Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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8 de septiembre de 2016

Lo que va de ayer a hoy... LAS ETIQUETAS


Historias bíblicas  de ayer que se repiten hoy



LAS ETIQUETAS

Según el diccionario  de la lengua: Etiqueta: Pieza de papel, cartón u otro material semejante, generalmente rectangular, que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificación, valoración, clasificación, etc.


Ayer 


Diría que las primeras etiquetas no eran de papel o cartón. Eran marcas a a fuego en las ancas de los animales, para que el dueño los pudiera identificar o en la cara o la nalga de los esclavos indígenas que los “civilizadores cristianos”  les imponían  para indicar que eran  objetos de su propiedad lo mismo las marcas puestas por los “negreros” en los rostros de mujeres y hombres  secuestrados de las costas africanas y llevados a América del norte o del sur.
 
 

Y, avanzado el siglo XX los judíos etiquetados ya con trozos de tela para distinguir su procedencia y las causas de su detención  en los     campos de concentración y exterminio  nazis.


Pero no todas las etiquetas son así.



hoy

Hoy día existen fiestas “de etiqueta”  para distinguir a personas    que se quieren distinguir bien, con distinción (el distinguidor que las distinga buen distinguidor será).

Aquí la  situación cambia. 
Hablamos así del significado de algunas etiquetas, pero ¿qué me dicen ustedes del verbo “etiquetar”?

Según el diccionario de la real academia de la lengua.
Etiquetar: Poner una etiqueta, un calificativo o mote a alguien o algo.
Según eso existen dos clases de etiquetado, las etiquetas  que uno mismo se pone y lo que otros le cuelgan a uno.

Lo más sencillo es el auto etiquetado. Tampoco son etiquetas de cartón, sueles ser insignias de asociaciones,  símbolos religiosos,  distintivo militares o deportivos… ¡Con lo fácil  que es hoy fabricar insignias de metal,  serigrafía…!


Proliferan camisetas con inscripciones o frases  donde uno manifiesta sus convicciones.  Algunas auténticas expresiones de lo que uno piensa y siente, otras veces  sin sentido, producto de los envíos de ropa importada, sobre todo de Estados Unidos.  Se puede ver personas con rotulitos  que ni les van ni les vienen:  Dayton University  (aunque el “universitario que la viste no sepa leer).
A muchos les gusta llevar esas  etiquetas de identificación, aunque no los identifiquen.

Pero pasemos a otras etiquetas con sentido más turbio.  Son la que nos pegamos unos a otros,  con el pensamiento o con el lenguaje.
Fulano de tal es  un egoísta,  fulanita es una presumida.  Chepe es un informal, no se puede contar con él,  María se cree la mamá de Tarzán,  Esas frases son como un sello,  un tampón que se pone  en la frente de la persona y ya no hay modo de borrarlo.  Hay personas que cuando escriben sobre  o contra  algo lo hacen a golpe de etiqueta. 

Les hablas de  lo que dice un famoso escritor. Pero no se  preocupan  de pensar en sus ideas. Te contestan: Ese es comunista (o fascista). Y con eso les basta. Punto.  Algunos tienen  un esquema mental bastante rígido. No se preocupan de pensar si algo de positivo puede tener su razonamiento. Dialogan o discuten con otros a base de etiquetas y esas marcan toda su  reflexión.

Esas etiquetas se refieren especialmente a la persona.  Naturalmente que las doctrinas, las teorías merecen que las discutamos y analicemos  porque a veces se pueden matizar según el contenido o modo de aplicarlas cada persona.

 Les puedo presentar un artículo de Leonardo Boff. Creo que con lo que dice no hace falta que les explique  más.  A ver  qué les parece:

Actualmente se produce en todo el mundo un aumento creciente del conservadurismo y de fenómenos fundamentalistas que se manifiestan por la homofobia, xenofobia, antifeminismo, racismo y todo tipo de discriminaciones.
El fundamentalista está convencido de que su verdad es la única y todo lo demás son desviaciones o  está fuera de la verdad. Esto es recurrente en los programas televisivos de las distintas iglesias pentecostales, incluyendo a sectores de la Iglesia Católica, pero también en el pensamiento único de sectores políticos. Piensan que sólo la verdad, la de ellos tiene derecho. El error hay que combatirlo. Este es el origen de los conflictos religiosos y  políticos. El fascismo empieza con este modo cerrado de ver las cosas.
¿Cómo vamos a hace frente a ese tipo de radicalismo? Hay muchas formas y creo que una de ellas consiste en rescatar el concepto bueno de relativismo, palabra que muchos no quieren oír. Pero en él hay mucha verdad.
Debe ser pensado en dos direcciones: En primer lugar, lo relativo quiere expresar el hecho de que todos estamos de alguna forma relacionados. En la  perspectiva de la física cuántica, la encíclica del Papa Francisco insiste sobre cómo cuidar de la Casa Común: «todo está íntimamente relacionado; todas las criaturas existen y dependen unas de otras» (n.137; 86). Por esta interrelación todos somos portadores de la misma humanidad. Somos una especie entre tantas, una familia.
En segundo lugar es importante comprender que cada uno es diferente y tiene valor por sí mismo, pero está siempre en relación con otros y sus modos de ser. De aquí que sea importante relativizar todos los modos de ser; ninguno de ellos es absoluto hasta el punto de invalidar los demás. Se impone también una actitud de respeto y de acogida de la diferencia porque, por el simple hecho de estar ahí, goza del derecho de existir y de coexistir. 
Es decir, nuestro modo de ser, de habitar el mundo, de pensar, de valorar y de comer no es absoluto. Hay otras mil formas diferentes de ser humanos, desde la forma de los esquimales siberianos, pasando por los yanomamis de Brasil, hasta llegar a los habitantes de las comunidades de la periferia y a los de las sofisticadas Alphavilles, donde viven las élites opulentas y temerosas. Lo mismo vale para las diferencias de cultura, de lengua, de religión, de ética y de ocio. 
Debemos ampliar la comprensión de lo humano mucho más allá de nuestra concreción. Vivimos en la fase de la geosociedad, sociedad mundial, una, múltiple y diferente.
Todas estas manifestaciones humanas son portadoras de valor y de verdad. Pero son un valor y una verdad relativos, es decir, relacionados unos con los otros, interrelacionados, ya que ninguno de ellos, tomado en sí mismo, es absoluto.
¿Entonces no hay verdad absoluta? ¿Vale el “everything goes” de algunos posmodernos? ¿Vale todo? No vale todo. Todo vale en la medida en que mantiene relación con los otros, respetándolos en su diferencia y no perjudicándolos.
Cada uno es portador de verdad pero nadie puede tener el monopolio de ella, ni una religión, ni una filosofía, ni un partido político, ni una ciencia. Todos, de alguna forma, participan de la verdad, pero pueden crecer hacia una comprensión más plena de la verdad, en la medida en que se relacionan.
Bien decía el poeta español Antonio Machado: «No tu verdad. La verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela». Si la buscamos juntos, en el diálogo y en la relacionalidad recíproca, entonces va desapareciendo mi verdad para dar lugar a nuestra Verdad, comulgada por todos.

La ilusión de Occidente, de Estados Unidos y de Europa, es imaginar que la única ventana que da acceso a la verdad, a la religión verdadera, a la auténtica cultura y al saber crítico es su modo de ver y de vivir. Las demás ventanas solo muestran paisajes deformados. 
Pensando así se condenan a un fundamentalismo visceral que los hizo, en otro tiempo, organizar masacres al imponer su religión en América Latina y en África, y hoy haciendo guerras con gran mortandad de civiles para imponer la democracia en Iraq, Afganistán, Siria y en todo el Norte de África. Aquí se da también el fundamentalismo de tipo occidental.
Debemos hacer el buen uso del relativismo, inspirados, por ejemplo, en las artes culinarias. Hay una sola culinaria, la que prepara los alimentos humanos, pero se concreta en muchas formas y en las distintas cocinas: la minera, la nordestina, la japonesa, la china, la mejicana y otras.  
Nadie puede decir que sólo una es la verdadera y sabrosa, por ejemplo, la minera o la francesa, y que las otras no lo son. Todas son sabrosas a su manera y todas muestran la extraordinaria versatilidad del arte culinario.
¿Por qué con la verdad debería ser diferente? La base del fundamentalismo es esa arrogancia de que su modo de ser, su idea, su religión y su forma de gobierno es la mejor y la única válida en el mundo.
Leonardo BOFF

Volviendo al principio… ¿qué etiquetas  tendríamos que arrancar  de nuestro pensamiento?