Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

1 de febrero de 2024

PEDRO CASALDÁLIGA

 -"Ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre"

Base y razones del vivir de Pedro Casaldáliga

Pedro Casaldáliga

"Condición primera para quien quiera averiguar el vivir de Pedro Casaldáliga: disponer de la llave que le abre las puertas  de su vida. La llave en este caso es principalmente este libro de 535 pgs"

"¿De dónde le viene a Pedro esa connatural opción por los más empobrecidos? ¿Acaso de  un don llovido del cielo potenciando una opción ingénita en todos los humanos, pero que los más no activamos?"

"La opción de Casaldáliga proviene de su radical seguimiento e identificación con Jesús de Nazaret, en el cual como hijo  se revela  el mismo obrar de Dios y, en consecuencia, nos alcanza  también a todos como hijos suyos"

"Dijo: 'Estoy convencido de que no se puede ser revolucionario ni profeta, ni libre sin ser pobre'. De acuerdo con su lema, denunciaba como nadie que la Iglesia no debía educar para la obediencia sino para la libertad"

Benjamín Forcano

Condición primera para quien quiera averiguar el vivir de Pedro Casaldáliga: disponer de la llave que le abre las puertas  de su vida. La llave en este caso es principalmente este libro de 535 pgs: Antología poética de Pedro Casaldáliga. Es como un barco que  surca todo el mar secreto de su vida, bajo la sorpresa de ir descubriendo la conexión fraudulenta del Primer con el Tercer mundo, relacionados  de tal manera que el Primero puede prosperar tanto más cuanto más pueda invadir, someter, robar y dominar al Tercer mundo.

Pedro es un ser humano como todos los demás, lo cual nos permite adentrarnos en su vida, que comienza en 1928 y acaba en el 2020 tras 92 años de existencia.

Abrimos, pues y entramos: ordenado sacerdote en 1952, ejerce su labor pastoral en España hasta 1968, año en que por fin realiza su sueño de partir para Brasil, a Sao Félix de Araguaia. Allí, a los tres años de haber ido gravando en su corazón el paisaje inmenso de enormes latifundios, equivalentes a un tercio de España, es nombrado obispo en 1971.

Mil poemas que exhiben el triste proceso de este doble mundo desigual, cruel y deshumanizador.

Ahora bien, si todos somos portadores de una misma vida humana, cabe preguntarse ¿por qué la nuestra es tan distinta a la de Casaldáliga frente a un misma tragedia, generadora de millones de pobres? ¿O es que Casaldáliga es sujeto de otra forma natural de ser?

Obviamente: NO.

Pregunta entonces ineludible: ¿De dónde le viene a Pedro esa connatural opción por los más empobrecidos? ¿Acaso de  un don llovido del cielo potenciando una opción ingénita en todos los humanos, pero que los más no activamos?

Desde esta premisa, la llave de este libro nos permite analizar todo el clamor poético de Pedro transido de algo que también existe en nosotros.

Digámoslo sin equívocos: la opción de Casaldáliga proviene de su radical seguimiento e identificación con Jesús de Nazaret, en el cual como hijo  se revela  el mismo obrar de Dios  y, en consecuencia, nos alcanza  también a todos como hijos suyos.


Nos pertenece, pues esta estricta verdad: nosotros, con y como el mismo Jesús, debiéramos atender a nuestros hermanos más discriminados y desatendidos. (MT, 25, 35-40).

Esta y no otra, es la perspectiva para poder valorar las enternizadas y reiteradas palabras de Pedro: “Los pobres son la niña de mis ojos, a mí siempre se me ha quebrado el corazón ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida. Soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me  pregunté  que si puedo vivir con tres camisas, por qué voy a necesitar diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon.

Y estoy convencido de que no se puede ser revolucionario ni profeta, ni libre sin ser pobre. Siendo pobre me siento libre  de todo  y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre”.

Y con enardecida razón declara: “Señor, no sé si he sabido hallarte en todos, pero siempre te he amado en los más pobres”.

Y Pedro, con deliberada  antelación, trata de asegurarse de que al morir no se le honre con un funeral solemne: “Cuando me muera, advierte firme al “Movimiento de trabajadores sin tierra”, me enterráis junto al río Araguaia,  en la tierra, donde yo he enterrado a tantos indígenas, a tantos peones perseguidos o huidos de Haciendas y a tantos niños sin caja. Oidlo bien: como un pobre más, siete palmos de tierra, una crucecita de palo y… la resurrección”. 

"Se entiende entonces, por qué Pedro cuestiona ante quien sea cualquier comportamiento eclesiástico o civil que no concuerde con los principios del reino de Dios"

Se entiende entonces, por qué Pedro cuestiona ante quien sea cualquier comportamiento eclesiástico o civil que no concuerde con los principios del reino de Dios. En su testimonio está presente nada menos que el mismo espíritu de Dios: “Sed perfectos  como vuestro Padre celestial es perfecto”.

Pedro, coherente reitera: “El odio rebaja y degrada al ser humano, lo hace incapaz de ver su yo reflejado en el otro. Rezar por los que os persiguen, querer a los que no os quieren, mostrad afecto a los que no son de vuestra gente, no ofender a los que os afrentan, compartid generosamente lo que tenéis y no volváis nunca la espalda a los que os piden” (MT, 5, 9-48).

En el universo poético de Pedro, existen cinco sobresalientes hechos que sirven para ser admirados sino imitados: 

1-Ratificación de su programa y acción pastoral

2-Cuestionamiento de la  “visita ad limina” para ver al Papa

3-Acogida, como obispo benévolo, de seis compañeros expulsados de la  Congregación claretiana

4-Incondicional apoyo a la revolución sandinista

5-Anhelo de que, si hubieran de bautizarlo de nuevo, le pongan como nombre 'Pedro Libertad'

Sobre el primer punto, Pedro era consciente, nada más llegar al Mato Groso, de que le tocaría mostrar la fuerza liberadora del proyecto de Jesús. A los tres años, ya tenía el documento-mapa que expresaba la realidad de su Prelatura con este título: “Una Iglesia en conflicto con el latifundio y la marginación social”.

El documento daba la puntilla a la complicidad histórica de una Iglesia con los poderosos de este mundo. Y sobrevino lo que acaso nadie esperaba: la alarma, el escándalo y la persecución. Todos: gobierno, policía y hasta el mismo Nuncio le pidieron que no lo publicara en el extranjero. Hasta cinco veces estuvo a punto de ser expulsado del país. Pero el Papa Pablo VI intervino sabio: “Tocar a Pedro es tocar al Papa”. Y se evitó la expulsión. 

Sobre el segundo punto, Pedro decidió no hacer  la “visita ad limina” para ver al Papa, pues tales visitas servían para informar al Papa sobre los problemas de cada diócesis. Y, además, añade Pedro, yo soy un pobre y los pobres no viajan”.

"Yo soy un pobre y los pobres no viajan"

Pedro cumplió su palabra: jamás viajó a España, ni siquiera cuando murió su madre, cuya noticia yo le transmití. De Roma le llamaron por esto la atención y él les contestó: si el Papa lo desea, haré la visita.

Sin embargo, tardaron dos años en avisarle hasta recibirlo, pero recalcándole que no se le ocurriera hacer declaración pública alguna.

Participé en este asunto, con el fin de divulgar lo más posible la noticia y la hice llegar al periódico El País. Si es así, me comentó enseguida Pedro, seguro que no me reciben. ¿Qué hacemos, pues? Pedro, al fin me dijo: Déjalo, ya está hecho, que salga. Y salió.

Pedro se había hecho preceder en su visita con una Carta al Papa, donde le mostraba muy en detalle  su corresponsabilidad episcopal sobre puntos muy importantes que debía afrontar. Y, aparte, tuvo una sesión con los cardenales Gantin y Ratzinger, que lo sometieron a un examen, que Casaldáliga contesto sereno y con gran lucidez. Al poco tiempo, Pedro recibió un documento de Roma, para que lo firmara. A lo cual, contesto: “No es eso lo que hemos acordado con el Papa”. Y no lo firmo.

Para muchas congregaciones y teólogos resultaba primordial difundir la renovación del concilio Vaticano II. Cinco compañeros más y yo formábamos una comunidad claretiana que nuestros mismos  superiores impulsaron para tal fin.


En ese tiempo, logré publicar el libro Nueva Ética Sexual, que circuló pacíficamente durante varios años. Pero, llegó un momento en que el libro y su autor  fueron sometidos a examen, decretando después de largo proceso, su prohibición.

Hicimos varios recursos en contra, pero al final, en última y máxima instancia, se nos condenaba y se nos expulsaba de la Congregación. Seguíamos siendo sacerdotes, cierto, pero no podíamos hacerlo sin que nos acogiera algún obispo benévolo en su diócesis, cosa difícil sino imposible en España.

Y, dado que Pedro era obispo y claretiano y que teníamos una intensa relación con él, viajé para exponerle nuestra situación. Su respuesta fué inmediata: “Mira, Benjamín, por el amor que os tengo, contad incondicionalmente conmigo hasta la muerte. Soy vuestro obispo”. Para Pedro, éramos algo así como la trinchera teológica de su Prelatura en el Primer Mundo.

Pedro no viajaba y tenía decidido no salir de Brasil.

Lo hizo, sin embargo, a Nicaragua, dando prueba de su libertad profética. No le eran favorables ni el Papa Juan Pablo II, ni los obispos de Nicaragua. Pero Pedro, en fidelidad al Evangelio, tenía que hacerse presente para apoyar la revolución sandinista y su pastoral de la frontera y de la consolación.

Con gran impacto dentro y fuera, dejó constancia de toda su acción en su libro “Nicaragua, combate y profecía”.

De acuerdo con su lema de ‘Ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre’ denunciaba como nadie que la Iglesia no debía educar para la obediencia sino para la libertad. 


 Y voy a aludir tan solo al revuelo que armó cuando, llegado a Nicaragua, dijo que venía a sumarse a la huelga de hambre sostenida por Miguel d´Escoto contra los opuestos a la evolución. “No, no”, le dijeron; vos debes estar libre e ir de una otra parte de Nicaragua, para afianzar la conciencia de la validez y grandeza de nuestra revolución. Y, en efecto, con gran impacto dentro y fuera, dejó constancia  de toda su acción concientizadora en su libro “Nicaragua, combate y profecía”. De él, escribe: “Digo en voz alta lo que en conciencia no podía dejar de decir”.

Después de sondear el libre y pobre vivir de  Pedro Casaldáliga, podríamos reflejarlo en el siguiente retrato:

Pedro es un hombre libre

ante las instituciones, ante las personas,

ante los grupos y las ideologías,

es la palabra libre,

la osadía que bebe en la fuente del Espíritu,

que es viento y  fuego,

y revienta estructuras y cadenas.

Si Pedro es libre es porque a la vez es pobre.

Lo tiene muy claro:

encontrarse con el pobre, es encontrarse con Dios.

Por tanto, quien no toma en serio al pobre,

no puede encontrarse con Dios.

Quien cree en Dios,

debe creer  en la dignidad del hombre.

Quien ama al Padre, debe servir a los hermanos.

 

Si vivir es convivir, todos y todas

debemos ser reconocidos como personas

en la radical  dignidad de la raza humana.

La más esencial tarea de la humanidad es humanizarse.

Humanizar el pequeño mundo del propio corazón,

del propio hogar, de la vecindad y del gran mundo

de la política, de la economía y de las instituciones.


La paz y el diálogo son necesarios para que haya paz en el  mundo. Es, pues, hora de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor  y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía.

Un Dios que separa la humanidad, es un ídolo mortífero.


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