Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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14 de mayo de 2017

La Santísima Comunidad

LA SANTÍSIMA COMUNIDAD


¿O no hablamos de comunidad, sino de...?

Ustedes verán.

Este escrito tiene dos partes

Primero: les cuento una verídica historia que acaso pudo suceder (capítulos A...B...C…)

Luego: sacamos consecuencias de esa historia (capítulos 1..2..3..)

(Según el humor que tenga usted, puede empezar a leer por la historia o por la reflexión más seria. Tal vez mejor, primero el cuentecito).
Hoy les presentamos primero el cuentecito.


LA HISTORIA

Capítulo A.: El penalty
Lugar del suceso: estadio de fútbol de la ciudad.

En el nombredelpad-ydelhij-ydelespiritusantiamén.”

El delantero hizo rápidamente con la mano un gesto en su cara, tomó carrerilla y se dispuso a golpear la pelota.

En ese mismo instante el arquero también pasó sus dedos por la frente, el pecho (más bien la panza) moviendo los labios nervioso, con el cuerpo tenso mirando a la pelota
En ese mismo instante en un lugar preferente de las gradas, contemplaban el partido un anciano venerable de largas barbas blancas, un hombre joven con barba y cabellos negros y una paloma sin barbas que, sobre los hombros de los dos acariciaba sus cabezas.

Se miraron los tres con gesto interrogante, encogiendo los hombros o las, como diciéndose ¿a cuál de los dos hacemos caso?

El delantero corrió y golpeó. El arquero encogió un poco las piernas para saltar.
La bola salió disparada, pero a medio camino frenó. Se quedó unos instantes balanceándose en el aire, luego se elevó por encima del público, saltó las tapias del estadio y escapó a la calle.

Sentado en la banqueta, junto al campo de fútbol, Chepito se disponía a pelar un banano cuando junto a él botó y rebotó una pelota de fútbol profesional. Solo rebotó una vez. Chepito tiró el banano, agarró la pelota y salió corriendo.
Dentro del campo, el público, los jugadores, los árbitros se quedaron con la boca abierta.

Los tres personajes con barba o plumas sonreían irónicos.
Chepito seguía su carrera agarrado al tesoro de cuero y mirando atrás de vez en cuando por si le seguían. Dos cuadras más allá encontró un templo abierto. El niño no sabía lo que era el “derecho de asilo”, pero lo supuso. Entró. Entró mirando a todos lados menos al suelo. Eso le hizo tropezar con una banca. La pelota se le escapó de las manos.

En aquel momento, allá delante, unas personas con traje de fiesta acercaban un tiernito a la pila bautismal y el sacerdote vertía agua de una jarrilla sobre la cabecita: “Luis Fernando yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...
¡Chop! - respondió la pelota cayendo en mitad de la pila.

Luis Fernando que, al sentir el agua fresquita, había empezado a llorar se calló.
Los asistentes y el sacerdote con distintos gestos lanzaron distintas aunque respetuosas exclamaciones.

La más lógica fue la madrina, Mari Trini, que dijo: ¡gol!.

Chepito se había acurrucado temblando detrás de una banca. Mientras los asistentes seguían gesticulando y pasándose al tiernito de mano en mano, Trini muy tranquila sacó la pelota de la pila, se acercó a Chepito y se la echó en las manos mientras le decía en voz baja: “Corre patojo, que a estos no les gusta el fútbol”.


El muchachito con cara de asombro agarró la bola, se dio media vuelta y desapareció por la puerta.


Capítulo B. : Tarjeta amarilla

Cuando Chepe llegó a su casita chorreando sudor y felicidad, el sudor se le empezó a quedar frío y la felicidad se le congeló cuando escuchó a mamá Juana: “¿dónde has robado eso?”

El niño no estaba preparado para la pregunta y empezó a balbucear una respuesta incoherente en la que hablaba de tapias, de templo, de bautizo y de una señorita. Eso fue suficiente para que doña Juana agarrase al hijo poruña oreja y, olvidándose en ese instante de la pelota, lo llevó a la parroquia cercana.

Padre Santiago a ver qué ha pasado aquí. Este loco de mi hijo...”

- “Hombre Chepito ¿eras tú? No me fijé. - exclamó el padre divertido.
- No se preocupe doña Juana, esa pelota estaba por aquí...y Trini, la catequista que era la madrina se la regaló al niño.”

Doña Juana, soltó la oreja e hizo una rápida señal de la cruz, como la del delantero, en su frente.

¡En el nombre del Padr... Este hijo me va a matar a disgustos!, Fíjese; hoy quería que su papá lo llevase al fútbol. ¡Buenos estamos para gastos!. Pues él se füe hacia el estadio y volvió con una pelota que parece profesional como la de los futbolistas.”
El P. Santiago, riéndose por dentro, tranquilizó a Doña Juana. Ella volvió a casa llevando ya de la mano a Chepito con la oreja aún caliente y la felicidad ya descongelada bailándole en todo el cuerpo.

Aquella noche, en la cama, no se olvidó de rezar, aunque un poco interesadamente, para que nadie le volviese a preguntar por aquélla pelota caída del cielo.
Intentó hacer la famosa señal: en el nombre del padi del hiji del espíiiirituuu sant... Ahí terminó. Dormido.

En ese momento, dentro del corazón del niño, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo le hacían cosquillas con una suave sonrisa.

Capítulo C: Discusión sobre el reglamento

- Yo no creo en Dios.
- Yo tampoco creo en ese - respondió Trini, alzando levemente los ojos del libro.
El bus acababa de reemprender la marcha por la carretera al Pacífico. Lo había detenido una patrulla militar. Habían hecho bajar a los hombres para registrarlos mientras otros soldados pedían la cédula a las mujeres.
El muchacho se volvía a sentar junto a Trini, guardando en su mochila el pasaporte. Al sentarse había visto de reojo lo que leía aquella morenita de larga trenza y huípil florido. El libro tenía un título de algo religioso. Por eso se le escapó aquella expresión de sorda rabia:

- “No creo en Dios. Si ese Dios fuera todo poderoso y tan justo habría aplastado
con un rayo a esos hijos de...”
- ¡Mucho trabajo - comentó Trini - para lanzar rayos a todos los criminales que
han oprimido y masacrado a nuestro pueblo... Le tembló un poco la voz
- Y a los asesinos de todo el mundo. Y también entonces a los que torturaron y
mataron en la cruz al hijo de ese Dios” Jaime siguió desahogándose:
- Y también habría aniquilado a los invasores, mis antepasados que empezaron
las masacres hace 5 siglos.
- Usted no es de aquí ¿verdad?.
- Hace 3 años que vine de Guadalajara ¿México?
- No. En España hay otra Guadalajara. Trabajo en “Manos para construir”
¿lo conoce?. Una ONG que ayuda a levantar casas populares.
- ¿Por qué ha venido a este país?
- Por vergüenza. Para devolver al pueblo de aquí lo que le quitaron mis abuelos de
allá-
- No les eche la culpa a sus abuelos. Seguramente ellos se quedaron tranquilitos en
Guadalajara. Fueron otros, también de su tierra, los que se embarcaron para invadir lo que no era suyo.
- Y fíjese: vinieron en nombre del rey de España ; y llegaron con sus cruces
levantadas. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hicieron lo que
hicieron.
- Eso dirían. En nombre del Padre... pero en ese padre tirano yo tampoco creo.
- Pues viene usted leyendo algo sobre Dios.
- Sobre ese no . Sobre el Dios de Jesús. Supongo que ese Dios, el que me interesa
a mí, será el que obedecen otros compatriotas de usted; los que han venido aquí a
trabajar sin idea de conquistar. En mi aldea un buen muchacho, Luis, -
economista creo que era - estuvo sacando la cara contra el finquero; apoyaba a los
campesinos que defendían su derecho a la tierra... Hasta que lo agarró la policía y lo mandaron de vuelta a España.
- Tuvo suerte. Andrés, primo de un amigo, desapareció en una aldea de Huehue.
Era misionero o algo así.
- Y quienes lo hicieron desaparecer ¿eran católicos?.
- Algunos se llamaban cristianos: iban a su templo. El alcalde que lo
denunció iba a misa y comulgaba cada domingo.
- Entonces ese dios en el que usted cree debe de tener dos caras.
- No. Es que hay dos dioses
- ¿Cómo?
- Sí. Hay un Dios que es y otro que no es.
Jaime puso cara divertida.
- Vaya, muchacha estás saliendo teóloga. ¡Sabes mucho!
Solamente lo que me ha enseñado la vida y los compañeros
- ¿Qué compañeros?
- Es un poco largo de explicar.
El bus estaba entrando en la calle de una ciudad o pueblo grande, justamente cuando los dos estaban empezando a hablarse de tú. Jaime y Trini se despidieron con unos “a ver si un día nos vemos” y los clásicos intercambios de dirección y teléfono. Esos papelitos que luego se olvidan en el fondo del bolsillo.

Jaime se quedó un rato mirándola alejarse.

Capitulo D : Tarjeta roia

Trini llegó por la mañana a la oficina. Una oficina que poco tenía que ver con lo que normalmente se llama oficina.

Dos habitaciones con las paredes estropeadas, tapizadas de afiches. En el despacho de Trini una estantería cargada de papeles, una mesa grande de pino con una computadora (los entendidos miraban aquel chunche con gesto compasivo).

En la otra sala algo parecido. Muebles, estanterías, papeles y sillas de plástico, de las que se apilan cuando no hay reunión.

Allí trabajaban dos hombres jóvenes, un viejo cargado de hombros, como si le hubiera caído encima mucho peso desde su juventud. Ese viejo y dos mujeres: Trini y otra compañera.

Para saber qué negocios se ventilaban en aquellos lujosos despachos bastaba con mirar los carteles de la pared.

Imágenes de mujeres y hombres también con la cabeza, la espalda cargada o las manos empuñando herramientas. Frases incitando a la unidad y a la acción social. Fotos de milpas y paisajes. En muchos de los afiches las siglas SOC y debajo: Sindicato Obrero Campesino.

Ya habían empezado sus actividades en los despachos cuando alguien llamó a la puerta. La compañera de Trini se levantó a abrir con precaución:

- Trini, alguien pregunta por ti.
Salió al pasillo. Una pareja, mujer y hombre jóvenes la saludaron con un afecto que parecía un poco exagerado o artificial. No entraron.

Desde dentro no se escuchaba la conversación pero se les veía dialogar, primero amistosamente, luego un poco excitados, y al final con muchos gestos de enojo. Al final los visitantes se despidieron con fría cortesía y se marcharon.

- Un lío menos-dijo Trini al volver.
- ¿Cuál era el lío - preguntó Juan Carlos, uno de los compañeros.
- Esos son los coordinadores del movimiento “caminos del espíritu”
- ¿Caminos de qué?
- Es una asociación de la parroquia. Parece que están cansados de mí y yo de ellos. Primero les parece mal que yo trabaje en un sindicato. Luego quieren que por las tardes les acompañe en un estudio de la Biblia.
- Eso no me parece mal
- A mí tampoco me parecía mal hasta que comprendí a qué llamaban estudiar la Biblia. Ahora vienen a proponerme que el próximo 1 de mayo organice yo en la parroquia la procesión de San José obrero.
- ¿El uno de mayo?
- Les he dicho que San José obrero no andaba de procesión. Estaba aquí con los compañeros del sindicato. Que yo ese día iré a la otra procesión, con pancartas y gritos desde el monumento a los campesinos hasta la puerta de la municipalidad. Me han llamado rebelde y atea. Que mejor no vuelva a las reuniones del movimiento

- ¿Lo de ellos es un movimiento?
- Un movimiento inmóvil

Desde el otro despacho se escuchó la voz de Julián, el viejo presidente del sindicato:
- Trini déjate de tonterías y vente a nuestro grupo de los martes en la parroquia de la Trinidad. Hace juego con tu nombre
- Trini se acercó al despacho:
- ¡No por favor, más grupos no!. Por ahora me basta con el sindicato.
- Lo nuestro no es sindicato, es una comunidad.
- Total lo mismo que esos “caminos del espíritu.”
- Si vienes verás que no. Allí no hay discursitos ni órdenes del jefe.
Todos participamos en el diálogo; y no nos dedicamos a procesiones. Platicamos sobre la realidad de lo que pasa en nuestra colonia, en el pueblo y en el país.
Luego, relacionándolo con eso meditamos algo del Evangelio y oramos a Dios
para saber lo que debemos hacer... y hacerlo.
Trini termino el dialogo con un “lo pensaré”.
Cada uno volvió a su trabajo.
Capítulo E: Fichaie de la federación
Chepe no podía sacar su pelota celestial a la calle. Sabía que duraría menos que un caramelo en la puerta de una escuela. Un caramelo o una pelota allí no durarían. Prefería jugar en el patio de su casa con dos o tres amigos que guardaban el secreto de ese trozo de campeonato de liga que botaba en el patio por entre la ropa tendida; la pelota acompañada por los gritos de la árbitra: mamá Juana.
- Una cosa que debían ustedes hacer - aconsejaba la mamá
- Es dar las gracias al P. Santiago, que no lo has visto después de que te regaló la pelota.
La pelota me la regaló Dios - contestó Chepe
- Bueno, como sea, pero el P. Santiago representa a Dios. Anden vayan,insistió la Juana mirando de reojo su ropa en peligro .
El P. Santiago estaba en el despacho rellenando una partida de matrimonio.
- Hola patojos, ¡qué hace por aquí esta trinidad de tres?
- Padre veníamos... que dice mi mamá... que...
- Que si es Dios quien ha tirado la pelota en la calle para Chepe. (Quien intervenía
era Carlitos echándole un cable al compañero)

- Pues yo no se mucho de fútbol - respondió el padre - pero cualquiera que haya
sido quien te tiró la pelota creo que estaba inspirado por Dios ¿ispi... qué?
- Bueno, como si Dios le hubiera dicho al oído: compañero a ver si haces feliz a ese
chirís.
Intervino Pedrito, el tercero de la trinidad:
- Y¿ quien puede ser ese compañero que le hizo caso a Dios?
- Ah eso no lo sé. Lo que sí pienso es que esto se puede hinchar
- ¿La pelota?
- La pelota ya está hinchada - aclaró el sacerdote -. El grupo, el grupo es lo que se
debe hinchar
- ¿Hinchar?
- Digo que puede crecer el grupo que está un poco desinflado. Que pueden jugar más
compañeros con esa pelota tan buena
- Pero nos podemos quedar sin pelota (ya hablaban los tres a la vez)
- Sí, es un peligro, pero peor es quedarse sin amigos.
- (Ya callaban los tres a la vez.) Siguió el P. Santiago que creía sobre todo en la
catequesis práctica.
- ¿Saben que se está organizando en la colonia un campeonato de fútbol? En la
parroquia Luis prepara un equipo. Pueden prestar la pelota.
Se miraron los tres y habló Chepe:
- Entonces ¿también podremos jugar nosotros en el equipo? Yo de portero y estos dos
de defensas derecho e izquierdo.
- Yo solo se que se pondrán los demás muy contentos si les prestan la pelota. También es probable que se puedan quedar sin ella. Ya saben cómo está la colonia. Pero el jugar a la derecha o a la izquierda no me corresponde a mí decidirlo sino a Luis el entrenador.
- Cuando salían los tres de la parroquia, después de haber dado un “sí, bueno, Padre” con el estómago un poco encogido, dijo Pedrito: Pero no le hemos dado las gracias al Padre Santiago No contestó Chepe - pero le hemos dado la pelota. Bueno, si a mí no
me costó comprarla, está bien que la sigamos dejando a los demás.

- El Padre de largas barbas blancas, el Hijo de la barba negra y la paloma
que agitaba las alas andaban precisamente paseando por allí y escucharon
la conversación . Se miraron diciendo: “ Esto funciona. A veces parece
que de verdad están hechos a nuestra imagen y semejanza.

Capítulo F.- Nuevo fichaie:

Llego el 1 de mayo. Trini se puso su más bonito huípil y salió camino del punto de partida. El monumento a los campesinos. Como siempre la marcha tardaba en salir y era el momento de encontrarse con “compas” de otras organizaciones, de comprar una visera para el sol, y alguna botella de agua...

Pronto (no muy pronto) las bocinas dieron la orden de marcha, se alzaron los carteles y las mantas. Empezó la manifestación. Cada grupo gritaba sus consignas, lucían playeras con frases contundentes, a veces cantaban con la voz más desafinada posible.

A medio camino lejos aun de la plaza alguien gritó:

- ¡Eh vos, Trini!
Al volverse escuchó el ¡clic! De una máquina de fotos y asomó detrás del aparato la cara sonriente del muchacho de Guadalajara.
- ¡Te cacé!
Fueron caminando juntos.
Entre grito y grito se contaban sus experiencias desde esos pocos días cuando habían llegado en el bus.
Jaime estaba empeñado en la construcción de la barriada Juan Gerardi a un par de kilómetros del pueblo. Intentaban que allí todo se hiciera en cooperativa y que los miembros de la colonia no fueran cada uno por su lado buscando su interés particular.
- Nos está costando. La gente está acostumbrada a hacer la vida cada uno solo, sin comunicarse. Estos treinta y seis años de guerra que han sufrido han dejado a todos muy reprimidos y callados. Las heridas han sido demasiado profundas... ¿Y tú a qué te dedicas?
-
- Ya ves (detrás caminaban los carteles y mantas del SOC) haciendo lo que puedo en el sindicato.
- ¿No será con estos compañeros donde me dijiste que aprendes a conocer a ese tu Dios que “sí es”.
- Pues sí, con ellos aprendo.
- Pensé que te lo enseñarían en alguna iglesia.
- Hace unas semanas que me salí de una asociación muy católica porque me querían llevar de procesión en vez de venir a esta marcha. Pero no estoy a gusto sola con mis ideas. No puedo vivir aislada. Empiezo a reunirme con una comunidad de base.
- De qué base?...
- Pues de esta base donde tenemos puestos los pies. Gente del pueblo, de abajo, que no intenta trepar ni buscar a Dios en las nubes ni en las torres sino en la tierra.
Jaime quedó en silencio. En ese momento pasaban por delante de la parroquia de San José y hubo un grupo que empezó a gritar:
¡ ¡ Salgan a marchar - que no basta con rezar! !.
Naturalmente nadie salió.
Jaime habló otra vez
- Oye tengo curiosidad por conocer esa base o comunidad de que hablas.
- Es fácil. El sábado por la noche, a las siete, en casa de don Efraín. Te presentaré al grupo.

Capítulo G. Entrenamiento para pequeños

Entre tantas idas y venidas a la parroquia, la mamá de Chepe se dio cuenta de que su hijo no había hecho la primera comunión. La verdad es que ella no la hizo hasta el día de su matrimonio y luego había vuelto poco a misa. Solo en funerales y bodas. Pero las vecinas la insistían en que convenía que el niño la hiciera. Puede hacerle falta para entrar en algún colegio o para... Dios sabe para qué. Chepe no se opuso. El P. Santiago era ya un poco amigo suyo, a pesar de la mala jugada que le hizo con lo de la pelota.

Juana fue con su hijo de la mano ( no de la oreja) a la parroquia.

- Padre, que mi Chepe... que tendría que hacer la comunión.
- ¿La comunión?. ¡Si ya la ha empezado a hacer!.
Juana abrió la boca pero no supo qué decir. Siguió el Padre:
- El otro día prestó la pelota para que jugase todo el equipo. La puso en común. Ya empezó a hacer comunión.

A Chepe le toco como catequista una tal Marisa que llevaba 14 años dando la misma catequesis, siempre con las mismas preguntas, los mismos ejemplos y las mismas respuestas.

Como Dios es eterno y no cambia, ella pensaba que también su enseñanza tenía que ser un poco eterna. Y a los niños se les hacían bastante eternas muchas de aquellas sesiones doctrinales.

Aquélla tarde el P. Santiago se daba un paseito entre los grupos escuchando cómo se defendían las y los catequistas. Al pasar junto al equipo de Marisa escuchó:

- Niños ,repitan conmigo: “Dios es uno en esencia y trino en
personas.
Aver repitan: Dios es uno...”
También el párroco escuchó a Chepe que preguntaba:
- Seño ¿y por qué trinó Dios?, ¿porqué trina?. ¿Es un pajarito? Marisa un poco desesperada : ¡nooo!, trino quiere decir que son tres
- ¿Tres pajaritos?
- Tres personas
- ¿Los pajaritos son personas?
- Los pajaritos., las personas. Dios....Mira niño cállate y repite lo que te enseño. Esto es un misterio.
Marisa iba enrojeciendo. El P. Santiago también pero de risa contenida. Marisa pidió socorro:
- Padre, padre, explíqueles a estos niños el misterio de la Santísima Trinidad.
El padre se tragó la risa, se volvió y se acercó un poco al grupito:
- Yo tampoco se lo puedo explicar. Como es un misterio tan
misterioso...
Pero miren aquel afiche de la pared ¿qué pone?
- Debajo de una foto donde sonreían agarrados de la mano varios niños y niñas Carlitos pudo leer en voz alta:
- DI-OS-ES-A-MOR.
- ¿El amor de que habla ahí es uno o muchos?.- Preguntó el Padre
- Es uno, porque es Dios - comentó una niña, Sami
- Si es amor tienen que ser por lo menos dos o tres- apuntó Rocío
- O más, añadió Carlitos
- Tienes razón; o más - explicó el P. Santi - porque el que ama solo lo suyo no ama, es un egoísta. No puede ser amor. Para quererse tienen que ser varios.
Carlitos le dio un pellizquito a Sami que le empujó molesta. Santiago hizo como que no veía y siguió:
- Cuando uno tiene una pelota (Chepe agachó un poco la cabeza) y no la presta a nadie, no puede estar muy unido con Dios. Si la deja para todos, la pone “en común” y si todos los demás también ponen en común lo que tienen, entonces se van pareciendo a la Santísima Trinidad que es algo así como un grupo de amigos, pero infinito, infinito, unidos infinitamente. Yo más no les puedo decir por ahora. Cuando sean mayores...
Marisa quedó rascándose la cabeza con el lápiz.
Chepe salió de la catequesis comentando con Carlitos:
- Entonces... aunque sea trino, Dios no es un pajarito, sino que es como una pelota con la que jugamos todos.
- Pero una pelota infinita, infinita, infinita

Capítulo H: Entrenamiento para mayores.

Por el tiempo en que Chepe comenzaba su catequesis Jaime empezaba a participar en esas reuniones de la comunidad que Trini llamaba “de base”. Esos días estaban comentando preocupados los intentos de los finqueros para dividir al sindicato y a los trabajadores.

Efraín informaba:
- Ya hemos perdido cuatro compañeros porque el dueño les ha sobornado. Les ofreció unas becas para que sus hijos hagan el diversificado en la capital
- Así nos quitan fuerza. Si cada uno va a lo suyo nunca llegaremos a tener unidad para defendernos
- Mientras tanto los capataces nos están presionando para que abandonemos las tierras pagándonos una miseria. Luego quieren vendérselas a una empresa minera. Parece que bajo esas tierras hay algo; cinc o estaño, o no sé.
- Lo malo es que nos están socavando la vida...El gobierno deja hacer y ni el
sindicato ni la parroquia ni organismo internacionales ni nadie parece que lo puede
evitar.
- Si fuéramos capaces de hacer presión juntos.... Todos: las comunidades, el sindicato, las parroquias, los vecinos
- Al paso que vamos sobornarán o amenazarán a muchos y nos quedaremos solos.
Siguieron analizando la situación.
En un momento Efraín echó mano a la Biblia:
- Precisamente este domingo... Escuchen el Evangelio: “De San Juan capítulo 17: Dice Jesús: “Padre que todos sean uno como tú y yo somos uno
Era la primera reunión de aquella comunidad a la que Jaime asistía. Intervino un poco inseguro:
- Yo tengo idea de que al principio de la Iglesia eran así las cosas. Estaban muy unidos.
- Más o menos, también tenían sus problemas - aclaró Julián - pero sí es cierto que las primeras comunidades ponían como centro la unión con Jesús y entre ellos. Hoy ya ves: el finquero financiando piadosamente las obras para la capilla de San Lorenzo mientras conspira para dividimos y quitarnos las tierras.

Habló Trini ;
- Lo vamos a tener difícil. Habría que comenzar un trabajo de conciencia entre los compañeros, los vecinos de las colonias. Que se den cuenta de lo que está pasando ylo que puede pasar en este pueblo. Que si no nos unimos nos van a devorar
Siguieron analizando la situación, comentando la Biblia en relación con lo que estaba pasando y planificando cómo actuar para que todo aquello no se quedase en palabras...

En un momento Jaime susurró al oído de Trini:

- Si todos los que se llaman creyentes tuvieran un Dios así cambiarían muchas cosas en este país. Eso del Dios uno y muchos, puede ser una revolución para los que dicen creer en Él.

La reunión terminó con una oración y un canto. Efraín echó mano a la guitarra y entonó el verso de Martín Fierro


Los hermanos sean unidos
porque esa es la ley primera,
tengan unión verdadera
en cualquier tiempo que sea
que si entre ellos se pelean
los devoran los de afuera.

Capítulo I: Remate a puerta.

(Este capítulo podría ser bastante largo si les cuento todo lo que fue sucediendo; pero lo voy a resumir en pocas palabras.)

Unas pocas semanas después, precisamente cuando se celebraba el domingo de la Santísima Trinidad, Jaime felicitó a Trini y la invitó a comer.
Mientras ella desenvolvía el regalo:
- Trini, me gustaría hablar más a fondo de este misterio de la Trinidad
- ¿Qué te inquieta ahora de la Trinidad?
- Pues que eso de ser muchos pero ser como uno, me gustaría que lo practicásemos entre tú y yo. Empezaríamos a ser dos y luego alguno más y poco a poco...
Trini se puso bastante colorada.

Capítulo J: Final del encuentro

Saltemos limpiamente un año y caigamos en el año siguiente:
Trini y Jaime llegaron, como él propuso, a la unidad . La boda fue en la parroquia de la Trinidad. Meses después fueron a vivir a la capital. Allí les nació una tiernita.
Para entonces Chepe ya había hecho la primera comunión a pesar de Marisa y de los trinos de los pajaritos. El P. Santiago se atrevió a aceptar a Chepe como acólito y precisamente aquel día se estrenaba ayudándole en el bautismo de María la nena de Trini y Jaime.

Allí estaban todos: con los padrinos, los amigos del SOC que había acudido del pueblo, mamá Juana y su esposo asombrados de que su hija fuera capaz de ser acólito, y hasta Marisa que tampoco se acababa de convencer de que Chepe estuviera allí vestido de una pequeña sotana.

El bautizo transcurrió normal....

- Trini y Jaime, ¿Desean que su hija Maria sea bautizada en la fe de Jesús?
- Si claro.
- Acérquenla pues a la pila bautismal.
- María, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hij o y del Espíritu Santo.
- ¡Chop! respondió una pelota cayendo, de no se sabe dónde, en la pila bautismal.
- María yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hij o y del espíritu
Santo.
- ¡chop! respondio una pelota cayendo, de no se sabe dónde, en la pila bautismal.
- Trini, Jaime, el P. Santiago, Juana y consorte, los del SOC, Chepe y hasta Marisa respondieron a coro:
- ¡Gooooool!

++++

Esta pequeña narración estará seguida. en el próximo blog de una reflexión que intenta meditar sobre lo que llamamos Santísima Trinidad y lo que llamamos Comunidad