Obispo James E. Walsh
Confesor de los chinos (1891-1981)
“La oración es tan poderosa. Yo soy un ejemplo viviente de lo que la oración puede lograr.”
El 10 de julio de 1970, un hombre anciano y frágil abandonó a la compañía de los Guardias Rojos y cruzó el puente que une a China continental con la Isla de Hong Kong. Del otro lado fue abrazado por una multitud de amigos y compañeros misioneros de Maryknoll, quienes, previendo su llegada, se habían reunido para recibirlo a la libertad. Luego de doce años de prisión, el Obispo James E. Walsh, el último misionero extranjero en la China comunista, estaba en camino a casa.
Walsh nació el 30 de abril de 1871, en Cumberland, Maryland. Luego de graduarse del colegio se convirtió uno de los pioneros más originales de Maryknoll, la Sociedad de Misiones Católicas Extranjeras en América, fundada en 1912. Maryknoll había sido fundada con la visión de enviar misioneros de los Estados Unidos a China, y el padre Walsh estaba entre los que partieron en el primer grupo. Trabajó durante dieciocho años en Yeungkong, en el sur de China, donde rápidamente desarrolló un profundo respeto por la cultura de China y un amor por su pueblo. En 1927, fue nombrado obispo.
Durante diez años (1936-1946), Walsh fue llamado de vuelta a los Estados Unidos para servir como el segundo superior general de Maryknoll. A lo largo de este tiempo trabajo duramente para infundir en los misioneros de la orden un agudo sentido de la espiritualidad de la misión y de la voluntad de “entregarlo todo por Cristo”. Pero en 1948 estaba de vuelta en Shanghai. Las actividades de Walsh se veían cada vez más restringidas y experimentó varias formas de acoso, no obstante las cuales, continuó operando durante algunos años, con relativa libertad. Al mismo tiempo, muchos otros extranjeros eran expoulsados o detenidos, en caso de no abandonar el país voluntariamente. Su condiscípulo de Maryknoll, el obispo Francis Ford, murió en una prisión comunista en 1952.










