Bloques para Dios
Van subiendo
por la senda en la montaña
esos jóvenes
y ancianos
campesinos,
sus mujeres y sus niños.
En las
bolsas de su espalda van llevando su tesoro:
Unos bloques
de cemento.
La energía
que les mueve
es el sueño
de tener allá en la aldea
un rincón
para su fe,
para ese
Dios que no se encierra en catedrales
ni hay
quien pueda ser capaz de secuestrarlo
bajo un techo.
Saben bien
que el Dios con quien platican
está dentro de su tierra, en las raíces de sus pinos
en la lluvia
que abre el fruto de sus milpas
y en las
aves que les llaman al trabajo en la mañana .
Ya lo saben.
Pero saben
que, también, el duro viento y las tormentas, los terrenos enlodados
las
serpientes, y alimañas no les dejan
agruparse al aire libre
y sentarse reunidos en silencio.