Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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8 de septiembre de 2016

Leónidas Proaño


"La memoria de Leonidas Proaño ha languidecido, se ha ocultado, se la quiere borrar"

"¡Qué gran sintonía se siente al escuchar a Francisco y leer a Proaño!"
          
El uno dice "oler a oveja", el otro decía "oler a borrego", el uno habla de los "descartables", el otro hablaba de los "oprimidos"
 
Precisamente hoy, día 31 de agosto, se cumplen 28 años de la Pascua de monseñor Leónidas Proaño, uno de esos obispos-profetas de Latinoamérica que dejó huella profunda y estela imborrable en el Ecuador, en el continente y en la Iglesia entera. Con motivo de esta efemérides publicamos dos artículos en su memoria. Uno del equipo de Iglesia de a pie y el otro del laico y rector emérito universitario Anastasio Gallego.

Caminar, siempre caminar

Hace 28 años la misa de cuerpo presente en la catedral de Riobamba, fue un encuentro de fuego entre quienes amaban al Obispo de los pobres y los que habían llegado a "constatar" su muerte. La alabanza en los idiomas originarios, la severa presencia del pueblo indígena, el cariño de los humildes de esa ciudad marcaron los ritos, Dios recogía a su hijo luego de un itinerario único, el Cuerpo y la Sangre del mayor de todos sellaba una alianza vivida en honda fidelidad, el pastor decía hasta pronto a sus amigas... amigos.


Momentos después, poco antes de que los restos de Monseñor Proaño comenzaran, en medio del dolor de su pueblo, a una peregrinación doliente que culmino en Pucahuaico a más de 500 kilómetros de distancia, con paradas en cada pueblo y ciudad, incluida Quito, para descansar feliz entre los pobres... en la sacristía del templo riobambeño , sacerdotes, seglares, líderes indígenas, amigos y compañeros del Obispo Proaño, escucharon absortos las exclamaciones de dos altos jerarcas de la Iglesia que decían: " ...por fin, se acabó, ahora que le entierren lo más hondo y con cemento para que no quede ni recuerdo..." el uno y ",... pues bien desde ahora todo el mundo a "desproañizar" el Ecuador", el otro.

Tristes deseos, difíciles de aceptar en quienes estarían llamados a vivir "el amor fraterno", pero la realidad es terca y es como es.

Casi tres décadas más tarde parecería que estos nefastos deseos se han cumplido.

Si usted pregunta a un joven hoy, ¿quién era Monseñor Proaño?, probablemente obtendrá una respuesta desconcertante y fría: NO SE.

Su nombre está ligado a la lucha indígena, fue de sus empeños y los de sus misioneros que nació la organización que más tarde se convirtió en el mayor de los movimientos sociales del país. Con dolor constatamos hoy, que a causa de la traición de sus dirigentes, se ha degenerado en un espacio que se vende al mejor postor, a sus peores verdugos históricos.

Al menos tres generaciones crecieron con su nombre en los labios, con admiración, cariño, respeto. Ha sido por mucho tiempo la mejor carta de presentación de la Iglesia misionera del Ecuador. Era. ¿Qué ha sucedido? Esos tristes tiempos de "invierno eclesial" pasaron factura, la involución de la Iglesia comunidad, a otra vez el templo del poder y los poderosos, dejaron, dejan su huella. Y también la situación nacional.

  
La vorágine que ha vivido esta sociedad en los últimos 16 años ha trastocado, muchos de los referentes con los que se construyeron procesos, organizaciones, memorias y valores. De ello no se ha escapado la Iglesia y lo que se halla ligado a ella.

El milenio comenzó con la quiebra brutal de la economía de todos los ecuatorianos, una migración forzada de casi un tercio de la población, la desarticulación de los movimientos sociales, hambre y desolación campearon en este país de la mano de los neo-liberales y la Iglesia, su jerarquía con poquísimas y santas excepciones, callo y otorgo. Las rebeliones populares de 1997, 2000, 2005, que derribaron gobiernos corruptos, no lograron cambiar el sistema, fueron manipuladas y traicionadas. Todo esto genero un sentimiento de apatía en los más jóvenes respecto a la memoria de los que lucharon antes y entre ellos muchos de los santos que labraron el camino. En América Latina se vive un fuerte sacudón, llegan gobiernos populares, algunos revolucionarios, se vive una ilusión sembrada con mucha sangre y esperanza.

La década de gobierno de Rafael Correa, marca cambios, muy importantes, históricos: el país se pone en orden; se desarrolla en espacios urgentes. Se dan pasos en los que no se debe retroceder. Pero todo esto sin alterar el marco del sistema capitalista, no se ha cambiado el modelo de producción, ni las relaciones de producción, y proceso de acumulación del capital sigue vigente, la raíz de la injusticia social sobre todo en el campo, está casi intocada, aun somos un país gobernado por el poder de los empresarios, de nuevo cuño, pero igual empresarios.

Los valores, el comportamiento, las relaciones están marcadas por la "competencia", el egoísmo. La comunidad, la relación redonda, el triunfo fruto del esfuerzo de todos, la solidaridad no cuentan, tienes que ser: el mejor, el abanderado, el emprendedor, el exitoso, fomentando el individualismo como norma. Y la iglesia no escapa a esa trama de comportamientos, por el contrario, aupados por la "teología de la prosperidad", verdadero engendro del diablo, hay ministros que no sirven a sus hermanos si no tienen: carro, casa, seguro, sueldo, vacaciones, viajes, becas etc…

¿Solidaridad? ¿Amor a la pobreza? ¿Espíritu misionero? :"cuentos de viejas". La Iglesia se encierra en sí misma, por eso crecen los "movimientos solo espirituales", nada de prójimo con hambre, ni sed de justicia... todo se reduce al templo, el rito, la "exclusividad".

Pues así está el mundo y esta patria. Entonces ¿cómo pretender que los jóvenes recuerden a quien desde su silencio, entrega, oración y amor a los más pobres, proclamo el Evangelio y fue vital para que el pueblo indio se levante sobre sus pies y camine con dignidad?

Sí, "hemos cargado las tintas" y deliberadamente. Hay que sacudirse de esa especie de modorra que agobia a quienes estamos exigidos por fidelidad, a dar la vida por los demás. Sí, hay muchísimos, innumerables hermanos y hermanas que trabajan, sueñan, se sacrifican por los pobres. Sí, hay iglesias enteras que están en camino y luchan por el Reino. Sí, pero no es suficiente y se corre el riesgo del desaliento. Hay que volver a tomar la "mochila de los misioneros y misioneras" y salir con solo el Evangelio y el rosario al encuentro de Jesús que vive en los pobres.



28 años después, la memoria de Leonidas Proaño ha languidecido, se ha ocultado, se la quiere borrar.

No se trata solamente de recordar al que luchó, hay que retomar sus prácticas y salir, salir, salir del templo. El actual obispo de Riobamba, Julio Parrilla, acorralado por la indignación que provocó su desatino al retirar el mural de Pérez Esquivel de esa catedral, luego de haber demolido la humilde habitación de Monseñor Proaño, para levantar ahí un lujoso y muy cómodo seminario, ha ofrecido "construir una réplica" de su aposento y una especie de "museo" con sus recuerdos. ¡Cuidado! lo que busca es reducir a Proaño a una pieza de exhibición de lo que fue...y ya no será. ¿Se lo vamos a permitir?
"Solo muere lo que se olvida" dice el verso popular. Que el olvido no alcance a nuestros santos, a los santos del pueblo, ni a nuestra vocación, ni nuestros sueños.

Equipo de la Iglesia de a pie

Monseñor Proaño, una guía o una reliquia

Siempre me llamó la atención lo grande que fue el titular de la prensa en Ecuador cuando falleció Mons. Leónidas Proaño: MURIO EL OBISPO DE LOS INDIOS.

Así, como un título esperado y querido por todos, o por muchos, cuando en realidad, en aquellos tiempos, 1988, era recibido como un insulto en gran parte del país que a alguien le dijeran "indio".

El obispo que repartió las tierras de la diócesis a los campesinos; que alfabetizó a miles de indígenas desde las ESCUELAS RADIOFONICAS; que impulsaba la concientización y organización indígena, campesina y popular. Que empujaba hacia una reflexión teológica desde los más pobres, que soñaba con una "iglesia indígena"; que propuso vender la custodia de la catedral (joya colonial) para que estuviera en el museo del Banco Central y, con el dinero, capacitar indígenas y campesinos, para comprar tierras para ellos; que organizo la diócesis en zonas pastorales animadas por equipos misioneros; que usó más el sombrero y el poncho que la mitra y el báculo.

A este obispo, algunos de sus hermanos de ministerio no le acogían. Hubo un tiempo en que no asistía las reuniones de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana. A este obispo el Presidente de la República José María Velasco Ibarra le expulsó a un sacerdote del país, luego quiso ayudar económicamente la labor pastoral y recibió como respuesta de monseñor: "GRACIAS, NO QUIERO ESPARADRAPOS DE ORO EN LA BOCA".
Este obispo dejo de ser "peligroso" después de su muerte.

Se ha escrito sobre él, su obra, su pensamiento. Pero...¿es actual, sirve para estos tiempos o es una BUENA RELIQUIA?

Cuando él hablaba de concientización ¿esta palabra tiene sentido en este mundo de "emprendedores", "competitivos", globalizados, que no cuestionan al sistema?
Cuando él habla de FE Y POLITICA ¿ servirá para algo hoy en este medio "espiritualizado"?



¡¡QUE GRAN SINTONÍA SE SIENTE AL ESCUCHAR A FRANCISCO Y LEER A PROAÑO!!!
El uno dice "oler a oveja", el otro decía "oler a borrego", el uno habla de los "descartables", el otro hablaba de los "oprimidos".
El uno habla de Iglesia en salida, el otro hablaba de caminar en dos pies: La Palabra y la Realidad.

Ambos son la ternura personificada y, al mismo tiempo, la decisión; LA ORACION ANTE EL SAGRARIO DE MADERA Y PAJA EL UNO, Y EN SANTA MARTA EN COMUNIDAD, EL OTRO.

El sistema ha ido ganando en precisión y asepsia: el oprimido está presente y puede llegar a romper la opresión, se puede hacer visible porque está presente; el "descartable" no sirve ni para ser oprimido. A lo sumo para ser reciclado.

Recuerdo muy bien una de las charlas que dio Mons. Proaño a su regreso de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla-México. Fue en el auditorio de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.
Luego de su exposición se abrió el foro de preguntas. Uno de los estudiantes, de economía, por más señas, levantó la mano y preguntó:
“¿MONSEÑOR. UN CATOLICO PUEDE SER CAPITALISTA?"

Se hizo un gran silencio. Y Mons. con la calma que le caracterizaba y su espíritu eminentemente positivo, le respondió:
"CLARO QUE SI. SI NO ROBA, NO EXPLOTA, RESPETA LA DIGNIDAD DE SUS TRABAJADORES...PUEDE SER BUEN CATOLICO. LO QUE DUDO ES QUE PUEDA SER BUEN CAPITALISTA".

Son 28 años desde la partida de Mons. Proaño. En Riobamba, la que fuera su única diócesis, le han sucedido ya dos obispos. El uno, su auxiliar, que él había pedido, trabajo con su propio estilo y sus propias huellas. El otro llegó de otra diócesis. Hoy ya se le dice "EL OBISPO DEL MURAL", en alusión a la orden de retirar el mural pintado por Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, sobre los mártires de América y el pueblo indio. Menos mal, se retiró la orden y el mural volverá "algún día".

Unos dice que se quiere "enterrar definitivamente a Proaño"; otros que Proaño ya no es actual, que son otros tiempos; OTROS QUE ES PELIGROSO QUE HAYA OTRO PROAÑO, QUE LES BASTA CON LO QUE ESTA REVOLVIENDO FRANCISCO. (¿Será por eso que trataron como trataron a Mons. Gonzalo López en su jubilación de Sucumbios?).

Lo cierto es que hay quien ha tomado el trabajo de rescatar de alguna bodega, donde estuvo oculto, parte inédita del legado escrito de Mons. Proaño y lo custodia, hay el empeño en publicarlo para que surjan nuevos Proaños. Hay que "globalizar" a Proaño NO COMO RELIQUIA SINO COMO SENDA, COMO GUIA QUE SEÑALA EL CAMINO, NO COMO ANECDOTARIO.

Tal vez inquiete mucho recordar a Proaño. Pero...¿qué sería de la Iglesia en Ecuador sin Proaño, Agustín Bravo, José Gómez Izquierdo, Gonzalo López y algunos de los que están todavía vivos?