Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

5 de diciembre de 2020

Evangelio: Marchar al desierto

                                           MARCHAR AL DESIERTO

 José Antonio Pagola


Comienza el evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: <<Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino>>.

Una voz grita en el desierto: <<Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos>>.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarles las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo (Marcos 1,1-8).

MARCHAR AL DESIERTO

 << Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios >> Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al <<desierto>>. Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.


La imagen del pueblo judío <<confesando sus pecados>> es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, en todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados?, ¿es posible sin este reconocimiento <<preparar el camino del Señor>>?

 

EL CAMINO ABIERTO POR JESÚS

No pocos cristianos practicantes entienden su fe solo como una <<obligación>>. Hay un conjunto de creencias que se <<deben>> aceptar, aunque uno no conozca su contenido ni sepa el interés que pueden tener para su vida; hay también un código de leyes que se <<debe>> observar, aunque uno no entienda bien tanta exigencia de Dios; hay, por último, unas prácticas religiosas que se <<deben>> cumplir, aunque sea de manera rutinaria.

Esta manera de entender y vivir la fe genera un tipo de cristiano aburrido, sin deseo de Dios y sin creatividad ni pasión alguna por contagiar su fe.

Es de gran importancia tomar conciencia de que la fe es un recorrido y no un sistema religioso. Y en un recorrido hay de todo: marcha gozosa y momentos de búsqueda, pruebas que hay que superar y retrocesos, decisiones ineludibles, dudas e interrogantes. Todo es parte del camino.

Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Cada uno es responsable de la <<aventura>> de su vida. Cada uno tiene su propio ritmo. No hay que forzar nada. En el camino cristiano hay etapas. Lo importante es <<caminar>>

 


PREPARAR EL CAMINO AL SEÑOR

¿Cómo preparar nuevos caminos al Señor en nuestras comunidades?.

Antes que nada hemos de pararnos a detectar que zonas de nuestra vida no están iluminadas por el Espíritu de Jesús. Podemos funcionar bien como una comunidad religiosa en torno al culto, pero seguir impermeables a aspectos esenciales del evangelio. ¿En que nos reconocería hoy Jesús como sus discípulos y seguidores?.

Es esencial <<buscar el reino de Dios y su justicia>>. Rebelarnos frente a la indiferencia social que nos impide mirar la vida desde los que sufren. Resistirnos a formas de vida que nos encierran dentro de nuestro egoísmo. Si no contagiamos compasión y atención a los últimos, ¿qué estamos difundiendo en la sociedad?.

Hay un <<imperativo cristiano>> que podría orientarnos en la búsqueda real de la justicia de Dios en el mundo: actuar en nuestras comunidades cristianas de tal forma que ese comportamiento se pudiera convertir en norma universal para todos los humanos. Señalar con nuestra vida caminos hacia un mundo más justo, amable y esperanzado.

 


REORIENTAR LA VIDA

Lo primero no es <<volver a la Iglesia>> y comenzar de nuevo a <<cumplir>> unas prácticas religiosas sin convicción alguna. Lo importante es clarificar la propia postura y decidir cómo quiere uno orientar su vida.

Antes que nada es necesario aclarar dónde está uno y saber exactamente de qué se ha alejado: ¿me he distanciado de una determinada educación religiosa o he suprimido a Dios de mi vida?. ¿ He abandonado una << religión >> que me aburría o he eliminado de mi corazón todo rastro de comunicación con Dios?.

Por eso es importante seguir aclarando cuál es mi actitud básica ante la existencia: ¿sé prestar atención a lo <<profundo>> de la vida, lo que no se capta inmediatamente con los sentidos, o solo vivo de lo que <<salta a la vista>> y me resulta útil para mis intereses?.

En el fondo, para un cristiano creer es abrirse confiadamente al misterio de la vida, porque se sabe querido por Dios.

Lo importante es <<abrir caminos>> en nuestra vida. Hacer algún gesto que manifieste nuestro deseo de reaccionar. Dios está cerca de quién lo busca con verdad.

 

RENDIJAS

Dios se acerca a nosotros buscando la rendija que el hombre mantiene abierta a lo verdadero, a lo bueno, a lo bello, a lo humano. Son esos resquicios de la vida a los que hemos de atender para abrir caminos a Dios.

Para algunos, la vida se ha convertido en un laberinto. Ocupados en mil cosas, se mueven y se agitan sin cesar, pero no saben de dónde vienen ni a dónde van. Se abre en ellos una rendija hacia Dios cuando se detienen para encontrarse con lo mejor de sí mismos.

Hay quienes viven una vida <<descafeinada>>, plana e intrascendente en la que lo único importante es estar entretenido. Solo podrán vislumbrar a Dios si empiezan a atender el misterio que late en el fondo de la vida.

Otros viven sumergidos en <<la espuma de las apariencias>>. Solo se preocupan de su imagen, de lo aparente y externo. Se encontrarán más cerca de Dios si buscan sencillamente la verdad.

Muchos se irán encontrando con Dios si saben pasar de una actitud defensiva ante él a una postura de acogida; del tono arrogante a la oración humilde; del miedo al amor, de la autocondena a la acogida de su perdón. Y todos haremos más sitio a Dios en nuestra vida si lo buscamos con corazón sencillo.

 

José Antonio Pagola