Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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14 de agosto de 2018

TOMÁS DE KEMPIS, maestro espiritual

Tomás de Kempis
Maestro espiritual (1380-1471)

 “Si buscan a Jesús en todas las cosas, seguramente hallarán a Jesús. Y si se buscan a ustedes mismos, seguramente se encontrarán, más sólo para su propia ruina.” 

Tomás de Kempis nació en 1380 en el pueblo de Kempen, cerca de Düsseldorf. Su temprana formación espiritual se llevó a cabo en la Fraternidad de la Vida Común, de donde él y su hermano John vivieron durante varios años. Esta sociedad, formada en 1376, por Geert Groote, buscaba unir a los laicos y al clero en una hermandad religiosa dedicada a vivir el espíritu del evangelio. Los Hermanos no estaban ligados por ninguna clase de votos permanentes, pero vivían bajo una regla común, compartían todas las cosas, y se mantenían por medio de labores simples.

En 1399, Tomás entró en un monasterio agustino en Zwolle, donde profesó como monje pasó inadvertida. Ocupó varios puestos en el monasterio, copió manuscritos y escribió varios tratados espirituales. Murió el 1 de mayo de1471, a los noventa y dos años. Tomás, fue bajo todos los aspectos, un monje santo. Pero se lo recuerda menos por su biografía que por su libro, Imitación de Cristo, probablemente el manual de devoción espiritual más influyente que se haya escrito. Si bien estaba dirigido principalmente a sus hermanos monjes, era esencialmente el epítome de la espiritualidad del Groote y sus hermanos laicos, al mostrar cómo es posible llevar una vida de devoción religiosa en el mundo y no sólo en un monasterio o un convento.


Para Tomás, imitar a Cristo no significa emular sus hechos externos sino adoptar la forma interior de su piedad: humildad, desapego del mundo, plegaria y obediencia a la voluntad de Dios. Si bien es un exigente manual de perfección espiritual, la Imitación sugiere que la senda de la perfección está al alcance de cualquiera, que no requiere ningún lugar, ocupación o condición de vida especial. En verdad, a lo largo de la obra, Tomás pone el énfasis en que la vida espiritual concierne no sólo a las actividades exteriores sino al espíritu en que se basan. El mundo ve y juzga de acuerdo con las apariencias, Dios ve lo que en el corazón. Así, “Dios  tiene en cuenta la grandeza del amor que mueve a un hombre antes que la grandeza de sus logros.” 

Tomás es particularmente mordaz con quienes buscan sustituir la verdadera devoción con el conocimiento o la instrucción: “Un humilde paisano que sirva a Dios es más placentero para Él que un intelectual pagado de sí mismo que conoce el curso de las estrellas pero descuida su propia alma.”  La santidad es más importante que el conocimiento: “Un humilde conocimiento de sí mismo es un camino más seguro hacia Dios que una profunda investigación de las ciencias.” Los lectores modernos pueden retroceder ante el aparente desdén de Tomás por el mundo. Éste exhorta con duro lenguaje a sus lectores a matar sus deseos naturales y  a apartar su amor de las cosas visibles. Más no es el mundo de la creación de Dios el que él condena de manera tan vehemente. Lo que rechaza es un conjunto de valores que vuelve al mundo opaco. Cuando nos desprendemos de las cosas como fines en sí mismas, se vuelven transparentes, las vemos y las amamos en referencia con su Creador, fuente de todo lo bueno y lo hermoso. Cuando miramos con los ojos de fe, vemos a Dios en todo lo que nos rodea. De otra manera, sólo nos vemos a nosotros mismos.

La Imitación de Cristo ha atraído igualmente a católicos y protestantes. Entre sus lectores devotos se encontraban Tomás moro, Ignacio de Loyola, John Wesley y George Herbert. La popularidad de la obra debe mucho a su estilo directo, simple y lapidario: “Preferiría sentir arrepentimiento antes que definirlo.” Por último, su poder reside en su clásica definición de la vida espiritual como un esfuerzo por amoldarse a Cristo. Para llevar a cabo este esfuerzo, jamás deberemos engañarnos con la creencia de que leer libros de espiritualidad es un sustituto adecuado. Como Tomás observa: “El Día del Juicio no se nos presentará qué leímos, sino qué hemos hecho.”

Por Rosario Carrera.
Inspirado en el libro Todos los Santos. Robert Ellberg.