos del sistema  solar era habitable decidieron investigar  en ese otro que  quedaba más allá del sol, que nunca habían visto, pero  que por sus cálculos  astronómicos sabían que tenía que existir. Lo llamaban el planeta “de ahí detrás” por sus siglas D.A.D.


Pues  los habitantes de P.S.N.  Prepararon sus 4  platillos volantes, los únicos que tenían, y orientados por los astrónomos calcularon las coordenadas para  hacer una visita al D.A.D.  Cada uno de los 4 platillos se dirigiría con una coordenada y ruta distinta para encontrarlo entre todos con más  seguridad.

El problema que tenían  los platillos aquellos era que por sus características técnicas no podían  posarse sobre la superficie  de ningún planeta.  Solamente después de atravesar el espacio a una velocidad  superior a la de la luz, podían  detenerse cinco minutos  flotando por encima,  a 2 kilómetros de  distancia de la superficie. Allí observarían detenidamente  lo que se veía desde arriba… y debían volver deprisa, porque en el planeta S.N. había escasez de combustible.

El presidente del país desde la torre de control  dio la señal: “ ¡En sus marcas… preparados…, listos… ¡¡ya!!

Y los cuatro aeroplatillos desaparecieron en el espacio.

Hay que tener en cuenta que los pilotos de los platillos no  habían oído hablar de un tal Einstein. No sabían que, según ese  sabio, no se podría  volar a mayor velocidad  que la luz.  Por eso, como no lo sabían,  lo hicieron. 

Al cabo de dos semanas ya estaban de vuelta  en el P.S.N.

No les he dicho que el planeta sin nombre era - para que se hagan una idea -  del tamaño de Belice.   En  la plaza mayor del planeta se reunieron  todos los  habitantes que tuvieron tiempo y ganas de asistir,  junto con el presidente, sus ministros y los diputados. Después de los aplausos y discursos de  rigor,  el comandante de cada platillo subió a la tribuna  para dar cuenta de lo que había descubierto desde la altura  donde  había tenido que detenerse para observar aquel misterioso planeta.

Escuchen lo que cada uno comunicó:

Comandante A.- “Excelentísimo presidente y ciudadanos todos.  Les puedo  informar que el planeta explorado es una masa enorme de arena amarillenta, sin agua, sin vegetación,  sin vida  animal…  allí es imposible vivir

Mientras  el comandante A hablaba, la tripulación de los otros platillos hacían gestos disconformes. Cuando terminó, levantó la mano otro comandante a quien llamaremos B.:

No estoy de acuerdo, excelentísimo  señor,  y pueblo que me escucha. Me parece que el compañero ha mirado mal.  Precisamente este planeta no es más que una  bola enorme de agua… agua que se agita  y choca a veces con algunas rocas que emergen  entre las olas.  Yo también creo que es imposible vivir…

No tuvo tiempo de seguir. Voces de protesta  salían de los compañeros  astronautas, mientras el público murmuraba desconcertado…

Otro de los viajeros, comandante C: gritó: “¡falso, falso! Lo que el compañero llamó agua serían una rocas y montañas  altísimas,  muchas de ellas cubiertas de nieve y  entre las rocas nada de vegetación… es un lugar inhóspito para que  se pueda vivir allí

“¿Cómo que nada de vegetación? -  sonó como un trueno la voz del comandante D. …
- ¡Pero si ese planeta está cubierto por una selva de  árboles gigantes!, en los que saltan de árbol en árbol unos habitantes desnudos,  todos  cubiertos de pelos y con una cola  larga  con que se agarran a las ramas.  Menos mal que no hemos intentado descender al suelo del planeta, porque no existe espacio para que descienda la nave,  solo troncos y ramaje. También parecía correr algunas corrientes de agua.  Yo, en contra de mis compañeros, pienso que si perfeccionamos muestras naves espaciales podríamos intentar visitar a sus habitantes e  intentar que nos aceptasen como buenos vecinos.

Las cuatro tripulaciones se enzarzaron en una acalorada discusión. No llegaron a golpearse porque era gente pacífica. En el pueblo de la plaza también  empezaron muchos  a intercambiar opiniones unos con,  o contra otros. Sólo el  presidente del país un hombre tranquilo pero indeciso, que se llamaba Poncio,  levantó las manos pidiendo silencio y cuando todos callaron dijo:

“Amigos ciudadanos de este pequeño mundo, y  exploradores espaciales…  permítanme preguntarles  ante lo que ustedes afirman: ¿Qué es la verdad? ( Hizo una breve pausa) . Ante estos informes de nuestros astronautas que nos exponen sus verdades  yo simplemente  me lavo las manos. Me pregunto si verdaderamente todas nuestras naves han visitado el mismo planeta. Tendremos que esperar a investigaciones posteriores.

Y todos, el presidente Poncio, pilotos, diputados, ministros y ciudadanos, en silencio agacharon la cabeza y volvieron  a sus casas.

Hoy

Lo que hemos contado colgándolo del Hoy, ya les  dije, sucedió hace muchos miles de años, a muchos miles de kilómetros de aquel planeta que quienes lo exploraron llamaban  el planta “de ahí detrás.” 

Nunca supieron  que aquellos  habitantes que se andaban por las ramas,  muchos siglos después  fueron bajando de los árboles, perdiendo poco a poco la cola, perdiendo el pelo de casi todo el cuerpo, y cubriéndose con pieles, hojas, hierbas y cualquier cosa que encontrasen, hasta corbata.  También empezaron a comunicarse entre sí  tan bien como aquellos habitantes de P.S.N  que les intentaron descubrir. Se les fue soltando la lengua y el pensamiento.  Y fueron descubriendo una   palabra que les encantó: VERDAD.

Pero aunque bajaron de los árboles, no  bajó de su  cabeza una  dura corteza  que… no les impedía pensar pero  sí les impedía entenderse. Y es que lo que llamaban LA verdad era SU verdad y no había manera de  compartirla  con lo que otros llamaban también  SU  verdad.

Aquellos  seres bajados de los árboles, que luego se alojaron en cavernas y más tarde en chozas de distinto tamaño, fueron adelantando en sus conocimientos, en su  ciencia,  pero les faltaba paciencia para  intercambiar pacíficamente sus verdades.  Cada uno manejaba SU verdad  como un hacha contra la verdad del otro y mantenida encerradas con esa verdad,  muchas otras cosas  que guardaba como propiedades privadas: sus bosques en los que había andado por las ramas, sus mares y ríos, sus tierras y lo que  pudo extraer de ellas.

Sin embargo, entre aquellos habitantes del planeta que ya en sus diversas lenguas llamaban “tierra”,  empezaron a surgir algunos conciudadanos que iban consiguiendo,  además de ciencia, la  PACIENCIA para dialogar y poco a poco surgió  en ellos    un virus  benéfico llamado CONCIENCIA. Eso quiere decir  que se empezaron a dar cuenta de muchas realidades que  existían entre  ellos.  Comprendieron  que esa palabra que tanto llenaba la boca de  todos,  VERDAD, no se encontraba  encerrada en su cabeza,  sino  en todo lo que hacían y vivían, en el universo y en el fondo de su corazón.

No eran  muchos los hombres y mujeres  que, cuando descubrieron esto se atrevieron a decirlo a sus compañeros. Es que, cuando les escuchaban, muchos les miraban como si fueran locos: ¿qué dice este? ¿Qué nueva doctrina es  esta?, ¿Que, además de MI verdad existe LA VERDAD?

 Ellos tenían SU  verdad  y no eran capaces de  dar vueltas alrededor de  ella,  para ver si tenía otras caras distintas, como aquel planeta misterioso que unos vieron como  masa de arena seca, otros como una inmensa bola de agua, otros como unas moles de rocas heladas, y otros  al fin . Como una selva  donde saltaban de rama en rama sus habitantes  peludos. Ese planeta que eran ellos mismos.

Los hombres y mujeres (que despertaban fueron  pasando con paciencia  de la ciencia a la conciencia, e intentaron  convencerles  de  que LA verdad era otra cosa distinta de  SU verdad.  Por decir  eso,  muchos fueron ridiculizados, rechazados, marginados, encarcelados y algunos asesinados.

El día en que a uno de ellos lo detuvieron,  lo torturaron,  lo interrogaron… En el interrogatorio el acusado se atrevió a responder al juez, que casualmente se llamaba Poncio: “Yo para eso he venido para dar testimonio de LA verdad.  Poncio  puso cara de extraterrestre y le contestó: “¿¡Y qué  es la verdad!?  Luego se lavó las manos en SU verdad y mandó que lo matasen.

Han pasado unos dos  mil años de esta historia.  Los hombres y mujeres no han vuelto ya, salvo un tal Tarzán, a subirse a los árboles, los que quedan, porque los van cortando. Se han subido en cambio en unos edificios mucho más altos y también siguen subidos encima de su YO  donde guardan en cajas fuertes SU verdad y muchas otras cosas de SU propiedad.

Incluso, muchos  hombres  que ensalzan y veneran a  aquel testigo de la verdad, también han vuelto como Poncios  a encerrarse en SU verdad y a mandar a la hoguera a quienes preguntaban por LA verdad.

Pues aquí nos quedamos.  De los habitantes del  PSN (¿recuerda?, el planeta sin nombre), no se ha vuelto a saber nada. No creemos que  se pueda llegar allí  porque nos lo prohibió Einstein con sus teorías sobre la velocidad de la luz.

Lo malo es que hoy con tanta ciencia  no  tenemos paciencia para liberarnos de MI verdad para   llegar a la conciencia. Por ahí queda flotando, olvidada,  LA VERDAD