“DISUELVE” EL YO
Para quienes únicamente han oído hablar
de ella, la meditación suele aparecer como una práctica, más o menos extraña o
incluso esotérica, con la que se buscaría relajación o serenidad. En cualquier
caso, se trataría de algo marginal y, en cuanto tal, prescindible.
Esta opinión ha empezado a modificarse
en Occidente gracias a la inusitada expansión del “mindfulness” y a su
reconocimiento creciente, particularmente en ámbitos psicológicos, médicos y
académicos.
Sin embargo, mindfulness no es sinónimo
de meditación. Se trata de una valiosa y eficaz herramienta terapéutica, cuyos
efectos se han comprobado fehacientemente, tanto en la prevención o disminución
de la ansiedad, el estrés y la depresión, como en el crecimiento integral de la
persona. No es extraño, por tanto, que desde los terrenos psicológico y
educativo se le preste cada vez una mayor atención.
La meditación, sin embargo, no es un
conjunto de prácticas –aunque las incluya–, sino de un estado de consciencia,
caracterizado por la vivencia de la no-dualidad.









