Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

31 de agosto de 2016

Nunca se mencionó mi nombre



Comparatimos del Grupo de Mujeres y Teología

En esta ocasión ofrecemos un recurso de la escritura creativa, para la reflexión dentro de la Teología Feminista, desde la relectura bíblica y la hermenéutica de la sospecha.

Del texto del N.T. en Marcos. 7:24-30



Por Lilian Haydee Vega Ortiz



Para ti, en cualquier lugar que te encuentres

¡También tú y yo somos parte del proyecto de Dios! ¡Yo hablé con Jesús de Nazaret, créeme!  Aunque cuando lo he contado, algunas personas han preguntado esto: ¿Cómo es que dejaste que ese tal Jesús te tratara como perrillo? Otra dijo: ¡Que! ¿Jesús también hacía bromas? Y ¿cómo pudo hablar contigo… siendo una mujer… sirofenicia? ¡Hasta me recordaron que era pagana!  De verdad, me sentía vulnerada y  tenía gran necesidad, mi niña estaba enferma. Y la gente me decía que tenía un espíritu inmundo, cuando su cuerpo se movía sin control, muchas veces, y sus ojos como que se salían de sus órbitas, y, ciertamente no sabía qué hacer, yo no sabía a quién acudir. ¡Cuántos años de esconderla, protegiéndola del vecindario para que no nos apedrearan!


Pero, eso ya pasó, hoy quiero contarte sobre mi encuentro con Jesús: Yo solo había escuchado hablar de él, de sus milagros, pero como yo no podía ir a Galilea, a Decápolis  o por donde él caminaba con sus discípulos, ¿sabes? él vino hasta aquí, a esta tierra. Yo estaba en el campo cuando lo supe, e inmediatamente dejé mi tarea para buscarle. Aunque te parezca increíble vino a tierra de gentiles. ¡Él siendo judío!


Y me escabullí entre los que lo entraban a una casa y fui directamente hacia él y le clamé con toda mi alma, que sanara a mi niña. Le pedí con todas mis fuerzas, pues la angustia y el dolor se   desbordó en mi voz. Supe que mi irrupción no fue agradable, pero era mi oportunidad, él vino a mi pueblo.  ¡Ah! Imagina…Había entrado una mujer, de un pueblo gentil, una mujer impura y con todo,  sudorosa… Iba con el manto cayéndose entre mis pies, por la prisa de llegar hasta él. Sin percatarme de la puerta estaba dentro con el Maestro...y todo pasó tan rápido, cuando algunos de los discípulos se quejaron y pidieron que me atendiera, creo que todos estaban cansados. La verdad, a la primera súplica no tuve respuesta, pero me llené de valor e insistí. Luego él me sorprendió cuando dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Bueno, eso yo lo sabía,  aunque no esperaba que Jesús lo enfocara en ese momento.   Esto, pues, aunque suene áspero, Jesús probablemente lo citó así como un refrán popular, pero también creí que de forma irónica me estaba negando  lo que pedía; lo cierto, para los judíos, los perros eran considerados animales inmundos.





Realmente no han sido ajenas las confrontaciones entre gentiles y judíos, y Jesús me lo recordó…Yo casi no lo creía. ¡Sentí algo desde lo profundo de mi ser, para responderle con toda seguridad, allí en medio de todos! Porque grande era mi necesidad y grande la fe que la acompañaba. Entonces le  contesté: “Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”.

Luego, sentí una paz que no puedo explicar, cuando escuche de nuevo su voz: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.


Y supe que mi niña era sana desde ese instante. Yo reconocía la prioridad de la misión de Jesús hacia Israel pero, a pesar de eso, reclamé una extensión de la misma para los gentiles. Yo sabía del plan que Dios había estado realizando desde el llamamiento de Abraham en Gn. 12:1-3, me acogí a su misericordia. También sabía que, a su tiempo extendería la Iglesia fuera de los límites.


Pero ahora sé que mi fe creció juntamente con la prueba. Y  me siento feliz de haber experimentado lo que me decían,  si calmó la tempestad ¿cómo no iba a escuchar mi clamor? Siendo de las desposeídas, “las que comemos por debajo de la mesa, muchas veces,  esa mitad de la humanidad”, ¡no podíamos quedarnos sin la opción sustentadora! Hoy emocionada escribo: Desde la sanidad de mi hija Dios inició el proceso y extendió  su misericordia para responder a mi propuesta, en la inclusión de todas y todos, de quienes se decía, no teníamos derecho.


 Más, sé que él se congració conmigo cuando le hice mención de incluirme en su plan, al presentarle esa nueva opción, creo que cobró vida y luz  el significado de la parábola; sin estudiar teología, la realicé, él me dio esa oportunidad. Sí, Jesús. Y me siento privilegiada por estar en las páginas de la Biblia, en un evento donde Dios quiso plasmar este encuentro, en el que una mujer lo persuade. El me ungió de su gracia, de su sabiduría y humildad; me condujo a su propósito. Alcancé la misericordia de Dios, pues a través de mi necesidad y de la tenacidad, me dio la respuesta favorable, él pudo ser flexible; y que desde los discípulos, que me tuvieron tan cerca y todos cuanto han conocido esto, conozcan del mensaje de Salvación, que es inclusivo y nunca exclusivo, es de vida, no de muerte, de misericordia.


Ese encuentro me mostró que Dios está en lo cercano y desde las personas desvalidas muestra su grandeza.






Nunca se mencionó mi nombre. Creo que hay un propósito y es el de adoptar el tuyo.

(Esta es la carta que mi madre dejó como testimonio del diálogo con Jesús: Mi salud se extendió al proyecto de vida digna para toda la humanidad).



Lilian Haydée Vega Ortiz