Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

12 de julio de 2023

MALOS MANEJOS DE ESTADOS UNIDOS

Política de Washington Contra Rusia Afecta a Latinoamérica

Pablo Jofre Leal

Ya en marzo del año 2022, apenas un mes después del inicio de la operación militar de la federación de Rusia denominada de desnazificación y desmilitarización del régimen de Kiev, la ex secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL – Alicia Bárcena consignaba, en un artículo de opinión titulado “Efectos económicos y financieros en América Latina y el Caribe del conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania” (1) que la guerra en Europa oriental, tendría un fuerte impacto en las economías de América Latina y el Caribe.

Impacto a través de varios canales: canal comercial con efectos directos e indirectos. Canal de precios de las materias primas, incluyendo allí los términos de intercambio, junto a las dificultades de inflación. Y, finalmente, el canal financiero. Las advertencias de la Sra. Bárcena se basaban, fundamentalmente, en la apreciación respecto a que el comercio mundial ya se encontraba debilitado – efectos de la pandemia por el Covid 19 – antes del conflicto pero que en áreas estratégicas dependían fuertemente de la producción de Rusia y Bielorrusia. Las exportaciones de productos energéticos de la Federación de Rusia, Ucrania y Belarús – Bielorrusia - representan el 12% de las importaciones mundiales, mientras que en el caso de los productos mineros esta proporción aumenta al 27%. Rusia es un importador clave de petróleo y gas natural y sus decisiones particulares, como aquellas que se tomen en organismos como la Organización de países Exportadores de Petróleo – OPEP – inciden fuertemente en los precios internacionales. Una OPEP que además, no se ha sumado a las presiones de occidente en el plano de sanciones, reducción de la producción u otras medidas para afectar la industria energética de Rusia.

En el estudio de la CEPAL se afirma que el fuerte aumento del precio del petróleo y el gas, derivado del conflicto, con la interrupción de los envíos a Europa por orden de Washington a sus socios de la Unión Europea, no sólo ha favorecido a la industria hidrocarburífera de Estados Unidos elevando los precios para las sociedades europeas hasta en cuatro veces, con todos los efectos que dicha situación ejerce sobre economías dependientes como las latinoamericanas. Esa alza de precios ha beneficiado a los exportadores de energía de la región, como Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Venezuela, junto a Trinidad y Tobago, entre otros. “Sin embargo, se debe considerar que incluso los países exportadores de hidrocarburos de la región son importadores de derivados, de productos de refinación, como es el caso de las gasolinas, por lo que el efecto no es directamente positivo”.

En general, los países latinoamericanos importadores de energía se han visto afectados negativamente Los países importadores de energía se han visto afectados negativamente con evidentes y lesivas presiones sobre la balanza comercial producto de las decisiones estadounidenses de presionar a los gobiernos latinoamericanos para que cesen su comercio con Rusia, al mismo tiempo que se ha sancionado a la industria energética rusa en la relación con esta parte del planeta. Ante el alza de los precios internacionales de los combustibles fósiles, los países de Latinoamérica con escasísimo poder de refinación dependen de la importación de los productos y subproductos – tales como gasolinas, gas butano, detergentes, etanol, asfalto, fertilizantes entre otros - y se ven obligados a adoptar medidas que permitan evitar o reducir el incremento sostenido de los precios de los combustibles a la sociedad y con ello un alza inflacionaria. Tal es el caso de Chile que ha adoptado la modalidad de aumentar los recursos del llamado Mecanismo de Estabilización de los Precios de los Combustibles – MEPCO – Subsidios en México. Rebaja de impuestos en El Salvador. Brasil un fondo de estabilización.

Estados Unidos y sus aliados, como muestra de su política hipócrita contra algunos países de Latinoamérica, en especial con Venezuela, pretende suplir las pérdidas ocasionadas por el embargo a la producción rusa, con el suministro del combustible venezolano. Esto, a pesar de dos décadas de presiones, bloqueos, usurpación y robo de activos venezolanos, en que el contexto internacional vuelca los ojos y el interés de Washington hacia su producción petrolera. Ha sido tan evidente el objetivo norteamericano de apoderarse de las riquezas hidrocarburíferas del país sudamericano que el propio ex presidente estadounidense Donald Trump confesó, en forma desvergonzada en un mitin político que “Cuando me fui, Venezuela estaba a punto de colapsar. Nos hubiéramos apoderado de ella, nos hubiéramos quedado con todo ese petróleo" (2) Revelación sin filtro ni pudor alguno, dada en el marco de críticas al Gobierno de Joe Biden por esta idea de favorecer el comercio de hidrocarburos con el gobierno de Nicolás Maduro, unido a la crisis económica y de combustible en los propios Estados Unidos.

La responsabilidad de Estados Unidos en la crisis económica mundial, del alza en los precios de los combustibles y alimentos, unido a la preocupante desaceleración de las exportaciones “en que la economía de la región y el mundo se han visto impactadas por una caída de la actividad a raíz de políticas monetarias restrictivas” (3) pero también y esto es innegable, por la incertidumbre frente al conflicto en ucrania donde a Estados Unidos y sus cervatillos de la Unión Europea, que se han convertido en el patio trasero del siglo XXI de Estados Unidos, que no buscan una resolución pacífica a la contienda, sino que debilita a Rusia y al mismo tiempo, como objetivo paralelo impedir, frenar e incluso atacar la política expansiva económica de la República Popular de China.

En opiniones expresadas ante medios rusos se constata esa idea que las sanciones contra Rusia y las presiones a países latinoamericanos, no han podido impedir sus relaciones "Los paquetes de sanciones generados por la OTAN, por Estados Unidos y la Unión Europea (UE) no han tenido la eficacia que sus ejecutores pensaron. Se produjeron dos fenómenos: por un lado, han fracasado porque no se han disminuido los contactos comerciales y de cooperación con América Latina. Por otro lado, han derivado en un incremento de las relaciones con algunos países… El fracaso de las sanciones es indudable y es visto con mucha preocupación por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que trata de volver a la carga, tratando de disciplinar a los gobiernos latinoamericanos" (4)

En este panorama donde Estados Unidos pretende mantener su hegemonía a costa del bienestar de gran parte del planeta gris se levanta como un elemento de luz y positivo la posición independiente que han ido tomando un gran número de países latinoamericanos respecto a Washington. Conducta que causa la irritación del gobierno de Estados Unidos, que constata día a día que su hegemonía va a la baja. La Casa Blanca intenta, permanentemente, intimidar a los gobiernos al sur del Río Grande, por su negativa a unirse al coro mediático, político y falsario en su “cruzada antirrusa” y así sancionar en todas las esferas al país euroasiático. Por ejemplo, ningún país latinoamericano se sumó a la exigencia de Washington – enviando incluso al canciller Olaf Scholz a Chile, Argentina y Brasil – de entregar las armas rusas que tenían en sus depósitos como “aporte” al gobierno ucraniano.

El mandatario argentino Alberto Fernández tras la visita del canciller alemán declaró que “Argentina no está pensando en enviar armas a Ucrania”. Palabras del mismo tenor a las expresadas por los presidentes de México Andrés Manuel López Obrador, de Colombia Gustavo Petro y de la República Brasil Luís Inazio Lula da Silva (5). Un buen ejemplo es que hace mucho tiempo esta Latinoamérica ha dejado de ser el patio trasero de Estados Unidos, aunque algunos gobiernos quieran seguir pastando en el jardín de la Casa Blanca. Como latinoamericanos, necesitamos diversificar nuestro comercio, establecer relaciones amplias, deshacerse de ese dominio malsano que tanto daño nos ha hecho. Expulsar a todo soldado instalado en las bases militares a lo largo del continente y podemos pensar que ya no es un sueño – como suelo sostenerlo – “Porque esta gran humanidad ha dicho: «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente” (6).

TELESUR