Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

21 de mayo de 2026

COMUNICADO CÍRCULO DE SILENCIO

109 COMUNICADO CÍRCULO DE SILENCIO

Cádiz 13 de MAYO de 2026. 

Comenzamos nuestro Círculo de Silencio poniendo el foco en la dignidad de las personas migrantes y refugiadas.

La regularización extraordinaria es una medida que algunos gobiernos aplican para dar residencia y permiso de trabajo a personas migrantes que viven, trabajan, conviven, son vecinos y ciudadanos, … pero sin documentación en el país desde hace tiempo.

En España, el Gobierno aprobó este año el proceso de Regularización Extraordinaria; es un proceso excepcional para personas migrantes que ya residían en nuestro país antes del 1 de enero de 2026 y que cumplen ciertos requisitos, entre ellos el no tener antecedentes penales en su país de origen o en cualquier lugar en el que hayan residido en los últimos 5 años, incluido nuestro país.

Lo que se pretende con esta regularización es reducir la economía sumergida y la explotación laboral; facilitar acceso a sanidad, educación y derechos básicos; aumentar cotizaciones y recaudación fiscal; mejorar la integración social y la seguridad jurídica.

Estamos, al igual que otras muchas organizaciones sociales, a favor de esta regularización, las personas migrantes no son una amenaza. No son una cifra vacía ni un problema que gestionar. Son seres humanos que sostienen economías, cuidan vidas, enriquecen culturas y ejercen un derecho tan antiguo como la humanidad misma: buscar una vida digna.

Sin embargo, hoy asistimos a una peligrosa normalización del odio, la desinformación y la discriminación. Se criminaliza a quienes migran, se les responsabiliza de problemas estructurales y se utilizan los discursos del miedo para justificar políticas injustas y condiciones laborales indignas.

Frente a ello, alzamos la voz.

Denunciamos las redadas racistas, los discursos xenófobos, la explotación laboral, las devoluciones inhumanas y la indiferencia ante las muertes en las fronteras.

Denunciamos que miles de personas migrantes trabajan en sectores esenciales —agricultura, cuidados, hostelería, construcción, reparto, limpieza— mientras siguen sufriendo salarios bajos, inseguridad jurídica y dificultades para acceder a vivienda, sanidad o derechos básicos.

Denunciamos también la utilización política de la mentira para señalar a la población migrante como responsable de la delincuencia o de la precariedad laboral.

La migración no genera delincuencia, los datos contradicen los discursos de odio. Numerosos estudios internacionales muestran que no existe una relación directa entre migración y aumento de la criminalidad. En muchos países europeos, incluido España, los índices de delincuencia han disminuido durante años en paralelo al crecimiento de la población migrante.

Las investigaciones sociológicas y criminológicas coinciden en que los factores que más influyen en la delincuencia son la exclusión social, la pobreza, la falta de oportunidades y la desigualdad, no el origen de las personas.

Señalar colectivamente a quienes migran no solo es injusto: alimenta el racismo y desvía la atención de los verdaderos problemas sociales.

La precariedad laboral no la provocan las personas migrantes, tiene responsables claros: modelos económicos basados en la explotación, salarios insuficientes, debilitamiento de derechos laborales y abuso empresarial.

Las personas migrantes no empeoran las condiciones laborales; con frecuencia son quienes más las padecen.

Diversos informes económicos muestran que la migración contribuye al crecimiento económico, al sostenimiento de los sistemas públicos y al mercado laboral. En muchos países europeos, las personas migrantes cubren empleos esenciales y ayudan a compensar el envejecimiento demográfico.

Cuando se permite que una parte de la población trabaje sin derechos o bajo amenaza constante, el problema no es la migración: es la explotación.

La solución no es enfrentar a trabajadores entre sí, sino garantizar derechos laborales dignos para todas las personas.

Tenemos que actuar, invitamos a denunciar cualquier forma de racismo, discriminación o abuso contra personas migrantes.

Invitamos a combatir la desinformación con datos y humanidad.

Invitamos a sindicatos, asociaciones, centros educativos, instituciones y ciudadanía a defender una convivencia basada en la igualdad y la justicia social.

Porque ninguna persona es ilegal.

Porque migrar no es un delito.

Porque los derechos humanos no dependen del lugar de nacimiento.

Y porque una sociedad más justa solo puede construirse desde la solidaridad, la verdad y la dignidad compartida.

                                  Amigos, comienza nuestro TIEMPO DE SILENCIO.

MESA DIOCESANA DE ATENCION Y ACOGIDA DE MIGRANTES Y REFUGIADOS DE CÁDIZ Y CEUTA.

 Colaboración de Juan García de Paredes.