Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

2 de julio de 2021

Una voz y una guitarra para transformar el mundo

La música de Sara Curruchich habla de los maizales, la lluvia, los bosques y la libertad de los pueblos. En su voz también contiene la lucha de las mujeres, la oralidad de las comunidades y los ancestros. Su historia también narra un país como Guatemala. 

Se sigue pensando que las mujeres tenemos que responder a un patrón de quedarnos en casa y tener hijos, no como una decisión sino como una obligación”, dijo Sara, embajadora en Guatemala del movimiento mundial HeForShe, creado por ONU Mujeres para promover la equidad de género.

La rabia que siente ante muertes como la de Ana Delia Sotz fue la inspiración detrás de la letra de La Siguanaba, una canción que le da un giro a una leyenda popular en Guatemala, para convertir a su protagonista en un símbolo de la lucha contra la opresión patriarcal.

Una de las múltiples versiones de la leyenda, narra que La Siguanaba fue una joven hermosa, obligada a casarse con un cacique 40 años mayor que ella, a quien rechazó, y a quien él, en venganza, convirtió en monstruo. Otra versión, cuenta que La Siguanaba fue desfigurada y asesinada por un esposo alcohólico y violento. La versión kaqchikel que cuentan en el pueblo de Sara, retrata a La Siguanaba como una criatura de enormes ojos brillantes y pezuñas en vez de manos.


“Escribir una canción implica acercarse a los conocimientos orales de nuestras comunidades. Le pregunté a mi mamá y a mi tía cómo habían escuchado la historia de la Siguanaba. Siempre se hablaba de ella como una mujer alta, de pechos grandes, que atrapaba a los hombres, como se suele decir. Además de la sexualización de su cuerpo, la habían obligado a casarse y entonces pensé en cómo en nuestro país sigue existiendo el matrimonio infantil, que es prácticamente una violación”, explica Sara.