Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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20 de abril de 2017

LO QUE VA DE AYER A HOY Y A MAÑANA

LO QUE VA DE AYER A HOY… Y A MAÑANA
(HISTORIAS   BÍBLICAS DE AYER QUE SE REPITEN HOY Y DESPUÉS...)

En el tema anterior les prometimos hablar del proceso religioso del ayer al mañana (naturalmente pasando por el hoy). 

¿Cómo? - me dirán algunos - Eso no puede ser.  La religión es algo firme, sólido, siempre igual, ayer, hoy y mañana   por ser algo divino.

Eso es precisamente el tema para reflexionar. La religión, cualquiera, en nuestro caso la nuestra, ¿es algo tan inmutable como una pirámide, o los menhires de esos círculos misteriosos que se encuentran en los restos de civilizaciones antiguas?

Escuchando a algunas personas religiosas eso parece: “Así se hizo siempre y siempre se hará así”. Quienes piensan de ese modo confunden su religión con “su dios” y cuando aparece en la sociedad algún atrevido que plantea otro modo de relacionarse con la divinidad puede surgir acontecimientos desagradables o trágicos.
Podemos mirar hacia los orígenes de las religiones: el AYER.  Podemos reflexionar sobre lo que sucede: HOY…


 Podemos mirar al futuro: al MAÑANA.

Empecemos por lo que en el plano religioso sucede hoy y después miremos al ayer y al mañana, a ver qué sorpresas nos llevamos.

HOY

No podemos aquí abordar todas las religiones.   Igual que en personas de la humanidad actual aumenta la increencia, paralelamente aumente la cantidad de cultos religiosos de distintos estilos y tamaños.

 Para no complicarnos nos centramos en la fe cristiana, confiados en que quienes cultiven otras podrán fácilmente hacer paralelismos y comparaciones.





HOY: ya saben, el cristianismo es una religión que en veinte siglos pasados ha tenido tiempo de acumular, no sólo la tradición que dejó Jesús con su vida y su palabra, sino los escritos de sus discípulos inmediatos, de los Santos padres y teólogos posteriores, de los ritos y ceremonias que se fueron poco a poco creando; y junto con ellos los templos, monasterios, objetos sagrados, documentos valiosos, riquezas acumuladas, leyes, costumbres y estructuras.

Junto con todo eso también desestructuras y ruinas: Eso que llamamos fe cristiana con el tiempo se ha ido dividiendo en múltiples “cristianismos” con sus diferencias pequeñas o grandes, aunque todos diciendo que siguen la enseñanza de Jesús (el que decía en su oración: “Padre, que todos sean uno”) Pero ya ven…




Ayer: Mirando hacia los orígenes de  esa  mole de estructuras y recuerdos de hoy, encontramos la presencia de aquel campesino galileo que apenas salió de su país, que  nunca habló de fundar una religión y todo lo que dijo podemos resumirlo en  una expresión que repetía por todos  los rincones: Viene a ustedes el Reino de Dios. Ni siquiera explicó lo que era  ese reino. Sí explicó cómo era, usando comparaciones y parábolas y con las obras que realizó. Podemos decir que quienes mejor lo entendieron fueron los hombres religiosos y poderosos de su tiempo. Lo entendieron tan bien que lo asesinaron.

Fue inútil aquel asesinato.  Sus seguidores lo reconocieron vivo y Él siguió presente en sus reuniones. El famoso Reino de Dios les siguió inspirando.

Pero encontramos a lo largo de los años un serio problema. La palabra Reino en la época en que Él la anunció era de uso normal. Había reyes por todos los rincones. Reyes y emperadores poderosos, reyezuelos que eran casi como alcaldes de pequeños
Territorios, tiranos con corona, con guerreros y verdugos a su servició. Por algo dijo Él que su reino no era de ese mundo.

Eso decía,  pero  sus seguidores, cuando él ya no estaba físicamente para pararles los pies , pasados dos o tres siglos, se les fue envenenando en la cabeza la idea del reino y se olvidaron  poco a poco de  que  aquello   no –era-de-ese-mundo.  Empezaron a aparecer palacios y templos grandiosos, solemnes vestiduras y hasta coronas o extraños sombreros en la cabeza de los dirigentes de aquella… sí de aquella religión, porque lo que habían empezado los seguidores del nazareno se había ido convirtiendo en religión.

Pero fíjense que al tiempo que en la religión sucedía aquel cambio hubo otra trasformación en la sociedad.

  Y fue que   surgieron rebeldes poniendo en duda que la humanidad necesitase reyes.  La conciencia y la razón humana se habían ido desarrollando y eso hizo que empezasen a perder su cabeza bastantes monarcas. ¿Para qué hacen falta reyes?

Surgió una extraña palabra que necesitaba al principio explicación Democracia: Gobierno del pueblo.

 Desde los siglos, por poner una fecha, XVII, XVIII XIX… fueron cayendo los reyes como piezas de ajedrez. Los que mantuvieron su cabeza y su reino quedaron totalmente disminuidos por el aplastante proverbio: “El rey reina pero no gobierna”. Entonces para qué los reyes?

Curiosamente entre los seguidores de Jesús, como él en sus tiempos repetían con   fuerza la idea de “reino de Dios”. A nadie se le ocurrió buscar otra expresión.
Volviendo unos momentos al Hoy encontramos que todavía en pleno siglo XXI,   existen algunos reyes aunque parecen de adorno, como unos responsables de   relaciones publicas, muchos mejor vestidos, con palacio y con aire solemne, y con sus príncipes que si Dios no lo remedia les sucederán años después en el trono.

Y aquí está el problema: El reino de Dios ¿qué pinta entonces?

En la Iglesia se sigue hablando de ese reino (aunque reconociendo que la iglesia no es dicha reino). Seguimos diciendo en el Padre nuestro “venga a nosotros tu reino” y hasta con ganas de complicar las cosas al pobre campesino nazareno, el que se escapaba al monte cada vez que lo querían hacer rey, le han colgado la etiqueta de Jesucristo Rey del universo

   ¡Lo que le faltaba!

Pero como entre los seguidores de Jesús,  a  pesar de todo el montón de  ceremonias, símbolos, adornos  que han complicado la vida de la   iglesia, también hay gente  inquieta que se mueve y piensa,   algunos  se ha reunido  a reflexionar: ¿Es que a estas alturas, con los cambios que está teniendo la civilización, ¿merece la pena seguir jugando con ese símbolo del Reino  de Dios?

Porque debemos tener en cuenta que el reino de Dios no expresa una realidad sino un símbolo, lo que se llama una metáfora.

 En nuestro lenguaje, cuando una metáfora, un símbolo o comparación ya no sirve, se cambia, como cuando un traje se nos queda pequeño.

Nuestra religión tiene que mirar al futuro. Entonces  la expresión reino de Dios, en estos tiempos en que nos  rebelamos  contra las monarquías, los patriarcados, las dictaduras, los machismos, los imperialismos… todo lo que implique poder  sobre las personas;  para ser fieles a lo que Jesús predicaba usando otras palabras,  ¿qué metáfora  podemos  utilizar en vez de reino, que se entienda, que exprese la misa idea  y  guste?. Miremos al

Mañana: Se trata de expresar un modo de vivir que nos muestre una cercanía a Dios, como cuando le llamamos señor o rey pero que nos libre de lo que signifique dominio, el sometimiento de esclavos, que nos dé libertad, nos ayude a la felicidad y al amor, a la unidad con Dios y con toda la creación que son las claves del mensaje de Jesús.  

Hoy, en el tiempo   en que hemos descubierto el universo como una gran unidad desde la estrellas y galaxias, hasta las partículas ínfimas y las ondas, los electrones y los quarks, lo inmensamente pequeño de la materia y la energía. 

Entonces a hombres y mujeres reflexivos se les ha ocurrido hablar, en vez de reino… de Cuerpo de Dios.


Entonces ustedes se asustan.  ¡Por favor!  Cuerpo es algo material, físico, se confunde con nuestro cuerpo pecaminoso, con pasiones, apetitos y sexo.  Jesús sí se puede considerar con Dios y hombre verdadero. Pero cuerpo de Dios?

No se asusten. Cuando hablábamos de reino también teníamos presente todos los absolutismos, corrupciones, crímenes que han manifestado los reyes del mundo. Hablando de reino hablábamos de una comparación, de una metáfora. No de una realidad.

Tampoco estamos hablando de cuerpo de Dios como de una realidad, sino   de un símbolo.  Ese símbolo nos hace sentir a un Dios más cercano que al hablar de reino. Nos hace sentir, en palabras de San Agustín a Dios más íntimo a mí que yo mismo. Eso es fuerte.  Estamos buscando en los tiempos actuales   liberarnos del dios que está en los cielos, o mejor descubrir que lo que llamamos cielos   no es la tapadera que flota por encima de nuestras cabezas, sino que el cielo es todo el universo. Nosotros estamos en el cielo, y eso no en metáfora sino de verdad. No es una exageración decir que somos parte del universo, que estamos en el universo y el universo está en nosotros.  Hoy no se puede   estar mirando al cielo, dice la canción (pensando en el cielo donde las nubes flotan)

Dios, si no somos panteístas, no es el universo naturalmente, no es el mundo pero igual que decimos que nosotros no somos cuerpo pero sí que tenemos cuerpo.  El espíritu, nuestra conciencia da vida a nuestro cuerpo.

De modo semejante como decimos que el reino de Dios, no es Dios,    es su reino, tal vez podamos decir que el mundo no es Dios, es el cuerpo de Dios.  Es una metáfora, un fuerte simbolismo que nos ayuda a sentir íntimamente la presencia de Dios en nuestras vidas. En vez de dar más vueltas al tema pongo en sus manos, aquí al final las reflexiones de la teóloga Sallie Mc Fague.

Antes, como resumen de todo esto  les planteo  en esta meditación entre  hoy , ayer y mañana   que, si quieren ser cristianos reflexivos, de los que no se conforman con el “siempre se ha  dicho así, o siempre ha sido así”, debemos  darnos cuenta de   que estamos  en un  momento de nuestra historia  en que muchas cosas están cambiando, tanto en la sociedad como en la espiritualidad, la religión,  la ciencia.  Cada uno de nosotros no nos podemos quedar encogidos ni en el hoy ni en el ayer, tenemos que abrir los ojos a lo que el mañana nos propone. El mañana que ya está aquí


http://servicioskoinonia.org/relat/397.htm

El mundo como cuerpo de Dios Sallie Mc Fague