¿Cuántas necesidades sociales pudieran haber
ayudado a resolver, o a mitigar, las devotas inversiones en estos objetos,
signos y símbolos que no dicen nada?
Las explicaciones "piadosas" que se
le confiere a mitras, báculos, anillos, soberanismo y tiaras (desaparecidas ya,
algo es algo) no pueden ser más aberrantes, abstractas, tontorronas, risibles y
absurdas, ofensivas para los creyentes y los no creyentes.
Pero “la esperanza es lo último que se pierde”
y más en los tiempos “franciscanos” que, por ahora, podemos vivir…
25.08.2019 Antonio Aradillas
El principio, en este caso, coincide con
exactitud con las definiciones académicas de
“signo” y de “símbolo”, dando por supuesto el ámbito de lo eclesiástico. La
RAE refiere con autoridad y semántica, que “signo –señal- es lo que representa,
sustituye o evoca en el entendimiento un objeto, un fenómeno o una acción”.
“Símbolo es el objeto material que representa una realidad inmaterial, mediante
una acción socialmente aceptada”.