EVANGELIO: Juan 4,5- 42(o 4,5 - 15,19- 26,39, 4o- 42 )
REFLEXIONES DE PAGOLA
EL DIÁLOGO CON LA SAMARITANA :
Llega Jesús a la pequeña aldea de Sicar. Está <<cansado del camino >>. Su vida es un continuo caminar por los pueblos anunciando ese mundo mejor que Dios quiere para todos. Necesita descansar y se queda <<sentado junto al manantial de Jacob>>.
¿Cómo se atreve a entrar en contacto con alguien que pertenece a un pueblo impuro y despreciable como el samaritano? ¿ Cómo se rebaja a pedir agua a una mujer desconocida?
Aquello va contra todo lo imaginable en Israel. Jesús se presenta como un ser necesitado. Necesita beber y busca ayuda en el corazón de aquella mujer.
Cuando oye hablar a Jesús de un <<agua >> que calma la sed para siempre, de un <<manantial>> interior que <<salta>> con fuerza dando fecundidad y vida eterna, en la mujer se despierta el anhelo de vida plena que nos habita a todos: <<Señor, dame de beber>>.
ALGO NO VA BIEN EN LA IGLESIA
Algo no va bien en nuestra Iglesia si las personas más solas y maltratadas no se sienten escuchadas y acogidas por los que decimos seguir a Jesús.
¿Cómo vamos a introducir en el mundo su evangelio sin <<sentarnos >> a escuchar el sufrimiento, la desesperanza o la soledad de las personas?
Algo no va bien en nuestra Iglesia cuando la gente perdida en una oscura crisis de fe, pregunta por Dios y nosotros le hablamos del control de natalidad, el divorcio o los preservativos
Algo va mal en nuestra Iglesia si la gente no se siente querida por quienes somos sus miembros.
SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS
Son bastantes las personas que, al abandonar la práctica religiosa y su pertenencia a la Iglesia, han eliminado también de su vida toda experiencia religiosa. Ya no se comunican con Dios. Ha quedado rota toda relación con él.
Cada vida puede ser un camino para encontrarse con ese Dios bueno que está en el fondo de todo ser humano.
Según Jesús, ese Dios oculto se revela, no a los grandes e inteligentes, sino a los pequeños y sencillos, estén dentro o fuera de la Iglesia.
Ningún hombre o mujer queda lejos de su ternura, viva dentro o fuera de una comunidad creyente
Podemos intuirlo incluso en nuestras dudas y confusión. Cuando todo se nos hunde y no acertamos ya a creer en nada, ni en nadie, queda Dios.
En medio de la oscuridad puede brotar la claridad interior. Dios nos entiende y nos atrae hacia el bien.
¿ Por qué no confiar en él?
Dios está también en las mil experiencias positivas de la vida. ¿ Por qué no elevar el corazón hasta Dios y agradecerle el don de la vida?
<<Si conocieras el don de Dios....Él te daría agua viva>>. Así dice Jesús a una mujer samaritana.
LA RELIGIÓN DE JESÚS
Jesús comienza por aclarar que el verdadero culto no depende de un lugar determinado, por muy venerable que pueda ser. El Padre del cielo no está atado a ningún lugar, no es propiedad de ninguna religión. No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén.
No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral.
Desde la cárcel más secreta, desde la sala de cuidados intensivos de un hospital, desde cualquier sitio podemos elevar nuestro corazón hacia Dios.
El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña de cerca a lo largo de nuestra vida.
<<Adorar al Padre en verdad >> es vivir en la verdad.
NO SABEMOS SABOREAR LA FE.
Tal vez, una de las mayores desgracias del cristianismo contemporáneo es la falta de <<experiencia religiosa >>.Son muchos los que se dicen cristianos y, sin embargo, no saben lo que es disfrutar de su fe,sentirse a gusto con Dios y vivir saboreando su adhesión a Jesús.
¿ Cómo se puede ser creyente sin gozar nunca del amor acogedor de Dios?
Algo parecido sucede a veces en la celebración litúrgica. Se canta con los labios, pero el corazón está ausente. Se recibe el Cuerpo del Señor, pero no se produce una comunicación viva con él.
Es significativo también lo que sucede con la lectura de la Biblia. Sin embargo, no hemos aprendido a saborear el evangelio de Jesús.
Es significativo también lo que sucede con la lectura de la Biblia.
Nos han permitido conocer la composición de los libros sagrados.
Sin embargo, no hemos aprendido a saborear el evangélio de Jesús.
Todo esto produce una sensación extraña. En la Iglesia no faltan palabras ni sacramentos. Se predica los domingos. Se celebra la eucaristía. Hay bautizos, primeras comuniones y confirmaciones.
Pero falta << algo >>, y no es fácil decir exactamente qué.
Esto no es lo que vivieron los primeros creyentes.
Esta experiencia de Dios no es fruto de nuestros esfuerzos y trabajos.
Al Espíritu hay que << hacerle sitio >> en la vida y en el corazón, en nuestras celebraciones y en la comunidad cristiana.
La Iglesia de nuestros días ha de escuchar también hoy las palabras de Jesús a la samaritana: << Si conocieras el don de Dios...>>.
Solo cuando se abre a la acción del Espíritu descubre el creyente esa agua prometida por Jesús, que se convierte dentro de nosotros en << manantial que salta hasta la vida eterna >>.
JOSÉ ANTONIO PAGOLA

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