Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

1 de febrero de 2024

EL CUARTO PODER

(Antonio Zugasti)

El Cuarto Poder

«Tres Anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo….

Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro

en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Un Anillo para gobernarlos a todos. 

Contemplando la realidad de nuestra sociedad, me ha venido a la cabeza el fabuloso mundo creado por Tolkien en El Señor de los Anillos. Y me parece que, a lo mejor, no todo es fantasía, y en nuestro mundo real nos encontramos con una versión muy prosaica del Anillo del Señor Oscuro, de ese  Anillo para gobernarlos a todos.

Se habla mucho de los tres poderes que rigen las sociedades democráticas: el poder  Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Pero no se dice nada de un Cuarto Poder, que en las sociedades capitalistas  –hoy prácticamente todo el mundo–  domina a los otros: el Poder Económico, el  Anillo para gobernarlos a todos.

Los tres conocidos son poderes claros y transparentes. Todos los diputados y senadores han sido elegidos democráticamente en unas elecciones en las que todos los partidos presentaban sus programas y  los proyectos que pensaban desarrollar, si conseguían el poder. El Presidente del Gobierno, el máximo  exponente del Poder Ejecutivo, tiene que ser una persona bien conocida en la sociedad, y de reconocido prestigio.  Es elegido por la mayoría del Congreso y, si su partido no ha conseguido mayoría absoluta, tiene que negociar con otros partidos el programa de gobierno. Los miembros del Poder Judicial han alcanzado su puesto en unas oposiciones  abiertas en que tienen que demostrar su conocimiento de las leyes del país

Pero ¿qué sabemos del poder económico?  Sabemos que se habla muy poco de él, porque domina los grandes medios de comunicación y no le interesa que aparezca su responsabilidad  en las condiciones de vida de la sociedad. Sabemos que financia generosamente las campañas electorales de los partidos que le son más favorables. Sabemos que gracias a la globalización se mueve libremente por todo el mundo. Sabemos que invierte en los terrenos donde espera mayores beneficios sin que eso repercuta en las condiciones de vida del país. Sabemos que vuela por todo el mundo buscando los países donde pague menos impuestos.

También sabemos que  no tiene nada de democrático ni transparente. Conocemos las figuras de unos cuantos milmillonarios, pero no sabemos en qué invierten su dinero y cómo logran multiplicarlo en unos pocos años. Unos Fondos de Inversión, que recuerdan al Señor Oscuro, pues pocos saben quién está detrás, manejan miles y miles de millones y se mueven por el mundo, buscando las presas más fáciles, los terrenos donde pueden extraer los mayores beneficios. Unos fondos que pueden presionar a los gobiernos de tal manera que se sometan a sus deseos.

Ahora bien, esto no ha sido así desde el origen de los tiempos. Los más ricos siempre han tenido poder e influencia, pero, al menos, estaban sometidos a las leyes del país y no podían sacar el dinero tranquilamente para llevarlo a donde les resultara más rentable. El cambio se ha producido por decisiones políticas. El presidente de los EE.UU. Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher, radicalmente conservadores los dos, dieron un gran impulso a la globalización económica, que se impuso en todo el mundo y ha permitido la total libertad de movimientos a los capitales

Pues, si por decisiones políticas hemos llegado aquí, por decisiones políticas se puede revertir la situación, y conseguir que ese cuarto poder, que hoy es el anillo del Señor Oscuro para gobernarlos a todos, se someta a los otros tres poderes, democráticos y claros. Descubrir y denunciar ese cuarto poder. Poner claramente de manifiesto como ese cuarto poder, empujado  por su ambición insaciable, se mueve por todo el mundo   buscando su beneficio a costa de lo que sea.

E imaginar lo que podía ser el mundo, si los poderes que lo gobiernan fueran democráticos y claros, y no buscaran el beneficio económico de unos pocos, sino el bienestar de las grandes mayorías.