Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

29 de enero de 2021

Evangelio Marcos 1, 21 – 28 y reflexión de Antonio Pagola

ENSEÑAR CURANDO

 


Llegó Jesús a Cafarnaún, y cuando al sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.

Jesús lo increpó:

Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

Su fama se extendió por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea (Marcos 1, 21 – 28). 

 

UN ENSEÑAR NUEVO

Los letrados enseñan en nombre de la institución; se atienen a las tradiciones; citan una y otra vez a maestros ilustres del pasado; su autoridad proviene de su función de interpretar oficialmente la ley. La autoridad de Jesús es diferente; no viene de la institución; no se basa en la tradición; tiene otra fuente. Está lleno del Espíritu vivificador de Dios.

Los sondeos indican que la palabra de la Iglesia está perdiendo autoridad y credibilidad. No basta hablar de manera autoritaria para anunciar la Buena Noticia de Dios. No es suficiente transmitir correctamente la tradición para abrir los corazones a la alegría de la fe. Lo que necesitamos urgentemente es un <<enseñar nuevo>>.

No somos <<escribas>> sino discípulos de Jesús. Hemos de comunicar su mensaje, no nuestras tradiciones humanas. Hemos de enseñar curando la vida, no adoctrinando las mentes. Hemos de contagiar su Espíritu, no nuestras teologías.

ENSEÑAR CURANDO

Los evangelistas ponen en boca de Jesús frases que lo dicen todo: <<Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia>> (Juan 10,10).



No hemos de pensar solo en las curaciones. Toda su actuación trata de encaminar a las personas hacia una vida más sana.

Su lucha por crear una convivencia más humana y solidaria; su ofrecimiento de perdón a gentes hundidas en la culpabilidad y la ruptura interior, su ternura hacia los maltratados por la vida o por la sociedad; sus esfuerzos por liberar a todos del miedo y la inseguridad, para vivir desde la confianza absoluta en Dios…

No es extraño que, al confiar su misión a los discípulos, Jesús los imagine no como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores: <<Proclamad que el Reino de Dios está cerca: curad enfermos, resucitar muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios>>. La primera tarea de la Iglesia no es celebrar culto, elaborar teología, predicar moral, sino curar, liberar del mal, sacar del abatimiento, sanear la vida, ayudar a vivir de manera saludable. Esa lucha por la salud integral es camino de salvación y promesa de vida eterna.

La Iglesia ha de recuperar su misión sanadora si quiere enseñar el camino de la salvación. Jesús actuó así.

ENSEÑAR COMO ENSEÑABA JESÚS

Su palabra no es como la de los letrados de la religión judía. No está revestida de poder institucional. Su <<autoridad>> nace de la fuerza del Espíritu. Proviene del amor a la gente. Busca aliviar el sufrimiento, curar heridas, promover una vida más sana. Jesús no genera sumisión, infantilismo o pasividad. Libera de miedos, infunde confianza en Dios, anima a las personas a buscar un mundo nuevo.

¿No es el momento de volver a Jesús y aprender a enseñar como lo hacía él ? La palabra de la Iglesia ha de nacer del amor real a las personas.

Necesitamos una palabra más liberada de la seducción del poder y más llena de la fuerza del Espíritu. Sería grave que, dentro de la Iglesia, se escuchara una <<doctrina de letrados>> y no la palabra curadora de Jesús que tanto necesita hoy la gente para vivir con esperanza.

NECESITAMOS MAESTROS DE VIDA

No es un discurso lo que sale de labios de Jesús. Tampoco una instrucción. Su palabra es una llamada, un mensaje vivo que provoca impacto y se abre camino en lo más hondo de los corazones.

Jesús no es <<un vendedor de ideologías>> ni un repetidor de lecciones aprendidas de antemano. Es un maestro de vida que coloca al ser humano ante las cuestiones más decisivas y vitales. Un profeta que enseña a vivir.

Es duro reconocer que, con frecuencia, las nuevas generaciones no encuentran <<maestros de vida>> a quienes poder escuchar. ¿Qué autoridad pueden tener las palabras de los dirigentes civiles o religiosos si no están acompañadas de un testimonio claro de honestidad y responsabilidad personal?

Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres que enseñen el arte de abrir los ojos, maravillarse ante la vida e interrogarse con sencillez por el sentido último de la existencia. Maestro que, con su testimonio personal, siembren inquietud, contagien vida y ayuden a plantearse honradamente los interrogantes más hondos del ser humano.

LOS MÁS DESVALIDOS ANTE EL MAL

Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muros invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos <<sanos>>.

Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia.

Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo.

¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados?. El Evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a << los poseídos por espíritus malignos>>. Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora. 


José Antonio Pagola