Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

20 de diciembre de 2020

En las fronteras de la fe.

 SAN JUAN DE LA CRUZ

 


EN LAS FRONTERAS DE LA FE

Autor del libro:  Melquiades Andrés

De entre todos los hombres que conforman los pasos de esa historia, San Juan de la Cruz destaca por el enraizamiento de su espiritualidad en el hombre esencial, que es cuerpo y alma, y aunque no tiene dos cabezas ni dos corazones, siente fuertes tendencias contradictorias dentro de sí. Juan repite en sus escritos que Dios lleva al hombre al modo del hombre.

La creciente actualidad de Juan de la Cruz se basa en que plantea la unión con Dios, que es algo perenne, desde las raíces del hombre y de la fe; es decir, saca al hombre de la dispersión que le acosa para abrirle una vía de esperanza.

<<Juan vivió en la frontera de la fe y respondió desde ella a los grandes interrogantes del hombre>>. No separaba “hombre” de “cristiano”, “naturaleza” de “gracia”, “razón” de “fe”.

<< Sabía que en los dominios de la fe siempre es de noche y en los de la razón no siempre brilla el día >>

En el amor encontró respuesta satisfactoria a las aspiraciones más profundas de la persona.

Dios es amor, y como es amor lo profundamente humano del hombre, para él la dignidad más alta consiste en la llamada de Dios a unirse con él.

Juan puso en relación las potencias humanas superiores con las virtudes teologales que Dios infunde en el bautismo: fe, esperanza y caridad.

Como comprenderá pronto el lector, este libro no intenta analizar intelectualmente la experiencia espiritual sanjuanista, sino desvelarla en su maravillosa riqueza. Juntar al hombre con Dios es promoverlo también en el campo de la libertad. La “Noche oscura” contiene uno de los cantos más bellos y profundos a la libertad. Estas realidades explican suficientemente la atracción de tantos teólogos, filósofos, psicólogos, científicos, historiadores, religiosos, agnósticos e incrédulos hacia la persona y obra del <<Doctor Místico>>.

Ellos, unidos a una multitud ingente de religiosos y seglares cristianos, de agnósticos y no creyentes, añoran la libertad, la alegría y la anchura espiritual de Juan de la Cruz, y gritan desde lo más hondo de sus entrañas:

¿A dónde te escondiste,

Amado, y me dejaste con gemido?

 

EL HOMBRE EN LA NOCHE

La noche sanjuanista es una experiencia de amor y el amor es condición esencial de la persona.

El hombre de todos los tiempos supo y sabe mucho de sí y de las cosas, del poder y el placer, de la verdad y la mentira, de la hermosura y la fealdad….; pero la suma de todo ese conjunto, a la postre, resulta noche para él.

¿Qué es lo que encierra el símbolo de la noche?. Este símbolo trae a la conciencia la idea de que el hombre es mucho más de lo que es capaz de saber y decir sobre sí mismo y las cosas. Dios irrumpe en la conciencia embistiendo a la persona, dándole ser y valor, pero a oscuras, sin dejarse ver, de noche.

La noche no es sólo una fase de la experiencia de Dios que necesariamente hay que pasar, sino también una dimensión constitutiva de la misma; no es una ocurrencia cualquiera del hombre sino una manera de percibir el conjunto de su ser. Eso sólo puede tener lugar en la fe, pero resulta que también la fe es noche.

La noche, entonces, es el símbolo de la necesidad que tiene el hombre de salir de sí para encontrar su verdadero centro, que es Dios.

La noche devuelve al hombre el sentido del misterio de Dios real y trascendente. Esa es la experiencia que vive y ofrece Juan, el eje de su magisterio espiritual.

 

Morir de amor

En el Carmelo de Ávila era común el tema <<morir de amor>>.

Santa Teresa glosó también estos cantares. Así tenemos dos poesías paralelas con estrofas repetidas y versos entremezclados.

Veamos algunos versos de la de Juan:


Vivo sin vivir en mí

y de tal manera espero,

que muero porque no muero.

 

En mí yo no vivo ya,

y sin Dios vivir no puedo;

pues sin él y sin mí quedo,

este vivir ¿qué será?

Mil muertes se me hará,

pues mi misma vida espero,

muriendo porque no muero.

 

Esta vida que yo vivo

es privación de vivir;

y así, es continuo morir

hasta que viva contigo (…)

 

Estando ausente de ti

¿qué vida puedo tener,

sino muerte padecer

la mayor que nunca vi? (…)

 

Mira que peno por verte,

y mi mal es tan entero,

que muero porque no muero.

 

San Juan de la Cruz


 (Nota del escritor de este texto: Lo comparto todo plena y amorosamente)