Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

3 de enero de 2024

EVANGELIO DOMINGO 7-Enero-2024-(Marcos 1, 6b-11)- Reflexiones de PAGOLA

 BAUTISMO DE JESÚS

En aquel tiempo proclamaba Juan:

Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. 

Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: <<Tú eres mi Hijo amado, mi preferido>> (Marcos 1,6b-11).

JESÚS BAUTIZA CON ESPÍRITU SANTO

El bautismo de Jesús encierra un mensaje nuevo que supera radicalmente al Bautista.

El mensaje es claro: con Cristo, el cielo ha quedado abierto; de Dios solo brota amor y paz; podemos vivir con confianza. A pesar de nuestros errores y nuestra mediocridad insoportable, también para nosotros <<el cielo ha quedado abierto>>. También nosotros podemos escuchar con Jesús la voz de Dios: <<Tú eres para mí un hijo amado, una hija amada>>. En adelante podemos afrontar la vida no como una <<historia sucia>> que hemos de purificar constantemente, sino como el regalo de la <<dignidad de hijos de Dios>>, que hemos de cuidar con gozo y agradecimiento.

Para quien vive de esta fe, la vida está llena de momentos de gracia: el nacimiento de un hijo, el contacto con una persona buena, la experiencia de un amor limpio… que ponen en nuestra vida una luz y un calor nuevos. De pronto nos parece ver <<el cielo abierto>>. Algo nuevo comienza en nosotros; nos sentimos vivos; se despierta lo mejor que hay en nuestro corazón. Detrás de esas experiencias está Dios amándonos como Padre. Está su Amor y su Espíritu <<dador de vida>>.

ESCUCHAR LO QUE EL ESPÍRITU DICE A LA IGLESIA

La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas ante la crisis hemos de revisar cómo estamos acogiendo su Espíritu.

En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente hemos de preguntarnos qué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar mejor hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.

Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.

El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos como se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de su Iglesia.

Lo que nos parece <<crisis>> puede ser tiempo de gracia. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.

MEDIOCRIDAD ESPIRITUAL

Hace unos años, Karl Rahner se atrevía a afirmar que el problema principal y más urgente en la Iglesia de hoy es su <<mediocridad espiritual>>.

De poco sirve reforzar las instituciones, salvaguardar los ritos, custodiar la ortodoxia o imaginar nuevos proyectos evangelizadores si falta en la vida de los creyentes una experiencia viva de Dios.

Si la Iglesia quiere ser fiel a su misión y no asfixiarse en sus propios problemas, tiene que redescubrir una y otra vez que solo en Dios encarnado en Jesús está su verdadera fuerza.

La Iglesia habla mucho. Pero, ¿dónde y cuándo escucha a Dios? ¿Dónde y cuándo se coloca humilde y sinceramente ante Jesús, su único Señor? En nuestras comunidades hablamos de Dios.

Pero, ¿buscamos al que está detrás de esa palabra? ¿Hablamos alguna vez desde la propia experiencia? ¿Gozamos y padecemos la presencia de Dios en nuestras vidas?.

Reconocer nuestra mediocridad espiritual no transforma nuestras vidas, pero puede ayudarnos a vislumbrar hasta qué punto necesitamos <<ser bautizados con Espíritu Santo>>, según la terminología del Bautista. Tal vez esa es la primera tarea de la Iglesia hoy.

RENOVACIÓN INTERIOR

Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad. Se nos está olvidando escuchar la vida con un poco de hondura y profundidad.

El silencio nos podría curar, pero ya no somos capaces de encontrarlo en medio de nuestras mil ocupaciones.

Pero lo triste es observar que, con demasiada frecuencia, tampoco la religión es capaz de dar calor y vida interior a las personas. En un mundo que ha apostado por <<lo exterior>>, Dios resulta un <<objeto>> demasiado lejano y, a decir verdad, de poco interés para la vida diaria.

Y quizá la primera tarea de la Iglesia actual sea precisamente la de ofrecer ese <<bautismo de Espíritu Santo>> a los hombres y mujeres de nuestros días.

Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo en el ser humano, en el mundo y en la vida. Un Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia.

¿Podrán ser nuestras comunidades cristianas un espacio donde vivamos acogiendo el Espíritu de Dios encarnado en Jesús?

NUESTRA EXPERIENCIA DE DIOS

Son bastantes los cristianos que no saben muy bien en qué Dios creen. Su idea de Dios no es unitaria. Intentan conciliar de muchas maneras amor e ira de Dios, bondad insondable y justicia rigurosa, miedo y confianza. No es fácil. En el corazón de no pocos subsiste una imagen confusa de Dios, que les impide vivir con gozo y confianza su relación con el Creador.

Por lo general las religiones tienden a introducir entre Dios y los pobres humanos muchos cultos, ritos y prácticas. Pero su cercanía amorosa corre el riesgo de diluirse.

La actitud religiosa hacia un Dios patriarcal se funda en la convicción de que el ser humano ha de existir para Dios; la actitud de Jesús hacia su Padre arranca de la seguridad de que Dios existe para el ser humano.

Según el relato, el <<cielo se abre>>, pero no para descubrirnos la ira de Dios, que llega con su hacha amenazadora, como pensaba el Bautista, sino para que descienda su Espíritu, es decir, su amor vivificador. Del cielo abierto solo llega una voz: <<Tú eres mi Hijo amado>>.

Es una pena que, a pesar de decirnos seguidores de Jesús, volvamos tan fácilmente a imágenes regresivas del Antiguo Testamento, abandonando su experiencia más genuina de Dios Padre.  

José Antonio Pagola

Colaboración de Juan García de Paredes.