Una mujer del pueblo
Francisca
Morales "Panchita"
“Vivir
entre los pobres me devolvió mucho de la humanidad que estaba en riesgo de
perder con la institución, me dio una libertad evangélica, me hizo más humilde,
más sencilla, reconociendo mi fragilidad sin la protección del hábito y empecé
una vida de consagración muy entusiasmante”.
“Una
va haciendo teología al reflexionar sobre la propia vida y la vida de la
Iglesia de base y va articulando cosas casi sin darse cuenta, que es una manera
distinta de hacer teología”
04.12.2020
| Jesús Herrero E. Religión digital
Francisca Morales fue una religiosa de la Congregación del Amor Misericordioso. Sus amigas y amigos la llamaban cariñosamente “Panchita”.
Fue
profesora de castellano y descubrió su vocación religiosa a la edad de 23 años.
Panchita tenía un carácter firme y procuraba que su mirada crítica fuera
siempre argumentada y enraizada en el carácter profético del Evangelio de
Jesús.
En 1967 su congregación abrió una casa en Pudahuel una de las zonas populares de Santiago de Chile. Allí en ese entonces no había curas y, junto a otra hermana y compañera, se hicieron presentes y servidoras de la gente. Antes de partir, el obispo Fernando Ariztía les dijo: “No hagan nada más que escuchar y aprender”. Al principio salían a trabajar para ganarse el puchero, pero lo primero era conocer a la gente, hacerse pobladoras con ellos. Crearon lazos de amistad, fueron teniendo compadres y comadres y se metieron en el tejido de la vida del pueblo.
Decía que “Vivir entre los pobres me devolvió mucho de la humanidad que estaba en riesgo de perder con la institución, me dio una libertad evangélica, me hizo más humilde, más sencilla, reconociendo mi fragilidad sin la protección del hábito y empecé una vida de consagración muy entusiasmante”.










