Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
.

22 de enero de 2021

Recuperar a Jesús como maestro interior

 RECUPERAR A JESÚS COMO MAESTRO INTERIOR


Antonio Pagola

Durante muchos siglos, la Iglesia ha venido entendiéndose a sí misma sobre todo como <<autoridad moral>>. Así se presentaba ante el mundo. Y así alcanzó en otros tiempos un gran prestigio y un poder con frecuencia desmesurado sobre las conciencias. Hoy esta autoridad se va desmoronando de manera acelerada.

Así, de un modo inesperado, al mismo tiempo que se va desplomando la autoridad moral de la Iglesia parece emerger un cristianismo que empieza a despertad a su propia interioridad.

<<Si los signos no engañan, el cristianismo en su totalidad está a punto de despedirse de su presentación moral, que en el presente domina su imagen, para entrar en un futuro místico>>.

Al parecer en no pocos cristianos comienza a despertarse el deseo de encontrar algún acceso al misterio de Dios a partir del silencio y la experiencia interior.

¿No ha llegado el momento de seguir a Jesús, no solo por caminos trazados por preocupaciones moralistas, sino aprendiendo de su relación con Dios a vivir también nosotros nuestra experiencia del misterio de Dios?.

1 Ante la crisis del magisterio de la Iglesia

Hay un hecho que ha de preocuparnos a los cristianos. Sectores importantes de fieles orientan hoy su vida sin tener en cuenta las directrices del magisterio eclesiástico. ¿Hacia dónde nos puede conducir este fenómeno creciente? ¿No ha llegado el momento de recuperar el <<magisterio interior>> de Jesús, tan olvidado entre nosotros? De poco servirá en el futuro insistir en el <<magisterio jerárquico>> si los creyentes – jerarquía y fieles – no escuchamos la voz de Cristo, <<Maestro interior>> que alienta, llama, interpela, guía y consuela con la fuerza de su Espíritu a quienes le siguen.

Antes que nada, hemos de recordar que la fe viva no se encuentra depositada en las fórmulas escritas de los <<credos>> ni en los libros en los que se recopila la doctrina de los concilios, sino en el corazón de los creyentes, alentada, iluminada y alimentada por el Espíritu de Cristo, que habita en nosotros.

La fe cristiana necesita también hoy, la orientación de responsables de la jerarquía, pero los seguidores de Jesús-hombres y mujeres-, ¿no necesitamos en estos tiempos ser invitados y ayudados a escuchar a Jesús como Maestro interior?.

2 Recuperar a Jesús como Maestro interior

Para bastantes cristianos de nuestros días, la resurrección de Jesús se reduce a un hecho del pasado. Algo que le sucedió al muerto Jesús hace más de dos mil años. Un acontecimiento lejano e inaccesible, de importancia decisiva para la fe en Jesucristo, pero que no sabemos vivir hoy desde nuestra propia experiencia.

Sin embargo, para Pablo de Tarso, encontrarse con el Resucitado es, antes que nada, una experiencia interior que le hace decir algo admirable: <<Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí>>(Gálatas 2,20). Esta experiencia no es un privilegio personal de Pablo. Es algo que también pueden experimentar otros creyentes.


Esta experiencia de Cristo resucitado que habita en lo profundo de nuestro ser es lo que nos permite abrirnos a él como <<Maestro interior>>. En el Evangelio de Mateo, Jesús pide a sus discípulos y a la gente que se resistan a la tentación de convertir su movimiento en un grupo dirigido por sabios maestros o padres autoritarios:<<No os dejéis llamar “maestro”, porque uno solo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis “padre” a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo>>(Mateo 23,8-9). No hemos de olvidarlo: Jesús ha de ser siempre nuestro Maestro. También hoy.

Según Pablo, ese Maestro interior que es Cristo no nos transmite propiamente doctrina. Nos enseña, sobre todo, a vivir invocando y acogiendo el misterio del Padre con confianza absoluta.

Partiendo de esta experiencia de los primeros creyentes, fue san Agustín de Hipona quien reivindicó la importancia de Jesús como <<Maestro interior>> y la introdujo con fuerza en la teología: <<Tenemos un solo Maestro, y bajo él todos somos condiscípulos. No nos constituimos en maestros por el hecho de hablaros desde el púlpito. El verdadero Maestro habla desde dentro>>.

Las palabras que pronuncian los predicadores solo han de servir de guía e invitación para que cada creyente escuche dentro de sí la voz de Cristo. Eso es lo decisivo.

Esto trae consigo al menos dos exigencias. Antes que nada, para quienes hablan con autoridad dentro de la Iglesia. No son los propietarios de la fe ni de la moral cristiana. Su misión no es enjuiciar ni condenar a las personas. No son maestros de nadie. Son discípulos que han de vivir <<aprendiendo>> de Cristo.



Por otra parte, todos hemos de recordar que lo importante, al oír la palabra del magisterio, es sentirnos invitados a volvernos hacia dentro para escuchar la voz del único Maestro.

Nos lo recuerda el mismo San Agustín: <<No andes por fuera. No te disperses. Adéntrate en tu intimidad. La verdad reside en el hombre interior>>. Por eso exhorta así a los creyentes: <<Deberíamos conocer esa voz- la del Maestro interior-, conocerla bien, percibirla en lo más íntimo para apropiárnosla>>.

La herencia de san Agustín fue recogida por el gran teólogo y contemplativo alemán Nicolas de Cusa(siglo xv). Esta es la experiencia que vive y que quiere transmitir a todos: <<Mientras yo permanezco en meditación silenciosa, tu, Señor, hablas a mi corazón>>.

Estoy convencido de que, precisamente en estos tiempos tan convulsos, recuperar a Jesús como Maestro interior en nuestras comunidades y parroquias nos puede llevar a los cristianos de hoy a la renovación interior de nuestra fe.

3 Jesús, principio de renovación interior de nuestra fe

A lo largo del desarrollo histórico del cristianismo, Jesús ha sido encerrado en una especie de relicario de fórmulas, doctrinas y teologías que nos impiden tomar contacto vivo con él como Maestro interior.

Uno de los autores que mejor ha intuido esta necesidad ha sido Romano Guardini. En un pasaje de su obra <<La esencia del cristianismo>> dice así: <<No existe ninguna definición abstracta de la esencia del cristianismo. No hay doctrina alguna, ni entramado alguno de valores éticos, ni actitud alguna religiosa o forma de vida que, separados de la persona de Cristo, pueda decirse que son lo cristiano. Lo cristiano es él mismo; lo que por él le llega al hombre y la relación que, a través de él, puede tener con Dios>>.

Es cierto. Si entramos interiormente en contacto con Cristo, se va enriqueciendo nuestra experiencia interior de Dios y se va transformando nuestra vida.

El papa Francisco ha percibido con clarividencia la pobreza de la fe cuando no hay un encuentro personal con Cristo, y se está esforzando para hacernos volver a él, porque Cristo <<siempre puede, con su verdad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad>>.

<<Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y sorprendernos con su creatividad divina>> (Evangelii gaudium 11).

En el creyente que busca vivir escuchando a Jesús como Maestro interior, fácilmente se despierta una relación amistosa y confiada en él. Así les dice Jesús a sus discípulos en el Discurso de despedida: << A vosotros ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer>>(Juan 15,15).

La figura de Jesús como Maestro interior nos invita a vivir en contacto interior con él. La figura de Jesús como <<Amigo>> nos atrae a ir creciendo en una relación cada vez más íntima y confiada con ese Maestro interior.

(Próximo capítulo: CONVERTIRNOS EN DISCÍPULOS DE JESÚS )