Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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24 de octubre de 2020

Evangelio y comentario de J. A. Pagola

 

                                             NO OLVIDAR LO ESENCIAL

Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó a modo de prueba:

Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

<<Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser>>. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: <<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas (Mateo 22,34-40)

 

NO OLVIDAR LO ESENCIAL

Nada hay más importante que estos dos mandamientos. Para Jesús son inseparables. No se puede amar a Dios y desentenderse del vecino. Amar a Dios es sencillamente centrar la vida en él para vivirlo todo desde su voluntad.

Por eso añade Jesús el segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir a Dios olvidado de gente que sufre y a la que Dios ama tanto. Un amor a Dios que olvida a sus hijos e hijas es una gran mentira.

La religión cristiana les resulta hoy a no pocos complicada y difícil de entender. Probablemente necesitamos en la Iglesia un proceso de concentración en lo esencial para desprendernos de añadidos secundarios y quedarnos con lo importante: amar a Dios con todas mis fuerzas y querer a los demás como me quiero a mí mismo.

PASIÓN POR DIOS Y COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el <<espíritu perdido>>: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo. Que nadie piense que, al hablar del amor a Dios, se está hablando de emociones o sentimientos hacia un Ser imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones.

<<Amar a Dios con todo el corazón>> es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como Padre, que es bueno y nos quiere bien.

No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como <<pasión por Dios y compasión por la humanidad>>


EL AMOR LO ES TODO

Hay algo que se nos revela con toda claridad: el amor lo es todo. Lo que se nos pide en la vida es amar. Ahí está la clave.

Pero, ¿por qué el amor es la fuerza que da sentido, verdad y plenitud a la vida ?. Esta centralidad del amor se arraiga, según la fe cristiana, en una realidad: Dios, el origen de toda la vida, él mismo es amor. Esa es la definición osada e insuperable de la fe cristiana <<Dios es amor>>(1 Juan 4,8). Dios no sabe, no quiere y no puede hacer otra cosa que amar.

Precisamente por esto, amar a Dios es encontrar nuestro propio bien. Que diferente es la vida cuando la persona aprende a decir: <<Señor, que se haga tu voluntad, porque así se va forjando también mi bien>>.

Es entonces cuando se comprende en su verdadera profundidad el segundo mandamiento:<<Amarás a tu prójimo como a ti mismo>>. Quien ama a Dios sabe que no puede vivir en una actitud de indiferencia, despreocupación u olvido de los demás.

LA ÚNICA TAREA

Todo se reduce a vivir el amor a Dios y el amor a los hermanos. ¿Por qué tanta gente no tiene un aspecto más feliz?. ¿ Por qué no acertamos a construir una sociedad mejor, sin recurrir a la extorsión, la mentira o la violencia?. Es amor lo que nos falta.

Poco a poco, la falta de amor va haciendo del hombre un solitario, un ser siempre atareado y nunca satisfecho. La falta de amor va deshumanizando nuestros esfuerzos y luchas por obtener unos determinados objetivos políticos y sociales.

Por mucho que sean nuestros logros sociales, poco habrán cambiado las cosas si seguimos tan inmunizados al amor, a la atención a los desvalidos, al servicio gratuito, a la generosidad desinteresada o al compartir con los necesitados.

FRENTE AL INDIVIDUALISMO MODERNO

Para muchos, el ideal de la vida es <<sentirse bien>>. Todo lo demás viene después. Para lograrlo, cada uno debe reorganizarse la vida a su gusto. No hay que pensar en los problemas de los demás. Lo que haga el otro es cosa suya. No es bueno meterse en la vida ajena. Bastante tiene uno con sacar adelante la suya.

Poco a poco se va difundiendo una <<moral sin mandamientos>>. Todo es bueno si no me hace daño. Va cambiando también la manera de vivir la fe. Lo importante es que la religión le ayude a uno a sentirse bien. Siempre viene bien algo de religión. Lo que hace falta es <<gestionar>> lo religioso de manera inteligente.

El resultado es una sociedad instalada en el bienestar, compuesta por individuos respetables que se comportan correctamente en todos los órdenes de la vida, pero que viven encerrados en sí mismos, separados de su propia alma y apartados de Dios y sus semejantes.

Hay una manera muy sencilla de saber qué queda de <<cristiano>> en este individualismo moderno, y es ver si todavía nos preocupamos de los que sufren.

No hay que dar por supuesto que somos cristianos, pues puede no ser verdad. No basta preguntarnos si creemos en Dios o lo amamos. Hemos de preguntarnos si amamos como hermanos a quienes sufren.

José Antonio Pagola