Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

4 de noviembre de 2021

El Evangelio domingo 7 de noviembre-2021, Reflexiones de J.A. Pagola

 

LO QUE NOS PUEDEN ENSEÑAR LOS POBRES

 


En aquel tiempo enseñaba Jesús a la multitud y les decía:

¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.

Estando Jesús enfrente del cepillo del templo observaba a la gente que iba echando dinero; muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo:

Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de los que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir (Marcos 12, 38-44).

 

CONTRASTE

 

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca  les enseñarán los escribas: una confianza total en Dios y una generosidad sin límites.

Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus <<largos rezos>> en público se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas.

De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.

 

LA LECCIÓN DE LA VIUDA POBRE

 

La escena es conmovedora. Una pobre viuda se acerca calladamente a uno de los tres cepillos colocados en el recinto del templo. Muchos ricos están depositando cantidades importantes. Casi avergonzada, ella sus dos moneditas de cobre, las más pequeñas que circulan en Jerusalén.

Jesús lo ve de otra manera: <<Esta pobre viuda ha echado más que nadie>>. Su generosidad es más grande y auténtica. <<Los demás han echado lo que les sobra>>, pero esta mujer que pasa necesidad <<ha echado todo lo que tiene para vivir>>.

En las sociedades del bienestar se nos está olvidando lo que es la <<compasión>>. No sabemos lo que es <<padecer con>> el que sufre. Cada uno se preocupa de sus cosas. Los demás quedan fuera de nuestro horizonte. Cuando uno se ha instalado en su cómodo mundo de bienestar, es difícil <<sentir>> el sufrimiento de los otros. Cada vez se entienden menos los problemas de los demás.

 

UNA ILUSIÓN ENGAÑOSA

 

No es fácil recuperar <<las entrañas>> ante el sufrimiento ajeno cuando uno se ha instalado en su pequeño mundo de bienestar. Mientras solo nos preocupe cómo incrementar la cuenta corriente o hacer más rentable nuestro dinero, será difícil que nos interesemos realmente por los que sufren.

Que duras nos resulta en su tremenda verdad las palabras de Jesús alabando a aquella pobre viuda que acaba de entregar sus monedas: <<Los demás han dado lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir>>.

Damos de vez en cuando nuestro dinero, pero no somos capaces de dar parte de nuestro tiempo o nuestro descanso.

En la vida misma de familia, ¿no es a veces más fácil dar cosas a los hijos que darles el cariño y la atención cercana que necesitan? ¿No resulta más cómodo subirles <<la paga>> que aumentar el tiempo dedicado a ellos?

Las palabras de Jesús nos obliga a preguntarnos si vivimos solo dando de lo que nos sobra o sabemos dar también algo de nuestra propia vida.

 

MALA CONCIENCIA


Es verdad << y hay que decirlo en voz alta>> que en la Iglesia hay muchas, muchísimas personas, grupos, organismos, congregaciones, misioneros, voluntarios laicos, que no solo se preocupan de los pobres, sino que, impulsados por el mismo espíritu de Jesús, dedican su vida entera y hasta la arriesgan por defender la dignidad y los derechos de los más desvalidos, pero, ¿cuál es nuestra actitud generalizada en las comunidades cristianas de los países ricos?.

Mientras solo se trata de aportar alguna ayuda o de dar un donativo no hay problema especial. Las limosnas nos tranquilizan para seguir viviendo con buena conciencia. Los pobres empiezan a inquietarnos cuando nos obligan a plantearnos que nivel de vida nos podemos permitir, sabiendo que cada día mueren de hambre en el mundo no menos de setenta mil personas.

Por lo general, entre nosotros no son tan visibles el hambre y la miseria. Lo más patente es la vida injustamente marginada y poco digna de los pobres. En la práctica, los pobres de nuestra sociedad carecen de los derechos que tenemos los demás; no merecen el respeto que merece toda persona normal; no representan nada importante para casi nadie. No nos dejan vivir con buena conciencia.

El episodio evangélico en el que Jesús alaba a la viuda pobre nos deja avergonzados a quienes vivimos en nuestro bienestar.

Cuántas veces son los pobres los que mejor nos enseñan a vivir de manera digna y con corazón grande y generoso.

 

NEUROSIS DE POSESIÓN

 

El modelo de sociedad y de convivencia que configura nuestro vivir diario está basado no en lo que cada persona <<es>>, sino en lo que cada persona <<tiene>>.

Lo importante es <<tener>> dinero, prestigio, poder, autoridad…El que posee esto sale adelante y triunfa en la vida. El que no logra algo de esto queda descalificado.

La comunicación queda sustituida por la posesión de cosas.

Las personas se acostumbran a valorarse a sí misma por lo que poseen. Y, de esta manera, corren el riesgo de irse incapacitando para el amor, la ternura, el servicio generoso, la ayuda solidaria, el sentido gratuito de la vida. Esta sociedad no ayuda a crecer en amistad, solidaridad y preocupación por los derechos del otro.

La grandeza de una vida se mide en último término no por los conocimientos que posee, ni por los bienes que ha conseguido acumular, ni por el éxito que ha podido alcanzar, sino por la capacidad de servir y ayudar a otros a vivir de manera más humana.

 




José Antonio Pagola