Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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12 de abril de 2017

La venganza de Gaia

La venganza de Gaia

Existe una interesante teoría desarrollada por un científico llamado James Lovelock, según la cual nuestro planeta tierra es un organismo vivo y conciente. Gaia es la encargada de mantener el equilibrio en todos sus aspectos para así promover la vida.


Resulta increíble que en toda la galaxia solo exista un solo planeta capaz de albergar vida y mantenerla. Un ejemplo claro es la salinidad en el agua de los océanos, una mínima variación en este factor provocaría la muerte de millones de especies, pero increíblemente existen varios mecanismos muy ingeniosos para lograrlo. De la misma manera los gases en la atmósfera mantienen la fórmula exacta para que las especies se desarrollen y nuevas formas de vida se abran camino.


Pero el hombre se ha empeñado en romper este equilibrio, a través de los años no solo se han contaminado ríos y atmósfera sino que también se han atacado las fuentes naturales depuradoras como los bosques y las napas.

Las consecuencias se están sufriendo hoy: terremotos, tsunamis, sequías, huracanes e inundaciones. En Argentina por ejemplo se ha estado talando el basto bosque del chaco, hoy solo queda un 25% de él y la provincia está inmersa en la sequía más grande que se ha conocido.

Mientras los polos se derriten (se estima que en menos de 100 años el mar Ártico norte desaparecerá) las políticas no cambian y Gaia sigue buscando el equilibrio desatando desastres naturales que se llevan cientos de miles de vidas.   Si por algún tipo de milagro hoy mismo se dejará de contaminar y de talar bosques las consecuencias solo se notaría una leve mejora en 100 años más.

Pero que es lo que hace que el hombre no cambie? La respuesta podría ser complicada pero no lo es: el dinero. Lo que más importa en este mundo es EL DINERO y nada más. Claro, desarrollar energías alternativas, reciclar y utilizar químicos ecológicos resulta muy caro y la economía global no está preparada para costearlo.