Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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13 de agosto de 2016

Lo que va de ayer a hoy... EL UNO



Historias bíblicas  de ayer que se repiten hoy

Dicen que los mayas inventaron el 0. Pero yo me pregunto ¿quién inventó el 1?, ¿O todavía está sin inventar?

El UNO

Ayer

Lo primero que existió fue el cohete. No digo el cohete espacial sino el de feria.  Se llamaba Big bang (nota 1).   Miren si no: Ahí empezó la fiesta hace, según dicen, 13.810 millones de años

Los sabios afirman que esos  millones de chispas hoy son las  estrellas,  los  astros,  los planetas.  Uno    de ellos es la tierra donde caminamos y sembramos  maíz, trigo y papas. La tierra, comparándola con todo el universo, es como  una bolita,  unas 1000  veces más pequeña que  el  sol.  En  esa  bolita  cabemos  nosotros  y nosotros, unos  seres microscópicos también, comparados con el universo.

Hombres y mujeres  somos hormiguitas  perdidas en el espacio. Las torres, las pirámides, el Himalaya  y  las  que  llamamos  cumbres  de  la tierra son pequeñas arrugas en su corteza.

Pero nosotros, esos  microbios,  a los  que ya no se  nos  ve  desde  la  luna,  aquí abajo nos sentimos  grandes  y nos  llamamos  señor  y señora, o  licenciado  licenciada, o excelentísimo señor o monseñor.  Pero seguimos siendo una chispita de ese big bang, la explosión primera donde todo comenzó hace… ¿cuánto?  Lo dijimos: Trece mil y pico millones de años, minuto más o menos.


Sobre esa bolita dicen que nos movemos más de 7.000 millones de hormigas, perdón de personitas, que intentamos vivir, o matarnos a veces, esparcidos por esa chispa, ya enfriada, del big bang que explotó.

Tan pequeñitos e insignificantes somos, pero,  a pesar de todo hemos aprendido a hablar, a sembrar, a construir, a usar unos aparatitos con teclas, a volar por el espacio sin apartarnos demasiado de nuestra bolita, no nos vayamos a perder  en  el  espacio, porque  no  sabríamos volver.

En nuestra  bolita  tierra,  además  de  nosotros crecen y viven plantas, animales,  seres de distinto tamaño y forma.

Ahí estamos    todos, en esta chispa de la gran explosión, perdida entre los millones de las otras “chispas”.  No sabemos si hay o no  seres vivos como nosotros en otra parte del universo.

Esa duda  les viene  bien a las revistas y emisoras para atraer a los  curiosos  que buscan  platillos volantes.

Pero también todos los habitantes de la bolita tierra nos preguntamos: “bueno y ¿quién  disparó esa explosión del cohete big bang?

Pues, como desde pequeños nos han pintado a Dios como un viejito con larga barba, nos lo imaginamos haciendo el ¡bang! del principio.

Después del bang pensamos que Dios se  quedó asomado al balcón del universo viendo lo que iba a suceder con todas esas chispitas. ¡Pero hombre,  no!  Ese  Dios  no es  ni  viejito  ni jovencito, ni blanco ni negro, ni persona humana.

Algunos, a ese poder que  hizo nacer el universo lo llaman  el Tao, (en las religiones orientales), otros  Jehová,  otros  Alá,  otros  Dios  en  sus distintos idiomas.  Nos lo explica más sencillo  en la Biblia el evangelista Juan. Dios es amor.

Aquí no estamos haciendo un estudio científico y acaso podemos estar de acuerdo en que en eso que “explotó” y hoy existe en millones de formas y cuerpos, en millones de estrellas y seres vivos, ahí, con nosotros, en todo, está, el amor.

Cuidado; no el amor que consiste en que alguien acapare a una persona o a varias  para él solo.

No; sino el amor eterno sin límites  que está en todo y estamos todos en él. Todos y todo el universo sintiéndonos uno.

“Padre nuestro que estás en el cielo”… o sea:
“Amor eterno que estas en todo y todo está en ti”,  podríamos  decir.  Y  ese  amor,  que  llaman Alá, Dios, Tao… hace que todos y todo seamos uno.

……………..

En  un punto  pequeño  del  universo,  llamado Nazaret  apareció  un campesino  que  se  sintió llamado a proclamar la unidad de todo en el amor. Lo enseñó con palabras y obras.

Lo malo es que aquello sonó como blasfemia: “¿Cómo  nosotros los  judíos  vamos  a  estar unidos con los  samaritanos o con los paganos?

¿Cómo nosotros  los romanos vamos a aceptar a los  judíos…? ¿Cómo ese carpintero ignorante se va a sentir igual a los maestros de la ley en el templo?

Al, menos- pensó el nazareno - estos doce muchachos que  se vienen conmigo, comprenderán lo que quiero decir.

Les empezó a enseñar pacientemente.  Tuvo que convencerlos de qué Él   no venía a fundar un imperio de  poder sino el  reino del amor universal, en paz y servicio.   Chocó con doce cabezas duras.

En aquella pequeña tierra  se  le iba oscureciendo el panorama.  La misma noche en que nubes de tormenta caían sobre Él les pidió orando a Dios, el  amor universal: “Padre, que todos sean uno como tú y yo somos uno “.

A las pocas  horas Él estaba colgado en una cruz y los doce escondiéndose cada uno donde podía.
Pero a  los pocos días a las cabezas duras se les habían abierto los ojos. También abrieron las puertas y el corazón y empezaron a contar a todo aquel que quería escucharles el pregón del nazareno resucitado: que el mundo era un solo mundo y que todos éramos uno, que todo era de todos, y que si poníamos todo en común podríamos vivir en comunión: un  solo corazón y una sola alma.

Ahí fue donde se inventó el uno

HOY

Vamos a dar un salto de 20 siglos. Y mientras saltamos por la cresta  de los años nos preguntamos ¿qué ha sucedido hoy con el uno?

Reconoceremos que aquello,  según   parece, parece que fracasó.

Aterrizados en el siglo XXI, cuando las naves espaciales aumentan su visión del  universo, cuando el telescopio Hubble descubre sólo en  un pedazo  del  cielo, al  menos  10, 000  inmensas galaxias como nuestra vía láctea…

Ahora nosotros los pequeñitos seres humanos, ya no nos atrevemos a decir que somos reyes de la creación;  pero muchos de nosotros queremos seguir  siendo  reyezuelos o dictadores  sobre quienes viven  junto a nosotros.  Muchas sectas o pueblos quieren tener imperio sobre los países del mundo.

Esa historia de amor que es la creación  fracasa en nuestra tierra. Nos seguimos  separando, despreciando, matando uno a uno o en masa, arrojándonos bombas y proyectiles.

Las religiones que hablan de Alá, Dios, Jehová, el Tao… se enfrentan entre ellas. Dejan morir de hambre, por abandono o a balazos a los que “no son de los nuestros”: a los que no tiene su color, su idioma, o  porque codician  sus campos, sus minas o su petróleo.

Mientras  tanto  para  hablar  a  “su  dios” se encierran en sus templos a elevarle cantos y oraciones; pero siguen sordos a la voz del universo donde resuena  un grito silencioso: “Que todos se den cuenta de que son uno, producto  de  aquel big bang,  uno  solo,  que explotó por causa del amor y se extendió formando el universo, sólo uno.”

Puede que vayan llegando días en que quienes paseamos por esta  bolita   microscópica  que llamamos tierra, tengamos menos religión pero más fe  en ese UNO en el que estamos, somos, todos aunque no nos damos cuenta.(nota 2)



***      ***      ***


Nota 1.
La teoría del Big Bang

La teoría del Big Bang nació de la mano de los estudios del sacerdote jesuita Georges Lemaître, considerado precursor de la cosmología moderna.

Desde la década de 1920 el P. Lemaître tuvo la intuición de que el universo tenía una historia y se encontraba en evolución; oponiéndose así a la concepción de todos los científicos de época, entre ellos Albert Einstein.

Así, en 1930 propuso este modelo de universo conocido bajo el nombre de universo Lemaître-Einstein o hipótesis del átomo primitivo, y que más tarde tomará el nombre de Big-Bang. (Datos tomados de internet)

Nota 2. 
Dijo el papa Francisco: “Cuando leemos sobre la creación en el Génesis, corremos el riesgo de imaginarnos a Dios  como  un  mago,  con  una  varita mágica que le permite hacer todo. Pero no es así”, , y agregó que “Dios creó al humano y le permitió desarrollarse de acuerdo a las propias leyes internas de las que los dotó, de manera que cada uno pueda realizarse personalmente”.

Dijo además que la Teoría del Big Bang, a la que hoy se considera como la explicación del origen del mundo, no niega la intervención de un creador sino que, al contrario, la requiere. De la misma manera, consideró que “la evolución en la naturaleza no es incompatible con la noción de creación, ya que la evolución requiere de la creación de seres capaces de evolucionar”. (Discurso en la academia pontificia de las ciencias)