Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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27 de agosto de 2021

El Evangelio y la Reflexión de J. A. Pagola

 

            CON EL CORAZÓN LEJOS DE DIOS




En aquel tiempo se acercó Jesús a un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras( es decir, sin lavarse las manos). (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones de lavar vasos, jarras y ollas,) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús:

¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?

Él les contestó:

Bien profetizo Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: <<Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos>>. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

En otra ocasión llamó Jesús a la gente y les dijo:

Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro (Marcos 7,1-8ª.14-15.21-23).

 

UNA RELIGIÓN VACÍA DE DIOS

Los cristianos de la primera y segunda generación recordaban a Jesús no tanto como un hombre religioso, sino como un profeta que denunciaba con audacia los peligros y trampas de toda religión. Lo suyo no era la observancia piadosa por encima de todo, sino la búsqueda apasionada de la voluntad de Dios.

Marcos, el evangelio más antiguo y directo, presenta a Jesús en conflicto con los sectores más piadosos de la sociedad judía.

Jesús cita al profeta Isaías: <<Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos>>. <<Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres>>.

Empequeñecemos el evangelio para no tener que convertirnos demasiado. Orientamos la voluntad de Dios hacia lo que nos interesa y olvidamos su exigencia absoluta de amor.

Este puede ser hoy nuestro pecado. Agarrarnos como instinto a una religión desgastada y sin fuerza para transformar nuestras vidas.

 

CON EL CORAZÓN LEJOS DE DIOS

Aunque se habla mucho de secularización y pérdida de fe, la gente sigue siendo en general bastante religiosa.

Pero, de hecho, estas celebraciones no son, muchas veces, un encuentro sincero con Dios. Muchas bodas, bautizos y primeras comuniones quedan reducidos a una reunión de carácter social, un acto impuesto por la costumbre o un rito que se hace sin entender muy bien lo que significa, y sin que, por supuesto, implique compromiso alguno para la vida.

Las palabras de Isaías <<Así dice el Señor: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío>>

El culto agrada a Dios cuando se produce un verdadero encuentro con el y cuando se escucha su llamada a vivir una vida más fiel al evangelio de Jesús y a su proyecto del reino de Dios.

Está bien preparar los detalles de la boda o la primera comunión. Es bueno cuidar la reunión festiva de la familia, pero, si se quiere celebrar algo desde la fe, lo primero es preparar el corazón para el encuentro con Dios.

Sin ese encuentro sincero con él, todo queda reducido a culto vacío donde, como diría Jesús, dejamos de lado a Dios para aferrarnos a tradiciones de hombres.

 



INDIFERENCIA PROGRESIVA

La crisis religiosa se va decantando poco a poco hacia la indiferencia. No es fácil describir esta indiferencia. Lo primero que se observa es una ausencia de inquietud religiosa. Dios no interesa. Es, más bien, una <<atmósfera envolvente>> donde la relación con Dios queda diluida.

Hay diversos tipos de indiferencia. Algunos viven un alejamiento progresivo; son personas que se van distanciando cada vez más de la fe; poco a poco Dios se va apagando en sus conciencias.

En algunos, la indiferencia es fruto de un conflicto religioso vivido a veces en secreto; han sufrido miedos o experiencias frustrantes; no guardan buen recuerdo de lo que vivieron de niños o de adolescentes; no quieren oír hablar de Dios, pues les hace daño; se defienden olvidándolo.

No es que estas personas hayan tomado la decisión de abandonar a Dios, pero de hecho su vida se va alejando de él.

Hay otro tipo de indiferencia. Es la de quienes se han acostumbrado a vivir la religión como una <<práctica externa>> o una <<tradición rutinaria>>.

Todos hemos de escuchar la queja de Dios. Nos la recuerda Jesús con palabras tomadas del profeta Isaías: <<Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí >>.

 

NO AFERRARNOS A TRADICIONES HUMANAS

Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones, al crear en torno suyo un <<espacio de libertad>> donde lo decisivo es el amor.

Aquel grupo de maestros religiosos no entienden la Buena Noticia de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Sigue reinando la ley, la norma, la costumbre establecida por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo enseñado por <<los mayores >>. No piensan en el bien de las personas. No les preocupa <<buscar el reino de Dios y su justicia>>.

El error es grave. Por eso Jesús les responde con palabras duras: <<Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres>>.

Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.

 

LA VERDADERA TRADICIÓN

 

Son bastantes los cristianos que tienen la sensación de no saber ya exactamente qué es lo que hay que creer, lo que hay que cumplir y lo que hay que celebrar.

Ante la anarquía de posiciones se busca la seguridad de la tradición. Pero al acudir a la tradición es necesario evitar un grave riesgo. La fe no es algo que se va transmitiendo, como un objeto que se pasa de mano en mano. La fe es una vida que no puede ser comunicada sino en la misma vida.

En el corazón de la verdadera tradición está siempre viva la búsqueda del evangelio y del seguimiento fiel a Jesús.

Es bueno que todos escuchemos sinceramente la advertencia de Jesús: <<Dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres>>. Ni progresistas ni tradicionalistas tienen derecho a sentirse un grupo más cristiano que el otro. Todos hemos de dejarnos juzgar por la palabra de Jesús. Que nos llama siempre a buscar desde el amor la conversión al reino de Dios.

 

José Antonio Pagola