Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

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17 de marzo de 2022

Otra visión, los países de occidente

 

KIRILL SIGUE APOYANDO LA GUERRA DE PUTIN: "LA RUSOFOBIA SE ESTÁ EXTENDIENDO EN EL MUNDO OCCIDENTAL A UN RITMO SIN PRECEDENTES"

Written by Jesús Bastante



"La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes". El patriarca de Moscú, Kirill, parece decidido a apoyar, hasta el final, la guerra de Putin contra Ucrania. Y a extenderla a todo Occidente, pues, en su opinión, "este trágico conflicto se ha convertido en parte de la estrategia geopolítica a gran escala destinada, ante todo, a debilitar a Rusia".

En sendas respuestas al Consejo Mundial de las Iglesias y al Consejo Ecuménico de las Iglesias, Kirill lamenta cómo "año tras año, mes tras mes, los Estados miembros de la OTAN han reforzado su presencia militar, ignorando la preocupación de Rusia de que estas armas puedan ser utilizadas algún día contra ella".

Para el líder ortodoxo, "la rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes" y "los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos". En respuesta a la carta del padre Ioan Sauca, secretario general del CMI, quien le pidió una "señal de esperanza" para frenar la escalada de la violencia, Kirill subraya que "este conflicto no comenzó hoy".

Es más: "Estoy firmemente convencido de que sus iniciadores no son los pueblos de Rusia y Ucrania, que proceden de la misma pila bautismal de Kiev, están unidos por una fe común, santos y oraciones comunes, y comparten un destino histórico común (...). El origen del enfrentamiento está en las relaciones entre Occidente y Rusia".

Para Kirill, todo se remonta al fin de la URSS, escribe Kirill y la estrategia de rearme de la OTAN en los países de la órbita de la antigua Unión Soviética. "Las fuerzas políticas que se propusieron contener a Rusia no han luchado por sí mismas. Han planeado utilizar otros medios, habiendo buscado enemistarse con los pueblos hermanos: el ruso y el ucraniano. No han escatimado esfuerzos ni fondos para inundar Ucrania de armas e instructores de guerra. Sin embargo, lo más terrible no son las armas, sino el intento de "reeducación", de convertir mentalmente a los ucranianos y a los rusos que viven en Ucrania en enemigos de Rusia".

Ahí vincula Kirill el "cisma eclesiástico" del que acusa directamente al patriarca Bartolomé. "Y ahora los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos. Hacen que sus intenciones sean descaradamente obvias: hacer sufrir no sólo a los líderes políticos o militares de Rusia, sino en particular al pueblo ruso. La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes", concluye Kirill, quien pide al Consejo Mundial de las Iglesias que "pueda seguir siendo una plataforma de diálogo imparcial, libre de preferencias políticas y de un enfoque unilateral".

"La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes". El patriarca de Moscú, Kirill, parece decidido a apoyar, hasta el final, la guerra de Putin contra Ucrania. Y a extenderla a todo Occidente, pues, en su opinión, "este trágico conflicto se ha convertido en parte de la estrategia geopolítica a gran escala destinada, ante todo, a debilitar a Rusia".

En sendas respuestas al Consejo Mundial de las Iglesias y al Consejo Ecuménico de las Iglesias, Kirill lamenta cómo "año tras año, mes tras mes, los Estados miembros de la OTAN han reforzado su presencia militar, ignorando la preocupación de Rusia de que estas armas puedan ser utilizadas algún día contra ella".

Para el líder ortodoxo, "la rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes" y "los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos". En respuesta a la carta del padre Ioan Sauca, secretario general del CMI, quien le pidió una "señal de esperanza" para frenar la escalada de la violencia, Kirill subraya que "este conflicto no comenzó hoy".

Es más: "Estoy firmemente convencido de que sus iniciadores no son los pueblos de Rusia y Ucrania, que proceden de la misma pila bautismal de Kiev, están unidos por una fe común, santos y oraciones comunes, y comparten un destino histórico común (...). El origen del enfrentamiento está en las relaciones entre Occidente y Rusia".

Para Kirill, todo se remonta al fin de la URSS, escribe Kirill y la estrategia de rearme de la OTAN en los países de la órbita de la antigua Unión Soviética. "Las fuerzas políticas que se propusieron contener a Rusia no han luchado por sí mismas. Han planeado utilizar otros medios, habiendo buscado enemistarse con los pueblos hermanos: el ruso y el ucraniano. No han escatimado esfuerzos ni fondos para inundar Ucrania de armas e instructores de guerra. Sin embargo, lo más terrible no son las armas, sino el intento de "reeducación", de convertir mentalmente a los ucranianos y a los rusos que viven en Ucrania en enemigos de Rusia".

Ahí vincula Kirill el "cisma eclesiástico" del que acusa directamente al patriarca Bartolomé. "Y ahora los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos. Hacen que sus intenciones sean descaradamente obvias: hacer sufrir no sólo a los líderes políticos o militares de Rusia, sino en particular al pueblo ruso. La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes", concluye Kirill, quien pide al Consejo Mundial de las Iglesias que "pueda seguir siendo una plataforma de diálogo imparcial, libre de preferencias políticas y de un enfoque unilateral".

"La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes". El patriarca de Moscú, Kirill, parece decidido a apoyar, hasta el final, la guerra de Putin contra Ucrania. Y a extenderla a todo Occidente, pues, en su opinión, "este trágico conflicto se ha convertido en parte de la estrategia geopolítica a gran escala destinada, ante todo, a debilitar a Rusia".

En sendas respuestas al Consejo Mundial de las Iglesias y al Consejo Ecuménico de las Iglesias, Kirill lamenta cómo "año tras año, mes tras mes, los Estados miembros de la OTAN han reforzado su presencia militar, ignorando la preocupación de Rusia de que estas armas puedan ser utilizadas algún día contra ella".

Para el líder ortodoxo, "la rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes" y "los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos". En respuesta a la carta del padre Ioan Sauca, secretario general del CMI, quien le pidió una "señal de esperanza" para frenar la escalada de la violencia, Kirill subraya que "este conflicto no comenzó hoy".

Es más: "Estoy firmemente convencido de que sus iniciadores no son los pueblos de Rusia y Ucrania, que proceden de la misma pila bautismal de Kiev, están unidos por una fe común, santos y oraciones comunes, y comparten un destino histórico común (...). El origen del enfrentamiento está en las relaciones entre Occidente y Rusia".

Para Kirill, todo se remonta al fin de la URSS, escribe Kirill y la estrategia de rearme de la OTAN en los países de la órbita de la antigua Unión Soviética. "Las fuerzas políticas que se propusieron contener a Rusia no han luchado por sí mismas. Han planeado utilizar otros medios, habiendo buscado enemistarse con los pueblos hermanos: el ruso y el ucraniano. No han escatimado esfuerzos ni fondos para inundar Ucrania de armas e instructores de guerra. Sin embargo, lo más terrible no son las armas, sino el intento de "reeducación", de convertir mentalmente a los ucranianos y a los rusos que viven en Ucrania en enemigos de Rusia".

Ahí vincula Kirill el "cisma eclesiástico" del que acusa directamente al patriarca Bartolomé. "Y ahora los líderes occidentales están imponiendo tales sanciones económicas a Rusia que serán perjudiciales para todos. Hacen que sus intenciones sean descaradamente obvias: hacer sufrir no sólo a los líderes políticos o militares de Rusia, sino en particular al pueblo ruso. La rusofobia se está extendiendo en el mundo occidental a un ritmo sin precedentes", concluye Kirill, quien pide al Consejo Mundial de las Iglesias que "pueda seguir siendo una plataforma de diálogo imparcial, libre de preferencias políticas y de un enfoque unilateral".

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