Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

17 de enero de 2024

EVANGELIO DOMINGO 21-ENERO-2024(Marcos 1,14-20) - Reflexiones de Pagola


LA BUENA NOTICIA DE DIOS

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el evangelio de Dios. Decía:

Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed la Buena Noticia.

Pasando junto al lago de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo:

Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él (Marcos 1,14-20).

LA PASIÓN QUE ANIMÓ A JESÚS

Jesús no enseñó una <<doctrina religiosa>> para que sus discípulos la aprendieran y difundieran correctamente.

Jesús anuncia más bien un <<acontecimiento>> que pide ser acogido, pues lo puede cambiar todo. Él lo está ya experimentando: <<Dios se está introduciendo en la vida con su fuerza salvadora. Hay que hacerle sitio>>

<<Se avecina un tiempo nuevo. Dios no quiere dejarnos solo frente a nuestros problemas y desafíos. Quiere construir junto a nosotros una vida más humana. Cambiad de manera de pensar y de actuar. Vivid creyendo esta Buena Noticia>>.

¿Cómo sería la vida en las aldeas de Galilea si en Tiberíades reinara Dios y no Antipas?, ¿cómo cambiaría todo si la gente se pareciera no a los grandes terratenientes que explotan a los campesinos, sino a Dios, que los quiere ver comiendo y no muertos de hambre?

Para Jesús, el reino de Dios no es un sueño. Es el proyecto que Dios quiere llevar adelante en el mundo.

¿Cómo sería la Iglesia si se dedicara solo a construir la vida tal como la quiere Dios, no como la quieren los amos del mundo?, ¿cómo seríamos los cristianos si viviéramos convirtiéndonos al reino de Dios?

EL PROYECTO DEL REINO DE DIOS

Nadie duda hoy de que el evangelio de Marcos lo ha resumido acertadamente con estas palabras: <<El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed esta Buena Noticia>>. El objetivo de Jesús fue introducir en el mundo lo que él llamaba <<el reino de Dios>>: una sociedad estructurada de manera justa y digna para todos, tal como la quiere Dios.

Una de las <<herejías>> más graves que se ha ido introduciendo en el cristianismo es hacer de la Iglesia lo absoluto. Pensar que la Iglesia es lo central, la realidad ante la cual todo lo demás ha de quedar subordinado; hacer de la Iglesia el <<sustitutivo>> del reino de Dios; trabajar por la Iglesia y preocuparnos de sus problemas, olvidando el sufrimiento que hay en el mundo y la lucha por una organización más justa de la vida.

COLABORAR EN EL PROYECTO DE JESÚS

<<Convertíos>>, no podéis seguir como si nada estuviera ocurriendo; cambiad vuestra manera de pensar y de actuar. <<Creed en esta Buena Noticia>>, pues este proyecto de Dios es la mejor noticia que podéis escuchar.

La primera actuación de Jesús es buscar colaboradores para llevar adelante su proyecto. Ser discípulo de Jesús no es tanto aprender doctrinas cuanto seguirle en su proyecto de vida.

El que toma la iniciativa es siempre Jesús. Sin su intervención no nace nunca un verdadero discípulo. Si no es él, ¿quién puede dar una orientación nueva a nuestras vidas?. Este podría ser hoy un buen lema para una comunidad cristiana: ir detrás de Jesús; ponerlo al frente de todos.

Nuestras comunidades cristianas se transformarían. La Iglesia sería diferente.

ESCUCHAR LA LLAMADA A LA CONVERSIÓN

Las palabras de Jesús se podrían escuchar así: <<Mirad si no tenéis que revisar y reajustar algo en vuestra manera de pensar y de actuar para que se cumpla en vosotros el proyecto de Dios de una vida más humana>>.

La conversión que no produce paz y alegría no es auténtica. No nos está acercando al reino de Dios.

Las grandes decisiones no sirven de nada si no alimentamos las fuentes. No se nos pide una fe sublime ni una vida perfecta; solo que vivamos confiando en el amor que Dios nos tiene. Convertirnos no es empeñarnos en ser santos, sino aprender a vivir acogiendo el reino de Dios y su justicia.

Convertirnos no es vivir sin pecado, sino aprender a vivir del perdón, sin orgullo ni tristeza, sin alimentar la insatisfacción por lo que deberíamos ser y no somos.

LA CONVERSIÓN NOS HACE BIEN

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: <<Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y más gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano>>. Alguno se preguntará: pero, ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?.

No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza.

Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino <<el problema>>, esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante. 

José Antonio Pagola

Colaboración de Juan García de Paredes.