Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

5 de abril de 2023

PALABRAS PARA EL SILENCIO - RESURRECCIÓN

Resurrección 

El pasado Viernes Santo, en una plaza de San Pedro totalmente vacía, Francisco acompañó las catorce estaciones del Viacrucis. Cada año el Viacrucis se centra en un tema. El de este año era el mundo de las cárceles. Cinco condenados, la hija de un preso, los padres de una asesinada, una catequista, un juez, una funcionaria, etc., hicieron presente el dolor y la soledad del mundo carcelario. Pero también hablaron de luz y de esperanza, porque no hay que dar a nadie por definitivamente perdido: la vida también renace en la prisión.

Escuché a alguien decir que estaba escandalizado porque el tema elegido no hubiera sido la pandemia. “¡Cómo se puede dejar de lado el infierno del coronavirus!”. Y tenía razón porque el virus es un infierno. Pero se equivocaba al pensar que es el único infierno.

Hay otros muchos que llevan años entre nosotros y para los que no aparecerán miles de millones para hacerles frente.

Por eso yo me alegré mucho, y me pareció profético, que en vez del virus y sus víctimas, siempre presentes en la oración y la acción de la Iglesia,  se recordara a los presos y sus familias.

Como me hubiera parecido bien que se hablara de los emigrantes o de las víctimas de toda guerra, injusticia u opresión. ¡No caigamos en el error, o en la tentación, de recordar la pandemia y olvidarnos de los otros infiernos, tan o más letales y extendidos en el mundo!

Hay virus de los que hay que protegerse, quedándose en casa. Hay otros virus, como la insolidaridad y el egoísmo por ejemplo, a los que hay que hacer frente y salir a la calle a combatirlos. Y eso es tarea de todos. Y, desde luego, de los cristianos, que si queremos seguir al Resucitado, tenemos que combatir, con Él y como Él,  todos los infiernos. Y ser, no solo creyentes sino también creíbles.

Alfonso Castro, sacerdote recientemente fallecido, fue creyente y creíble. Por eso no  será nunca olvidado. Descansa en paz, amigo. Y haznos todavía un regalo: contágianos tu pasión por servir a los últimos.

Colaboración de Juan de la Cruz