Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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16 de octubre de 2020

Pere y los vientos del Vaticano II

 

CASALDÁLIGA Y LOS VIENTOS DEL VATICANO II


El Vaticano II alimentó la utopía profética y revolucionaria de Casaldáliga y de muchos otros jóvenes religiosos de la época. Jóvenes que formaron una de las generaciones más espléndidas de la Iglesia católica.

Los vientos procedentes del Pacto de las Catacumbas firmado durante el Concilio Vaticano II llegaron hasta Pere Casaldáliga, aunque él no fue uno de ellos.

Pocos años después del Vaticano II se celebró en Colombia la Conferencia de Medellín (llamada también <<Pacto de la Iglesia sierva y pobre >>, en la que los obispos latinoamericanos profundizaron sus compromisos con la opción por los pobres, alineándose así con la incipiente teología de la liberación.

Medellín fue entendida por muchos como la bienvenida latinoamericana a los vientos procedentes del Vaticano II. Aunque estuviera de acuerdo con el análisis, Casaldáliga, que no participó en ninguno de los dos encuentros, cree que Medellín fue mucho más que eso. Para él, <<fue nuestro Pentecostés>>, definición que repitió varias veces.

Considerando que Pentecostés es una fiesta que para los cristianos significa la celebración de la venida del Espíritu Santo que transformó a los apóstoles, podemos interpretar que Medellín fue un soplo del Espíritu Santo sobre la Iglesia latinoamericana.

Hoy, como diría Van Gogh, <<el viento sigue soplando>>. Durante mucho tiempo, los participantes en Medellín, así como los firmantes del Pacto de las Catacumbas, no fueron bien considerados por el Vaticano; pero en el mundo actual es posible decir que el Papa Francisco desempeña precisamente el papel que estos obispos ejercieron: el de llevar el soplo del espíritu a las nuevas generaciones.

Como explica monseñor Angélico Bernardino, obispo emérito de Blumenau, Florianópolis, << el Papa Francisco nos invita a ser una Iglesia en salida, de acuerdo con el Concilio Vaticano II. Pedro siempre fue un apóstol>>. Concluye Don Angélico:

Necesitamos recibir el olor de la gente. Nosotros que tenemos autoridad en la Iglesia debemos comportarnos como aquellos que lavan los pies. El que es más grande debe obrar como un servidor. Sabemos que esto se ha dejado un poco de lado a través de los siglos, y nosotros, obispos, cardenales, sacerdotes, nos fuimos mezclando con el poder de este mundo. Históricamente, eso ha sido una especie de contaminación que se ha aferrado a nosotros en nuestro caminar. Y todavía hoy aceptamos que el sacerdote sea llamado a menudo su reverendísima, el obispo su excelencia, el cardenal su eminencia, y el Papa su santidad. El título que Jesús nos da y que debemos comprender es: <<todos vosotros sois hermanos>>.

Antonio Canuto va más allá y cree que, en la Iglesia católica brasileña, <<Pedro es el único obispo que nunca utilizó ningún distintivo que le diferenciase de otras personas y lo identificase como obispo>>.

 

UN OBISPO CONTRA TODAS LAS CERCAS

(Vida y causas de Pedro Casaldáliga)

Ana Helena Tavares