Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

10 de abril de 2026

108 COMUNICADO CÍRCULO DE SILENCIO

Cádiz 10 de abril de 2026. 

Comenzamos nuestro Círculo de Silencio poniendo el foco en las guerras, y en las consecuencias que estas tienen en las personas migrantes y desplazadas.

A día de hoy, más de cincuenta conflictos armados siguen activos en distintos lugares del planeta, más de cincuenta escenarios donde la violencia forma parte de la vida cotidiana, más de cincuenta lugares donde sobrevivir se ha convertido en el único objetivo. Desde la guerra en Ucrania, hasta la devastación en Gaza y la creciente tensión en Oriente Próximo, pasando por las guerras en Sudán, en el Sahel, en países como Mali, Burkina Faso o Níger, los conflictos prolongados en Yemen y Myanmar, y las crisis crónicas como la de la República Democrática del Congo.

Guerras distintas en contextos distintos, pero con unas mismas consecuencias: millones de personas obligadas a huir, personas que sostienen sobre sus espaldas el peso de todas las guerras.

Porque cada conflicto suma nuevas historias de desplazamiento, cada guerra multiplica el número de personas migrantes forzadas, Cada bomba, cada ataque, cada amenaza… empuja a alguien a abandonar su hogar, y mientras las guerras se multiplican, también lo hacen las fronteras, los muros, los obstáculos.

Por eso hoy recordamos que ninguna de estas guerras es única, que todas están conectadas, y que todas tienen rostro humano.

Hoy nos reunimos en silencio, un silencio que no está vacío, un silencio que contiene dolor, memoria y dignidad, un silencio que no olvida.

Nos convoca el sufrimiento de quienes resisten, de quienes han tenido que huir.

Hace apenas un mes, una nueva escalada de violencia en Oriente Próximo ha vuelto a sacudir al mundo, solo un mes y las consecuencias ya son devastadoras: Más de mil personas han sido asesinadas en Irán, Entre ellas, al menos 165 niñas y niños que murieron en un ataque contra su escuela, en un lugar donde deberían haber estado a salvo. Al menos 3,2 millones de personas han sido desplazadas dentro del país, tres millones de historias interrumpidas, tres millones de vidas obligadas a empezar de nuevo, sin nada. En Líbano, más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares, más de 130.000 han cruzado fronteras en busca de refugio, y detrás de cada una de estas cifras hay una casa vacía, una familia separada, un futuro roto. Hablamos de personas que han tenido que salir corriendo sin poder llevarse nada, personas que han dejado atrás a sus seres queridos, que no saben si podrán volverá ver, hablamos de madres que protegen a sus hijos bajo las bombas, de niños y niñas que crecen con miedo, de ancianos que no pueden huir con la misma rapidez que la guerra avanza. La salud de millones de personas está en riesgo.

Pero esta tragedia no empieza ahora, se suma a otras crisis que ya existían. Hoy, al menos 14 millones de personas refugiadas en la región están siendo afectadas por esta nueva violencia, personas que ya habían huido antes, que ya conocían el exilio, que ya lo habían perdido todo… y que hoy vuelven a perderlo.

En este contexto, hablar de guerra es también hablar de migración forzada, porque cuando la violencia arrasa con todo, migrar no es una elección, es una cuestión de supervivencia, las personas migrantes y refugiadas no huyen por voluntad, huyen porque no hay alternativa, huyen de las bombas, del miedo, de la muerte. Y sin embargo, cuando llegan a otros territorios, muchas veces no encuentran protección, encuentran

fronteras cerradas, leyes restrictivas, discursos de rechazo que las señalan y las deshumanizan, se ven obligadas a recorrer rutas cada vez más peligrosas, a arriesgar sus vidas en el mar, en desiertos, en caminos inciertos, y a depender de redes inseguras.

Muchas quedan atrapadas en países que no pueden garantizar su protección, otras son rechazadas en las fronteras, y otras ni siquiera logran llegar.

Y especialmente dura es la situación de quienes ya eran migrantes o refugiadas antes de esta nueva guerra, personas que han sido desplazadas una y otra vez, que no tienen un lugar al que regresar y que viven en un exilio permanente.

Y mientras tanto, el coste de la guerra supera los 1.000 millones de dólares al día. ¿Podemos calcular cuánto es 1.000 millones diarios ?. A modo de ejemplo, un hospital moderno bien equipado puede costar entre 100 y 300 millones, con 1.000 millones se podrían construir entre 3 y 10 hospitales nuevos cada día, hospitales que podrían salvar miles de vidas, atender a población desplazada, garantizar atención sanitaria básica. una escuela completa puede costar entre 5 y 20 millones dependiendo del tamaño, con 1.000 millones se podrían construir entre 50 y 200 escuelas cada día, escuelas para niños y niñas refugiadas, zonas rurales sin acceso a educación y reconstrucción tras conflictos.

El coste de construir una vivienda social puede rondar 50.000–100.000 dólares, con 1.000 millones se podrían construir de 10.000 a 20.000 viviendas cada día, hogares para personas refugiadas, familias desplazadas y reconstrucción tras la guerra. con unos pocos de dólares al día se puede alimentar a una persona en emergencia, con 1.000 millones se podría alimentar a 12 millones de personas durante un día. Y si hacemos la comparativa en cuando a grandes logros de la construcción a favor del desarrollo humano, La ampliación del Canal de Panamá costó unos 5.000 millones, eso equivale a 5 días de gasto de guerra, y con 1000 millones se podría construir la mitad de la mayor planta solar del planeta que diera energía a millones de hogares en países subdesarrollados.

Mil millones diarios para destruir, para arrasar vidas, y sin embargo, no hay recursos suficientes para acoger, para proteger, para promover o para integrar.

Esta contradicción nos interpela, nos obliga, nos señala, porque no es solo una crisis lejana, es una cuestión de derechos humanos, de justicia, de humanidad, y por eso hoy, desde este Círculo de Silencio, denunciamos: Los ataques contra la población civil, contrarios al derecho internacional, el uso de la violencia que obliga a millones de personas a desplazarse, la falta de protección efectiva para las personas migrantes y refugiadas, las políticas que levantan muros en lugar de tender puentes, la indiferencia que convierte el sufrimiento en rutina, y recordamos con claridad y con firmeza que nadie elige migrar por antojo, ni abandona su hogar si no es porque quedarse significa morir.

Migrar y buscar refugio es un derecho. Por eso exigimos el fin inmediato de la violencia, el respeto al derecho internacional humanitario, la protección real de la población civil, vías legales y seguras para las personas migrantes y refugiadas, políticas de acogida dignas, humanas y solidarias.

No podemos acostumbrarnos a estas cifras, a normalizar este sufrimiento, no podemos permitir que la distancia nos haga indiferentes, porque cuando dejamos de mirar, cuando dejamos de escuchar, cuando dejamos de nombrar…las personas desaparecen.

Hoy guardamos un silencio que recuerda, que denuncia, que resiste, y que dice, alto y claro, que ninguna persona es ilegal, que ninguna vida vale menos, que ninguna historia debe ser olvidada, porque frente al ruido de la guerra, nuestro silencio es humanidad, es compromiso y es esperanza.

Muy poco se puede hacer a nivel personal para paliar tanta violencia, pero si nos juntamos en gestos como estos, de acudir a concentraciones y manifestaciones, que ya se convocan en todos los lugares del mundo, para mostrar nuestra desaprobación a este sin sentido, podemos mandar un mensaje a nuestros dirigentes para decirles que frente a la guerra, elegimos la humanidad, frente a la desigualdad, elegimos la dignidad, y frente a la indiferencia, elegimos la acogida, en un mundo donde todas las personas tengan los mismos derechos, y la mismas oportunidades de vivir

                                  Amigos, comienza nuestro TIEMPO DE SILENCIO.

MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS DE CÁDIZ Y CEUTA.

Colaboración de Juan García de Paredes.