Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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28 de agosto de 2020

Evangelio domingo 30 agosto


CARGAR CON LA CRUZ

Empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

¡No lo permita Dios, Señor!. Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
¡ Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios!

Entonces dijo a los discípulos:
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿ De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero si malogra su vida ? ¿ O qué podrá dar para recobrarla ?. Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno su conducta ( Mateo 16,21-27).

LO QUE TUVO QUE OÍR PEDRO
La aparición de Jesús provocó en los pueblos de Galilea sorpresa, admiración y entusiasmo. Los discípulos soñaban con el éxito total. Jesús, por el contrario, solo pensaba en la voluntad del Padre. Quería cumplirla hasta el final.


Por eso empezó a explicar a sus discípulos lo que le esperaba. Su intención era subir a Jerusalén, a pesar de que allí iba a << sufrir mucho >> precisamente por parte de los dirigentes religiosos. Su muerte entraba en los designios de Dios como consecuencia inevitable de su actuación. Pero el Padre lo iba a resucitar. No se quedaría pasivo e indiferente.

Cuando Pedro se abre con sencillez a la revelación del Padre y confiesa a Jesús como Hijo del Dios vivo, se convierte en << Roca >> sobre la que Jesús puede construir su Iglesia. Cuando siguiendo intereses humanos, pretende apartar a Jesús del camino de la cruz, se convierte en << Tentador satánico >>.

Es un error confesar a Jesús como << Hijo del Dios vivo >> y no seguirle en su camino hacia la cruz. Si en la Iglesia de hoy seguimos actuando como Pedro, tendremos que oír también nosotros lo que tuvo que oír de labios de Jesús.

ARRIESGAR TODO POR JESÚS

No es fácil asomarse al mundo interior de Jesús, pero en su corazón podemos intuir una doble experiencia: su identificación con los últimos y su confianza total en el Padre.

Jesús estaba dispuesto a todo con tal de hacer realidad el deseo de Dios, su Padre: un mundo más justo, digno y dichoso para todos. Y como es natural, quería encontrar entre sus seguidores la misma actitud. Si seguían sus pasos, debían compartir su pasión por Dios y su disponibilidad total al servicio de su reino, Quería encender en ellos el fuego que llevaba dentro.

El pensamiento de Jesús es claro. El que camina tras él, pero sigue aferrado a las seguridades, metas y expectativas que le ofrece su vida, puede terminar perdiendo el mayor bien de todos: la vida vivida según el proyecto salvador de Dios. Por el contrario, el que lo arriesga todo por seguirle encontrará vida entrando con él en el reino del Padre.

JESÚS ANTE EL SUFRIMIENTO

Jesús no hace de su sufrimiento el centro en torno al cual han de girar los demás. Al contrario, el suyo es un dolor solidario, abierto a los demás, fecundo. No adopta tampoco una actitud victimista. No vive compadeciéndose de sí mismo, sino escuchando los padecimientos de los demás. No se queja de su situación ni se lamenta. Está atento más bien a las quejas y lágrimas de quienes les rodea.

No se agobia con fantasmas de posibles sufrimientos futuros. Vive cada momento acogiendo y regalando la vida que recibe del Padre. Su sabia consigna dice así: << No os agobiéis por el mañana, porque cada mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos >> (Mateo 6,34 ).

Y, por encima de todo, confía en el Padre, se pone serenamente en sus manos. E incluso, cuando la angustia le ahoga el corazón, de sus labios solo brota una plegaria: << Padre, en tus manos encomiendo mí espíritu >>.

APRENDER DE JESÚS LA ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO

Jesús, además se compromete con todas sus fuerzas para hacer desaparecer en el mundo el sufrimiento. Toda su vida ha sido una lucha constante por arrancar al ser humano de ese padecimiento que se esconde en la enfermedad, el hambre, la injusticia, los abusos, el pecado o la muerte.

El que quiera seguirle no podrá ignorar a los que sufren. Al contrario, su primera tarea será quitar sufrimiento de la vida de los hombres. Como ha dicho un teólogo, << no hay derecho a ser feliz sin los demás ni contra los demás >> (Ignacio Larrañeta ).Por último, cuando Jesús se encuentra con el sufrimiento provocado por quienes se oponen a su misión, no lo rehúye, sino que lo asume en actitud de fidelidad total al Padre y de servicio incondicional a los hombres.

Antes que nada, << tomar la cruz >> es seguir fielmente a Jesús y aceptar las consecuencias dolorosas que se seguirán sin duda, de este seguimiento. Es el seguimiento que solo podríamos hacer desaparecer de nuestra vida, dejando de seguir a Cristo.

LA CRUZ ES OTRA COSA

Nosotros llamamos fácilmente << cruz >> a todo aquello que nos hace sufrir, incluso a ese sufrimiento que aparece en nuestra vida generado por nuestro propio pecado o nuestra manera equivocada de vivir. Pero no hemos de confundir la cruz con cualquier desgracia o malestar que se produce en la vida.

La cruz es otra cosa. Jesús llama a sus discípulos a que le sigan fielmente y se pongan al servicio de un mundo más humano: el reino de Dios. Esto es lo primero. La cruz no es sino el sufrimiento que nos llegará como consecuencia de ese seguimiento.

Dicho de otra manera, << llevar la cruz >> significa seguir a Jesús dispuestos a asumir la inseguridad, la conflictividad, el rechazo o la persecución que hubo de padecer el mismo Crucificado.
Pero los creyentes no vivimos la cruz como derrotados, sino como portadores de una esperanza final. Todo el que pierda su vida por Jesucristo la encontrará. El Dios que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros a una vida plena.
José Antonio Pagola