LA OPCIÓN POR LOS POBRES
Dios es amor misericordioso y su proyecto de amor, que se extiende y se
realiza en la historia, es ante todo su descenso y su venida entre nosotros
para liberarnos de la esclavitud, de los miedos, del pecado y del poder de la
muerte. Con una mirada misericordiosa y el corazón lleno de amor.
Él se dirigió a sus criaturas, haciéndose cargo de su condición humana y,
por tanto, de su pobreza. Precisamente para compartir los límites y
fragilidades de nuestra naturaleza humana.
Él mismo se hizo pobre, nació en carne como nosotros, lo hemos conocido
en la pequeñez de un niño colocado en un pesebre y en la extrema humillación de
la Cruz, allí compartió nuestra pobreza radical, que es la muerte.
Se comprende bien, entonces, por qué se puede hablar también teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, una expresión nacida en el contexto del continente latinoamericano y en particular en la Asamblea de Puebla, pero que ha sido bien integrada en el magisterio de la Iglesia sucesivo.
Esta <<preferencia >> no indica nunca un exclusivismo o una discriminación hacia un otros grupos, que en Dios sería imposibles; está desea subrayar la acción de Dios que se compadece ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad y, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, se preocupa particularmente de aquellos que son discriminados y oprimidos, pidiéndonos también a nosotros, su Iglesia, una opción firme y radical en favor de los más débiles.


