Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

29 de octubre de 2021

Aprendamos a ser iglesia de otro modo

 

APRENDAMOS A SER  IGLESIA DE OTRO  MODO



La síntesis del contenido que desarrollaré en esta ocasión es el texto del punto 9 del Documento Preparatorio del Sínodo sobre Sinodalidad: Para “caminar juntos” es necesario que nos dejemos educar por el Espíritu en una mentalidad verdaderamente sinodal, entrando con audacia y libertad de corazón en un proceso de conversión sin el cual no será posible la -perenne reforma- de la que la Iglesia misma, en cuanto institución humana y terrena tiene siempre necesidad”

Tesis de partida: El camino sinodal es un proceso de aprender, desaprender y reaprender a ser iglesia de otro modo. Es el camino hacia una iglesia sinodal. Es un proceso permanente de conversión personal y comunitaria, de las personas (laicos y pastores) y las estructuras eclesiales. Personas y estructuras. Es un proceso espiritual, del Espíritu y con el Espíritu. Sin Él no hay sinodalidad posible.

La sinodalidad exige, en todos, una conversión de nuestro modo de ser y actuar. Para que este proceso de sinodalidad de los frutos esperados, (otra forma de ser iglesia y ser la ocasión de revitalizar la Iglesia Católica), todos tenemos que convertirnos: Es decir cambiar, transformar nuestros estilos de pensar y obrar actuales. Tenemos que salir de nuestras rutinas y desaprender aquellos hábitos individualistas y cómodos a los que estamos acostumbrados. Y tenemos que aprender y desarrollar un estilo de vida eclesial donde tenga cabida la comunión (unidad en la diversidad), la participación comprometida de todos y la corresponsabilidad en la misión compartida por todos los bautizados: evangelizar y servir. Servir y sinodalidad se dan la mano.

Para ejemplificar el proceso de conversión personal e institucional del que hablamos aquí, las parábolas o metáforas que me ayudan son: La parábola del grano de mostaza y de la levadura. El grano de mostaza, al ser sembrado en la tierra, se transforma en árbol. La levadura, al mezclarse con la harina, se transforma en pan. Así la conversión sinodal tiene sus condicionamientos y exigencias. Señalaré algunas: Profundización, nada de superficialidades o apariencias (para enraizar el grano tiene que hundirse en la tierra y la levadura, para fermentar la masa, perderse en la harina). A esa profundización la llamamos espiritualidad, desde lo hondo, desde dentro. Paciencia: la conversión es un proceso lento e interminable. Siempre hay un Plus Ultra. Como el grano de mostaza y la levadura se transforman poco a poco, sin parar, en árbol y pan. Confianza: El fruto del proceso de transformación merece la pena. El fruto por su naturaleza vendrá y cumplirá su objetivo, albergará a los pájaros y saciará el hambre. Humildad, valentía, compromiso, esfuerzo, renuncia…

Para lograr todo esto contamos con el Espíritu. Este Sínodo es un espacio espiritual, del Espíritu que nos habita a todos y se expresa a través de nosotros. No bastan los buenos deseos e intenciones, que son necesarios pero no suficientes, necesitamos luz y fuerza. Eso nos lo da el Espíritu. Y tiene que venir del Espíritu. Esta conversión es muy exigente, muy difícil. Por eso necesitamos la luz y la fuerza del Espíritu. Contamos con Él. Y es oportuno que en todos los momentos de este proceso de conversión sinodal supliquemos al Espíritu que venga en nuestro auxilio, que su participación complete la nuestra a lo largo del tiempo y eleve nuestra motivación al cambio.

En Síntesis: Si convertirse es cambiar de mentalidad y de estilo de vida (¡Ahí es nada!), toda conversión, también la sinodal, supone un proceso, un largo camino a recorrer: Desde el estado actual de nuestro ser y actuar en la Iglesia jerárquica, patriarcal y andrógina (pasividad, falta de formación y compromiso, sospecha, desilusión, desesperanza) hacia una Iglesia Sinodal, servidora de la humanidad. El objetivo de este Sínodo sobre la sinodalidad es que la Iglesia, pueblo de Dios, pueda reaprender, a través de la experiencia de este camino sinodal, qué procesos le pueden ayudar a vivir la comunión, realizar la participación y abrirse a la misión que tiene encomendada.


El papa Francisco, en la sesión de apertura del Sínodo, nos hizo y se hizo esta pregunta: "¿Estamos preparados para la aventura de este viaje?" ¿O nos da miedo lo desconocido, prefiriendo refugiarnos en las excusas habituales: ‘es inútil’ o ‘siempre lo hemos hecho así’?" ¿Estamos dispuestos a ello? El Papa también abordó, en esa ocasión, los peligros del camino sinodal. Entre otros señaló: Intelectualismo, formalismo e inmovilidad. Yo añadiría: absentismo por falta de compromiso y desinterés, falta de formación y seguir dando soluciones viejas a problemas nuevos. El papa insistió en la oportunidad de este Sínodo sobre la sinodalidad: “El camino sinodal es el camino que Dios espera de la Iglesia en el tercer milenio”. El “caminar juntos”, trabajar juntos, en equipo, es el modelo de Iglesia que realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como Pueblo de Dios, peregrino y misionero. Una Iglesia en salida, abierta a todos, una Iglesia de la escucha mutua y respetuosa con la diversidad, de la proximidad y de la ternura al estilo del Dios-Amor, de la cercanía y ternura. El papa en la sesión de apertura añadió: “Urge que la Iglesia deje de ser un museo, hermosa, pero muda, con mucho de pasado, pero con poco futuro…”


Como cierre de esta reflexión voy a hacer mías algunas de las palabras que pronunció Cristina Inogés en la sesión de Apertura del Itinerario Sinodal, “Momento de Reflexión con el Papa” el 9 de octubre 2021: Iniciamos un proceso espiritual, que eso es la sinodalidad, y lo hacemos con esperanza, decisión, y hambre de conversión… Somos heridos caminantes llenos de esperanza, confianza y amor en el Dios que no nos abandona… Estamos ante ti, Dios nuestro, como una Iglesia herida, profundamente herida. Hemos hecho mucho daño a muchas personas, y nos lo hemos hecho a nosotros mismos… No tenemos que tener miedo a reconocer los errores cometidos… Es bueno y saludable corregir los errores, pedir perdón por los delitos cometidos, y aprender a ser humildes… Y nos duele la Iglesia porque la amamos… En muchas ocasiones la fidelidad exige cambiar… ¡¡Muchas gracias, Cristina!!

En la próxima entrega reflexionaremos sobre la “Necesidad de formación en Sinodalidad”

África De La Cruz Tomé