Jesús ( Cuando murió Jesús, toda la humanidad murió )
Cuando nuestro
Bienamado murió, toda la humanidad murió, y todas las cosas quedaron por un
momento, quietas y grises; el oriente se oscureció, una tempestad surgió de su seno y barrió la
tierra.
Los ojos del cielo
parpareaban violentos, la lluvia desatóse en torrente y arrastró la sangre que
manaba de sus manos y pies.
Yo también morí. Pero
en la profundidad de mi letargo le oí hablar y decir:
Padre, perdónalos, por
no saber lo que hacen.
Su voz buscó mi
contrito espíritu y fuí arrojado a la playa.
Abrí los ojos y vi su
cuerpo blanco como mecido entre las nubes; y las palabras que yo había oído
tomaron forma dentro de mí y llegaron a ser un hombre nuevo. Y jamás volví a
entristecerme.
¿Quién se entristecería
por un mar que está descubriendo su faz o por una montaña que ríe al sol?
¿Sucedía realmente esto
en el corazón del hombre, cuando ese corazón era traspasado de dolor al
pronunciar semejantes palabras?
¿ Qué otro juez ha absuelto a sus jueces ? ¿Sucedíó alguna vez que el amor desafiara al odio con un poder más seguro de sí mismo?
¿ Oyóse jamás un trueno
semejante entre el cielo y la tierra?
¿ Habíase visto que el asesinado tuviese compasión de sus asesinos ?
Las estaciones se cansarán y los años pasarán antes que desaparezcan estas palabras: Padre, perdónalos, por no saber lo que hacen.
Vosotros y yo, así nazcamos una y otra vez, las recordaremos.
Y ahora deseo ir a mi casa y colocarme como un exaltado mendigo a su puerta.
( Gibrán Jalil Gibrán )
PALABRAS PARA EL
SILENCIO.
