Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

2 de marzo de 2023

EDICIÓN ESPECIAL ¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

¡Y los que vienen!

Martín Valmaseda y Jesús López

En la tensión emocionada de aquella cena les dijo aquel campesino galileo, Yeshúa de Nazaret que, cuando Él no estuviera, en su memoria, repitieran lo que él hizo.

Han pasado desde entonces veinte siglos desde que dejó de caminar por Galilea y sus alrededores ese tal Yeshúa,- en nuestra lengua Jesús, una de las personas que intentaron dar un cambio a este mundo, pero cambio de verdad.

“¡Pues claro! -me dirán ustedes- eso es lo que ahora intentamos también nosotros, hacer lo que hizo Jesús el nazareno”.

Permítanme que me ría... ¿están seguros, los que hoy se consideran seguidores de aquel hombre, ese a quien sus parientes llamaban loco? ¿Estamos seguros todos de que seguimos haciendo y viviendo como él vivió?

Parece ser que, después de los tres primeros siglos, en que los entusiastas seguidores de Jesús intentaron pensar, hablar y actuar igual que él, ...se nos fue pasando el entusiasmo primitivo.

Parece que hubo gente -gente poderosa- que primero persiguió a muerte a los seguidores del profeta.

Ellos tuvieron que reunirse a escondidas en las profundas cuevas que usaban como cementerios.

Hasta que hacia el año 313 uno de los emperadores pensó: “Mejor que perseguirlos, vamos a atraerlos a nuestro bando. Que apoyen nuestro imperio".

...Y parece que lo consiguieron.

Fue un tal Constantino quien puso la miel en los labios de los antes perseguidos y todo  cambió.

Les quiero hablar de un antes y un después.

Antes de aquellos tiempos (como unos trescientos años) y después, cuando las cosas poco a poco fueron dejando de ser “como en aquellos primeros tiempos”.

DEJEN QUE PRIMERO LES HABLE de cómo eran aquellos tiempos. Desde cerca del año 30 de nuestro calendario “cristiano” hasta los alrededores del año 313.

Empecemos, pues, con AQUELLOS TIEMPOS. 

Me refiero a la época en que Jesús de Nazaret, que parecía en la cumbre de la popularidad, atrayendo a multitudes sobre todo en la región de Galilea, al sur de Siria, atrayéndolas por las palabras que decía, sobre todo cuando hablaba de cambiar este mundo dominado por reyes y reyezuelos dominantes para hacer otro mundo nuevo, el reino de su Padre celestial con felicidad para toda la pobre gente. En el mapa, mar de Galilea (Atlas de la Biblia).

Atrayéndolas también por lo que hacía: corría la voz de que curaba a los enfermos y poseídos por el demonio (los trastornados, loquitos de entonces)... y hasta se decía que había resucitado muertos.

Y atrayendo sobre todo por el cariño que mostraba con los más pobres y despreciados de aquella sociedad: mendigos, enfermos, pecadores, cobradores de impuestos al servicio de los invasores romanos...

Pero esa atracción de Jesús sobre los pobres chocaba con la antipatía de la "gente bien", rica y poderosa, los sacerdotes y servidores del templo, los fariseos piadosos (hoy los llamaríamos beatos, cachurecos, cumplidores de detalles de la ley pero no interesados de lo que para Jesús era lo principal: los pobres, enfermos, marginados, la “mala gente”.

Para los sacerdotes del templo y los sabios que estudiaban la ley...ese predicador popular de Galilea no era religioso, era rebelde contra las normas importantes de la ley. Para ellos era lo importante no trabajar los sábados, no comer carne prohibida (cerdos...), ponerse vestidos sagrados... vivir a costa de las limosnas conseguidas en el templo. Ese Jesús les irritaba, había que hacerlo desaparecer.

Jesús, cuando vio que las cosas se ponían mal, que buscaban cómo quitarlo de en medio, invitó a una cena a sus amigos. Para él, el comer juntos era una señal importante de amistad, de compartir. La cena sonó a despedida, sobre todo cuando partió el pan y compartió el vino diciéndoles que era su cuerpo y sangre, y cuando, aunque era su rabí (maestro), se arrodilló a lavarles los pies.

Conviene recordar algunos detalles de la pascua judía. Se celebra en el marco de una cena. En el fondo, es una cena con lecturas y salmos. El pan ácimo (como las hierbas amargas) es símbolo de las dificultades pasadas. Es el pan de los perseguidos, el pan de la miseria y de la prisa, el pan que hubo que llevar y cocer antes de que fermentara. En el marco de esa cena, cada uno relata su historia y todos juntos celebran la historia común. Dios abre en la historia un camino de liberación al oprimido. El creyente, agradecido y esperanzado, levanta la copa.

Después de aquella cena, fueron al huerto de los olivos, cerca de las murallas. Allí vino la tragedia.

No se lo cuento, es lo que más conoce la gente sobre Jesús, ya saben:

Lo juzgaron, lo torturaron, lo mataron.

Lo desconcertante fue que no terminó todo allí.

Lo lógico hubiera sido que aquel grupito de amigos que ni siquiera lo acompañaron en su muerte, sino que escaparon como conejos y lo dejaron solo en la cruz...

Sólo quedaron por allí, cerca del crucificado, algunas mujeres valientes...

Lo lógico hubiera sido que, después del fracaso, aquellos cobardes hubieran vuelto cada uno a su trabajo: la pesca, la oficina de tributos, el campo de trigo o las viñas...

Otros amigos y amigas fueron quienes pidieron su cuerpo al gobernador y lo llevaron a enterrar.

Pues lo desconcertante fue que algo raro sucedió de modo que sus discípulos empezaron a sentir que aquel muerto, crucificado, había vuelto.

Especialmente las mujeres de su grupo lo encontraron vivo, se lo dijeron a los discípulos aún escondidos... y el ¡Jesús vive! empezó a resonar por Jerusalén y por Galilea, donde sobre todo había vivido y predicado.

Aquella frase que les dijo al fin de la cena: hagan esto en memoria mía fue para ellos una consigna... se reunían, cenaban, partían y compartían el pan y el vino con una cena sencilla en su memoria. ¡En su memoria! Allí hacían lo que les estuvo diciendo y comentaban el bien que estuvo haciendo. Se les juntó más gente que iban a esas reuniones donde les hablaban de él y a las comidas, muchas veces a escondidas, clandestinas. Los que se juntaban al primer grupo de apóstoles y apóstolas, hombres y mujeres, se iban enterando de las noticias buenas, lo que Jesús había predicado y practicado.

En griego eu = buena , angelion= noticia (hoy decimos en español evangelio, pero al principio no existían los libros. Se transmitían las buenas noticias de viva voz y algunos las escribían en hojitas de unas plantas (no había papel), papiros las llamaban.

Los que empezaron a convencerse de que sí, de que de algún modo estaba vivo, se fueron reuniendo en grupos y recordando que algo tenían que hacer en memoria suya.

En un libro pequeño, de rollos de papiro que no son los evangelios sino que cuenta lo que empezaron a hacer los antes asustados discípulos, cuando perdieron el miedo, en ese libro se cuenta que, como el número 12 era para ellos importante (por las 12 tribus de Israel), y ellos eran 11 porque Judas avergonzado y desesperado desapareció y ya no estaba con ellos (cuentan que se suicidó), eligieron a un tal Matías como el número 12 en la alineación del equipo de apóstoles.

Pero pronto se dieron cuenta de que ese numero 12 se les quedaba pequeño. Que junto con ellos estaba María, la madre de Jesús, y otras mujeres. Que aquel grupo no era sólo cosa de hombres, y las mujeres como María de Magdala y otras más habían sido las más valientes en los momentos trágicos de la muerte del líder. Ellos no tenían derecho a dejarlas fuera.

Nota de actualidad: Aún hoy, dos mil años después, los sucesores de los apóstoles todavía andan dudando si las mujeres pueden proclamar en las asambleas el evangelio y partir para todos el pan. Fíjense cómo andamos, qué avanzados somos veintiún siglos después.

Pero volvamos a los tiempos aquellos.

Se fueron dando cuenta los doce y las mujeres que, en cuanto predicaban palabras sobre Yeshúa se les iban juntando cientos de gente.

Dejen que les copie unas frases de ese libro, los hechos de los apóstoles o, mejor, de los primeros seguidores. Todos ellos (apóstoles, apóstolas y quienes se les iban juntando) fíjense como vivían según cuenta ese libro:

"Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo”.

Cuando se habla de partir el pan se está tratando de lo que hoy llamamos misa; pero fíjense qué diferencia con nuestras misas de hoy:

1.-Entonces “en aquellos tiempos” no tenían templos donde celebrarla. Se juntaban aquellas pequeñas comunidades en casas particulares.

2.-Para aquella comida llevaba cada uno lo que tenía. Lo que hoy se llama en broma, comida de traje. O sea: “yo traje esto,” “yo traje esto otro”, “yo no pude traer nada”... “pues no importa todos compartimos lo que hay.”

3.-En aquellas reuniones podían participar todos. Lo dice San Pablo: "Podéis profetizar todos uno a uno, para que todos aprendan y se animen". No es como ahora, que sólo  habla el cura. La palabra "homilía" significa "conversación", no "sermón".

Sin embargo, los seguidores de Jesús también eran seres humanos y tenían sus defectos, sus problemas de egoísmo. Como protesta, San Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto, donde les echa una buena reprimenda, así les dice:

“Siguiendo con mis advertencias, no los puedo alabar por sus reuniones, pues son más para mal que para bien. En primer lugar, según me dicen, cuando se reúnen, se notan divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Incluso tendrá que haber facciones, para que así se destaquen las personas auténticas. Ustedes, pues, se reúnen, pero ya no es comer la Cena del Señor, pues cada uno empieza sin más a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. ¿No tienen sus casas para comer y beber? ¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y quieren avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Tendré que aprobarlos? En esto no.

Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: «Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía». De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía».

Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa, están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Por tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor. Cada uno, pues, examine su conciencia y luego podrá comer el pan y beber de la copa. El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación por no reconocer el cuerpo, es decir, por no reconocer su presencia...

"En resumen, hermanos, cuando se reúnan para la Cena, espérense unos a otros; y, si alguien tiene hambre, que coma en su casa" ( hasta aquí lo que dice San Pablo).

O sea, partir el pan, la fracción del pan o la cena del Señor (que hoy llamamos misa), esa comida compartida, a la vez banquete de amigos, iguales y celebración sagrada en torno a una mesa, compartiendo el pan y vino con otros alimentos. No es que el pan se convierta en Jesús es que Jesús es el pan vivo que alimenta a la comunidad, su presencia nos alimenta. En la última Cena, Jesús entrega su cuerpo y su sangre, entrega su vida, para la vida de la gente.

Los que comparten, comiendo y bebiendo en común, sienten que todos son uno. Hacen comunidad: “Vosotros sois el cuerpo de Cristo”, dijo San Pablo a los cristianos de Corinto.

Eso que hoy se llama misa se llamaba en aquellos tiempos la cena del señor, se partía el pan sobre la mesa (que no era altar, como se dice hoy).

El pan era normal. En la cena de Emaús tomaron pan normal. La comida de pan y pescado que el Señor da a los siete discípulos junto al lago aparece en el arte primitivo como comida eucarística. En la foto, pintura mural de la comida eucarística en las Catacumbas de San Calixto, de Roma (Cordon Press). La Iglesia ortodoxa usa pan normal. La Iglesia Católica usa pan ácimo. Lo mando el Concilio de Florencia (en el año 1439). 

 Esa fracción del pan se solía hacer una vez a lasemana, el día del Señor (de ahí viene dominica = domingo). Era la reunión de la comunidad. No se hacía todos los días, ni hacía falta templo ni altar, sino una sala y una mesa, donde todos se sentaban alrededor, juntaban lo espiritual con lo material.

Y en aquellos tiempos, fíjense, no tenían sacerdotes... Esa palabra sonaba mal. Recordaban que los sacerdotes del templo de Jerusalén eran quienes habían llevado a la muerte a Jesús. Ni había padres, ni madres. Todos eran hermanos y hermanas.

Quien presidía la cena del Señor, quien partía el pan, era la persona más digna; si había algún apóstol o mujer que había estado cerca de Jesús o de sus seguidores, presidía esa celebración ¡Qué tiempos aquellos!

A mediados del siglo II, escribe el autor de la Carta a Diogneto: "Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres... Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria es tierra extraña. Se casan con todos; como todos, engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa común, pero no lecho. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan el tiempo en la tierra, pero tienen ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas, pero con su vida sobrepasan las leyes" (V,1-10).

En la Iglesia antigua, cada comunidad participa en la elección de sus dirigentes. San Cipriano (+ 258 d.C.) reclama este derecho incluso frente al papa Esteban: “Que no se le imponga al pueblo un obispo que no desee”. Dice San León Magno (+ 461 d.C.): “Aquel que debe presidirlos a todos debe ser elegido por todos”. Y también: “No se debe ordenar obispo a nadie contra el deseo de los cristianos y sin haberlos consultado expresamente al respecto”. En la cristiandad primitiva no se conocían las parroquias. Cada comunidad tenía su obispo y cada obispo tenía su comunidad.

Hoy que está desapareciendo el sacerdote “normal”, o sea, varón y soltero (el concilio de Trento, en el siglo XVI, enmendó la plana al mismo Jesús), conviene recordarlo: San Pedro estaba casado, era presbítero (anciano), San Pablo estaba soltero y la diaconisa Febe dirigía la comunidad que se reunía en su casa. Entonces presbítero (anciano), obispo (supervisor) y diácono (servidor) eran lo mismo: dirigentes de comunidades. La dirección era grupal, compartida. Pedro es dirigente con otros. Por ello dice: "Yo presbítero con ellos", cuando exhorta a los otros a pastorear el rebaño de Dios. Después vino el escalafón jerárquico, pero al principio no era así. Lo que dijo Jesús es esto: “El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro servidor”.

La vida de los cristianos no era ir todos los días a misa. No había gente “de comunión diaria”. Ni siquiera se llamaban cristianos. Se les llamaba los del camino, porque les consideraban como judíos que proponían un camino distinto, el camino que enseñó Jesús.

Jesús no propuso una religión distinta. No dejó su religión para anunciar el Evangelio. Él era un buen judío. Que daba importancia a lo importante, a querer a la gente, a cuidar a los enfermos y a los pobres, a proteger a los niños, a hacer iguales en respeto a mujeres y hombres, a vivir la felicidad, lo que hoy llamamos bienaventuranzas.

Y si no iban a misa todos los días, qué hacían. Ya lo dijimos antes:

"Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo”.

Trabajaban para que el país tuviera una vida mejor. Por eso, aquel apóstol Santiago, al que llamaban hermano de Jesús, machaca en la única carta que escribió:

“Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: «Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense», sin darles lo necesario para el cuerpo, ¿de qué les sirve eso?

Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, es que está muerta. Y sería fácil decirle a uno: «Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras.

¿Será necesario demostrarte, si no lo sabes todavía, que la fe sin obras no tiene sentido?

Entiendan, pues, que uno llega a ser justo a través de las obras y no sólo por la fe. Porque, así como un cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe que no produce obras, está muerta”.

Pues eso es lo que está pasando muchas veces en estos tiempos que no son aquellos. Que nos quedamos en obras religiosas, ceremonias, procesiones, rezos a veces cuanto más largos mejor, pero nos olvidamos de lo que nos dice nuestro líder en el capítulo 25 de Mateo: “Vengan benditos porque tuve hambre, estuve desnudo, enfermo, en la cárcel, sin país donde vivir, sin trabajo, techo, y ustedes vinieron a ayudarme.

Pero Jesús ¿cuándo te vimos con hambre, emigrante, sin casa...?

Cuando lo hicieron con cualquiera de esa pobre gente, lo hicieron conmigo”.

Y ustedes exclamarán:

¡QUÉ TIEMPOS AQUELLOS!

Pero se quedarán en los tiempos de hoy diciendo que siempre se ha hecho así y ¿no habrá quien les mueva?

PUES AHORA VAMOS A LOS TIEMPOS DE JESÚS; QUE AHORA TENDREMOS QUE LLAMAR TIEMPOS FRANCISCANOS (el estilo de Francisco de Asís y del papa Francisco (Bergoglio) FIELES A JESÚS DE NAZARET.

Reflexión final

¡Que tiempos futuros!

No podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay que tomar conciencia de lo que está pasando.

Desde hace 60 años se está produciendo un acontecimiento lento, progresivo, inexorable: la crisis que el Concilio Vaticano II detectó, los cambios profundos y acelerados del mundo contemporáneo.

En el fondo, es la sacudida del terremoto, como dijo el profeta Amós.

La pieza clave del sistema de cristiandad, el cura tridentino, varón y célibe, está desapareciendo.

El concilio de Trento fundó los seminarios, o sea, la fábrica de curas, pero la fábrica no funciona. El envejecimiento del clero es cada vez mayor. La sangría es evidente. Por ejemplo, en España: “La Iglesia española sufre una reducción drástica de curas y monjas en siete años”, “la Iglesia católica ha perdido en España 2.387 sacerdotes, el 12,3% del total que tenía en 2012”, “según datos recopilados de la Conferencia Episcopal, el número de sacerdotes en España en 2019 era 16.960, que tenían que atender a 22.993 parroquias” (EFE, 20-3-2022), “en 2021 se ordenaron 125 sacerdotes diocesanos y 19 seminaristas menores pasaron al seminario mayor” (Aleteia, 5-5-2022).

El número de seminaristas baja cada año. En 2019 ingresaron “236 alumnos, 46 menos que hace un año”, “atrás quedan los años sesenta, donde más de 8.000 hombres se formaban en los seminarios españoles y unos 24.500 oficiaban misa”, “la escasez de seminaristas puede originar la falta de relevo generacional en miles de parroquias, 15 especialmente en la España rural, donde en la actualidad ya hay sacerdotes que gestionan hasta una decena de pueblos por falta de curas” (El País, 9-5- 2019), “el número de sacerdotes que se ordena cada año en España desciende de forma progresiva desde 2001”, “con una media de 65 años por sacerdote, el relevo generacional es ya una necesidad perentoria en el seno de la Iglesia” (El Confidencial, 3-1-2017).

En la situación de cristiandad, el reclutamiento vocacional funcionaba. La Iglesia controlaba la sociedad, había familias numerosas, las condiciones de vida eran precarias. Ser cura suponía una promoción social. Ese viejo mundo ha pasado. En esta situación de crisis, no por casualidad, llegó el Concilio. La culpa no la tuvo el Concilio, como piensan algunos. En esta situación, ¿qué se puede hacer?, ¿por dónde va el futuro de la Iglesia?

Una de las grandes orientaciones conciliares es la vuelta a los orígenes, a la experiencia de las primeras comunidades. El concilio Vaticano II fue convocado para esto: “La obra del nuevo Concilio Ecuménico tiende toda ella verdaderamente a hacer brillar en el rostro de la Iglesia de Jesús los rasgos más sencillos y puros de su origen” (Juan XXIII, Un Señor, una fe, un bautismo, 13-11-1960).

Siendo comunidad, la Iglesia es luz de las gentes, signo levantado en medio de las naciones. No es el individuo, sino la comunidad quien puede evangelizar. No es el individuo, sino la comunidad quien renueva profundamente a la Iglesia. No es el individuo, sino la comunidad quien puede realizar una contestación efectiva de la sociedad presente, tal y como está configurada. No es el individuo, sino la comunidad, quien puede vivir hoy las señales del Evangelio.



En los primeros tiempos no había seminarios, pero había comunidades, en las que se daban diversos carismas, también el de presidencia. En la foto, Jesús López, en la eucaristía de la Comunidad de Ayala, cuyo 50 aniversario se celebra el próximo año.

Uno de los objetivos del Concilio es la restauración de la unidad. "Llevamos más de un siglo rezando por la unidad de las Iglesias cristianas.  También se ha dialogado y se han hecho  declaraciones conjuntas. Pero con eso no basta. Para que se cumpla la oración de Jesús: 'Que todos sean uno', hay que moverse, desinstalarse, cambiar. es cuestión de renovación  y de forma".

Hay que volver al Evangelio, a los Hechos de los Apóstoles, a la experiencia de las primeras comunidades cristianas, dialogar con el mundo de hoy, descubrir las señales del tiempo presente, vivir hoy las señales del Evangelio. No se trata de hacer arqueología, sino de responder a los retos del presente y , de este modo, de preparar el futuro.  

   

PALABRAS A VOLEO: CURA

MARTÍN VALMASEDA

Una  persona  que  se encuentra  muy  enferma, se suele  decir  de  ella  que  "no  tiene cura".  También  en  lenguaje   parroquial  se  habla  de  las  comunidades  que  "se  han  quedado  sin  cura", o  sin  sacerdote,  o  sin  párroco  o  sin presbítero.

Les  voy  a explicar  porqué  la  palabra  cura  es  últimamente    la  preferida  por mí; aunque  antes  la  despreciaba.  Fíjense, presbítero  viene  del  griego  y  significa  anciano.  Pues  llamar  viejito a  un presbítero  de  treinta  años,(cuando  yo me  ordené de  cura) es  absurdo.

Párroco  es  el  cura que  dirige  una  parroquia, no  lo  son  todos...?

Sacerdote  es  la  persona  que  atiende  las  cosas  sagradas  de  cualquier  religión,  especialmente  del  templo  de  Jerusalén y,  agárrense: los   sacerdotes de  ese  templo  fueron  los  ¿mismos  que  condenaron  a  muerte al  nazareno  Jesús?  y  ahora  nosotros   los  curas ¿nos    llamaremos  con  ese  negativo  nombre  de  sacerdotes,  asesinos  de  Jesús?

EVANGELIO DOMINGO 5-Marzo-2023. ( Mateo 17 - 1-9 ). Reflexiones Pagola

ESCUCHAR A JESÚS

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria; hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

Maestro, ¡qué hermoso es estar aquí! Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió.

Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo.


Cuando sonó la voz se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto,. (Mateo 17, 1-9)

¿A QUIÉN ESCUCHAR?

Pedro no parece haberlo entendido. Propone hacer <<tres chozas>>, una para cada uno. Pone a los tres en el mismo plano. No ha captado la novedad de Jesús.

Vivir escuchando a Jesús es una experiencia única. Por fin estamos escuchando a alguien que dice la verdad. Alguien que sabe por qué y para qué vivir. Alguien que ofrece las claves para construir un mundo más justo y más digno del ser humano.

Una comunidad se va haciendo cristiana cuando va poniendo en su centro el Evangelio y solo el Evangelio.

Cada domingo podemos sentir su llamada a mirar la vida con ojos diferentes y a vivirla con más responsabilidad, construyendo un mundo más habitable.

ESCUCHAR SOLO A JESÚS

La escena es llamada tradicionalmente la <<transfiguración de Jesús>>.

Al parecer, los discípulos no captan el contenido de lo que están viviendo, pues Pedro dice a Jesús: <<Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías>>. Coloca a Jesús en el mismo plano y al mismo nivel que a los dos grandes personajes bíblicos. A cada uno su tienda. Jesús no ocupa todavía un lugar central y absoluto en su corazón.

PALABRAS PARA EL SILENCIO - LA TIERRA QUE SOÑÓ JESÚS

 La tierra que soñó Jesús

Martín Irure

Entonces Jesús se puso a soñar:

-- Si el proyecto de Dios se hubiera realizado como él quería, ¿ como habría sido este mundo?

Y su sueño se va forjando en el silencio de sus 30 años en el taller de Nazaret.

Se imagina un mundo nuevo que tiene la forma de un gran puente hecho con las manos de los hombres que habitan este mundo.

· Un mundo nuevo donde los hombres se aman de verdad, hasta dar la vida unos por otros, si es necesario.

· Un mundo donde los que ocupan los primeros puestos son los servidores de los demás.

· Un mundo donde los más importantes son los pequeños, los inútiles, los ignorantes, los enfermos, los ancianos…

· Un mundo donde las cosas buenas se hacen casi a escondidas y no para ser vistos por los demás.

· Un mundo donde se hacen favores y se ayuda sin esperar nada a cambio.

RECUPERAR A JESÚS

JOSÉ ANTONIO PAGOLA,

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). 

Los creyentes tenemos múltiples y muy diversas imágenes de Dios. Desde niños nos vamos haciendo nuestra propia idea de él, condicionados, sobre todo, por lo que vamos escuchando a catequistas y predicadores, lo que se nos transmite en casa y en el colegio o lo que vivimos en las celebraciones y actos religiosos.


Todas estas imágenes que nos hacemos de Dios son imperfectas y deficientes, y hemos de purificarlas una y otra vez a lo largo de la vida. No lo hemos de olvidar nunca. El evangelio de Juan nos recuerda de manera rotunda una convicción que atraviesa toda la tradición bíblica: «A Dios no lo ha visto nadie jamás».

Los teólogos hablamos mucho de Dios, casi siempre demasiado; parece que lo sabemos todo de él: en realidad, ningún teólogo ha visto a Dios. Lo mismo sucede con los predicadores y dirigentes religiosos; hablan con seguridad casi absoluta; parece que en su interior no hay dudas de ningún género: en realidad, ninguno de ellos ha visto a Dios.

Entonces, ¿cómo purificar nuestras imágenes para no desfigurar de manera grave su misterio santo? El mismo evangelio de Juan nos recuerda la convicción que sustenta toda la fe cristiana en Dios. Solo Jesús, el Hijo único de Dios, es «quien lo ha dado a conocer». En ninguna parte nos descubre Dios su corazón y nos muestra su rostro como en Jesús.

¿No dijo el Papa que hagamos lío? Pues eso... ¡vamos a sumarnos a este lío!

Juan Manuel Cotelo y Carlota Valenzuela se han metido en un gran lío. ¡Y necesitan nuestra ayuda!

🎥 Quieren producir UNA SERIE DE LÍOS, para mostrar la cara + bonita y + comprometida de la Iglesia del siglo XXI. 💒 Y quieren ofrecerla gratuitamente, online, a todo el mundo.

 


INFINITO MÁS UNO

1 de marzo de 2023

Naufragio de una embarcación de inmigrantes en la costa italiana

Al menos 62 migrantes mueren al hundirse su embarcación en la costa italiana

Los trabajadores de salvamento han logrado rescatar a 80 supervivientes de una barcaza con unos 200 ocupantes. Entre los cadáveres, una docena de niños y más de 30 mujeres. Roma apunta a Europa y clama por una solución compartida


Daniel Verdú| Lorena Pacho

El viejo pesquero, un maltrecho artefacto de unos 20 metros de eslora, zarpó desde el puerto de Esmirna, en el oeste de Turquía. El barco, en el que viajaban hacinadas unas 177 personas, navegó durante unos cuatro días sorteando la costa griega buscando la punta del sur de Italia a través del mar Jónico. La ruta es cada vez más frecuente en los viajes que ofertan los traficantes a migrantes que escapan de países asiáticos. Pero casi siempre se hace con veleros relativamente seguros y con mayor fortuna. Esta vez, cuando la embarcación ya estaba a 150 metros de la costa, tras una travesía de unos 1.200 kilómetros, un tremendo oleaje la mandó contra las rocas y la partió violentamente en dos. Los migrantes cayeron al mar. Algunos pudieron alcanzar nadando la orilla de la playa de Steccato di Cutro, una localidad turística calabresa, a 20 kilómetros de Crotona. Al menos otros 62 se ahogaron y sus cuerpos terminaron cubiertos con una manta sobre la arena o rescatados por la Guardia Costera. Murieron unos 20 niños, entre ellos al menos un recién nacido. El naufragio, uno de los más graves en la costa italiana, es otra mancha de sangre en el reiterado fracaso de Italia y la Unión Europea de crear una política migratoria común.

Las primeras hipótesis señalan que el barco topó con algún arrecife y luego se fue contra las rocas. La información, difundida por la sección italiana de Médicos Sin Fronteras (MSF), descarta también, a partir de los testimonios de supervivientes, que hubiera alguna explosión, como se señaló al inicio. Luego, cuando el mar fue endureciéndose, los migrantes “no tuvieron tiempo de pedir ayuda” y no pudieron evitar que la embarcación se estrellase contra las rocas y se partiese en dos golpeada por la fuerza de las olas.

Algunos de los 80 supervivientes ―21 fueron trasladados a distintos hospitales de la zona― llegaron a la costa por sus propios medios. Igual que los pedazos del barco, hecho añicos del impacto. “Están vivos de milagro”, señaló un portavoz de la Cruz Roja. Entre ellos se encuentra un ciudadano turco, a quien la policía acusa de tráfico de seres humanos y de ser el responsable del viaje mortal. También se encontró la la documentación de al menos otra persona que le acompañaba en el trabajo, pero su cuerpo no ha aparecido.

Las autoridades italianas, que están recogiendo testimonios de los supervivientes para tratar de esclarecer cuántas personas viajaban en la barca, temen que el número de víctimas mortales pueda aumentar, debido a las malas condiciones del mar. Muchos de los cuerpos han aparecido este domingo en las playas cercanas a Steccato. Otros han sido recogidos de las aguas cercanas. De hecho, uno de los cadáveres, como informó MSF, llegó a encontrarse en Catanzaro, a muchísima distancia del accidente.

TEOLOGÍA POLÍTICA

 "Quieren imponer la 'teología de la prosperidad evangélica'"


Política teológica y Teología política cristo–latinoamericana (“El cambio vendrá de Latinoamérica, pero ¿qué cambio?” (II)

"No podemos seguir construyendo un cristianismo fuerte, triunfalista e institucionalista que blinde la doctrina y silencie a los incómodos"

"El Papa Francisco nos muestra con sus escritos y denuncias que lo que el mundo necesita no es tanto una religión oficialista sino una acción comprometida, un cristianismo pobre y humilde que rompa con el poder idolátrico que acaba cosificando a las personas"

"Francisco, pues, está siendo un factor incómodo para los intereses del neoliberalismo desalmado y para los poderes religiosos más conservadores y tradicionalistas"

"No cabe duda de que existe un creciente interés de los poderes establecidos para que un cristianismo extremo y fanático ocupe un lugar preponderante en la geopolítica y macroeconomía latinoamericana"

24.02.2023 Jesús Lozano Pino

El teólogo de la liberación Leonardo Boff cuenta en uno de sus libros que estando en una mesa redonda sobre religión y paz entre los pueblos quiso aprovechar la ocasión para preguntarle al Dalai Lama cuál era la mejor religión. Lo más curioso es que, esperando que le respondiera el budismo tibetano o las religiones orientales, le respondió que la mejor religión era aquella que te aproxima más a Dios y al infinito, aquella que te hace mejor. Entonces, para salir de su perplejidad delante de tan sabia respuesta, Boff le preguntó qué es lo que nos hace mejor. El Dalai Lama, entonces, hizo silencio, lo miró a los ojos y le respondió que lo que nos hace mejor es siempre aquello que nos hace más compasivos y sensibles, más desapegados, amorosos y humanitarios, más éticos… La religión que consiga hacer eso de nosotros —sentenció el Lama— es la mejor religión.

Cuando titulé mi artículo en la publicación especial en homenaje a Gianni Vattimo para la revista Pensamiento al margen, «Dios es amor y si no, merece que lo matemos», precisamente estaba teniendo presente esta idea de religión que sostenía el Dalai Lama y que para mí es la esencia del auténtico cristianismo, una religión que dialoga y no se impone, que se ofrece pobre, débil y desarmada. No podemos seguir construyendo un cristianismo fuerte, triunfalista e institucionalista que blinde la doctrina y silencie a los incómodos.

LOS TRES MOSQUETEROS DE LA PAZ


Unidos en la que se ha convertido en la primera peregrinación ecuménica de la historia, con tres líderes, católico, anglicano y presbiteriano, caminando juntos al país más joven de la Tierra para impulsar la paz

Los pobres, siempre los pobres, que tienen vetados sus sueños. En la Francia del siglo XVII, donde se ambienta la novela, y en el África pobre y maltratada de no importa cuándo leas esto. Ahí, también, surgen hombres y mujeres que impulsen la paz, que no tengan miedo a mancharse las rodillas, las manos, la piel, para cambiar el ritmo, para acelerar un proceso de paz que es urgente revitalizar. Porque Sudán del Sur no puede más

Sudán del Sur necesita caminar como un único pueblo. Los creyentes en el Evangelio de Jesús, también. Welby, Bergoglio, Greenshields, hoy, nos están demostrando, que es posible. Que todavía, hoy, es posible. En el país más joven de la Tierra, la paz, también y pese a todo, es una urgencia. Uno para todo. Y todos para una: la paz

Jesús Bastante

Eran uno, dos y tres. El Papa Francisco; el arzobispo de Canterbury, Justin Welby; y el moderador de la Iglesia de. Escocia, Iain Greenshields. Los 'tres mosqueteros de la paz', unidos en la que se ha convertido en la primera peregrinación ecuménica de la historia, con tres líderes, católico, anglicano y presbiteriano, caminando juntos al país más joven de la Tierra para impulsar la paz.

Un viaje pospuesto por la rodilla del Papa y por la incesante violencia en el país, que no termina de cumplir los acuerdos de paz a los que se comprometieron, hace tres años y medio, durante un vibrante encuentro en el Vaticano, que culminó con el impactante gesto de Francisco arrodillándose para besar los pies de todas las partes en el conflicto.

Bergoglio no pudo agacharse en esta ocasión, pero lo que no pueden hacer las rodillas lo hizo su discurso, rotundo, firme, sin dudas. El "¡Basta!" de Francisco, unido a los clamores de Welby y Greenshields, "sin condiciones y sin peros". Basta de cinco años de esperas, acusaciones recíprocas, de quién no pone las bases de la paz. No importan los responsables, al menos no ahora. Importan las soluciones, la gente y su futuro. El presidente del país, aparentemente, respondió desbloqueando las negociaciones de paz. Habrá que ver si es solo un gesto o, de verdad, comienza un camino sin retorno hacia la pacificación del país.

Nicaragüenses Libres

 

   Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa

Organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos apoyan la propuesta de proponer al obispo, condenado a 26 años de prisión por el régimen de Daniel Ortega, para el Nobel de la Paz

El Gobierno de Nicaragua ha despojado al obispo Silvio Báez y a otros 93 nicaragüenses de su nacionalidad y les confisca sus bienes. Junto con el auxiliar de Managua, se encuentran, entre otros, los escritores Sergio Ramírez y Gioconda Belli, el excomandante de la revolución Luis Carrión, la veterana defensora de los derechos humanos Vilma Núñez, al excanciller Norman Caldera

RD/Agencias

Organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos, como ‘Nicaragüenses Libres’ y el ‘Centro de Asistencia Legal Interamericano de Derechos Humanos’ reaccionaron en apoyo a la propuesta que el historiador Enrique Sáenz -conductor de la plataforma de comunicación #VamosAlPunto- de proponer a monseñor Rolando Álvarez Lagos como candidato al Premio Nobel de la Paz 2024.

Sobre el tema, la asociación ‘Nicaragüenses Libres’ emitió un comunicado en el que asegura que monseñor Rolando Álvarez simboliza el espíritu de la no violencia, con el que enfrenta al poder maligno, razón por la que -como señala el historiador Enrique Sáenz-, su candidatura debería ser presentada y promovida para el Premio Nobel de la Paz, informe Desde la fe.

OTROS MUNDOS DEL MUNDO

Roma explicada

¿Cómo modernizaron Roma las grandes mentes del Renacimiento? Explora conmigo las calles y los monumentos de la Ciudad Eterna y entiende su carácter arquitectónico y su ingenioso diseño urbano.

Manuel Bravo