Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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31 de octubre de 2020

Jesús como maestro interior

    JESÚS MAESTRO INTERIOR

1 Recuperar a Jesús como Maestro interior

En un escrito cristiano que se difundió hacia el año 67 podemos leer una exhortación que se diría dirigida a los cristianos de nuestros tiempos: <<Corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma nuestra fe>>(Hebreos 12,1-2). Así hemos de vivir en estos tiempos difíciles: con los ojos fijos en Jesús. Enseñándonos a vivir con una confianza absolutamente nueva y singular en Dios como Padre(Abbá), que busca introducir en el mundo de hoy su proyecto humanizador para dar pasos hacia una humanidad más justa, digna y fraterna para todos.



El primer objetivo de esta obra es contribuir a recuperar a Jesús como <<Maestro interior>>.

Desde hace siglos, cuando se habla del magisterio en la Iglesia, solo se piensa en el magisterio de la jerarquía, ignorando casi siempre el magisterio interior de Jesucristo resucitado. Sin duda, la fe cristiana necesita también hoy de la orientación responsable de la jerarquía, pero un cristianismo olvidado de Jesús y guiado solo <<desde fuera >>, ¿ no seguirá llevando a sus miembros a la incredulidad, a la indiferencia o al infantilismo?.

En este trabajo oriento mi propósito de recuperar a Jesús como Maestro interior a promover otros dos objetivos concretos que se enriquecen y complementan mutuamente: << la renovación interior del cristianismo, tal como es vivido en nuestros días, y la necesidad de reavivar en estos momentos la verdadera espiritualidad de Jesús.>>

2 Hacia la renovación interior del cristianismo actual

El vacío interior del cristianismo actual es deplorable. A partir, sobre todo, de la Contrarreforma, y por diversos factores, la fe se ha ido reduciendo en buena parte al asentimiento de un conjunta de doctrinas. Muchos cristianos piensan todavía hoy que la fe consiste sencillamente en creer <<cosas difíciles de entender>>, pero que hemos de aceptarlas para poder ser cristianos y salvarnos. Este modo de entender y vivir la fe está arruinando la vida cristiana de muchos, vaciándola de toda experiencia interior de Dios.

Esta es la fe que se está perdiendo en nuestros días. Sin experiencia interior de Dios, la fe queda reducida a algo tan infantil y superficial que no podrá subsistir en el futuro. Lo primero que hemos de introducir y contagiar en nuestras comunidades y parroquias es esta buena noticia: todo ser humano puede descubrir en su interior el misterio de amor insondable que los creyentes llamamos Dios.

Toda persona puede conocer, vivir y gozar de manera sencilla, pero real, la experiencia interior de un Dios en el que podemos confiar. Solo desde esa experiencia se puede despertar en nosotros la atracción hacia Dios como origen último del que proviene nuestro ser, realidad hacia la que apuntan nuestras preguntas más radicales y meta hacia la que se dirige nuestro anhelo más profundo de vida.



3 Reavivar la verdadera espiritualidad de Jesús

La renovación interior de nuestra fe cristiana solo es posible si conocemos y vivimos la verdadera espiritualidad vivida por Jesús.

Yo añadiría algo más: la espiritualidad revolucionaria de Jesús posee una fuerza humanizadora y un potencial de luz para abordar precisamente los problemas humanos del mundo posmoderno que difícilmente se pondrán encontrar por otros caminos espirituales.

a) Espiritualidad vivida como relación personal con Dios

Jesús vive su experiencia de Dios dirigiéndose a él como un <<tú>>. Pero a los seguidores de Jesús, invocar a Dios como un <<tú>> nos permite expresar y vivir nuestra relación con él como un encuentro personal.

Esta relación personal con el misterio Dios hace posible la oración como experiencia privilegiada para alimentar y alentar en nosotros la fe en Dios. Más aún. Esta es la oración que hace más llevadera y humana la vida de millones y millones de personas de todas las religiones y de todos los tiempos. Dios no es propiedad de espíritus selectos. Es también de estas gentes sencillas a las que nadie ha iniciado en el silencio interior ni en la contemplación.

b) Espiritualidad marcada por la confianza absoluta en un Dios Padre de todos

Unos de los rasgos de la espiritualidad de Jesús que quiero subrayar de manera especial en nuestros días es su confianza absoluta en un Dios Padre de todos. Por una parte, esta confianza de Jesús es clave en su espiritualidad. Por otra, son muchos los que se han ido alejando de la fe cristiana, sobre todo porque han sido educados desde niños en el miedo a Dios.

Al mismo tiempo, el misterio de Dios vivido como Padre de todos nos urge a comprometernos por un mundo donde sea posible la libertad, la igualdad y la fraternidad de todos. Esta espiritualidad de Jesús nos compromete a sus seguidores a trabajar por una sociedad más libre, igual y fraterna en medio de la cultura nihilista, en la que corremos el riesgo de seguir dando pasos hacia un futuro de hombres y mujeres sometidos a un bienestar deshumanizador; de individuos privados de conciencia comunitaria y solidaria que pretenden construir una falsa <<aldea global>>, abriendo en la familia humana desigualdades cada vez más crueles.

c) Espiritualidad alentada por un Dios Padre-Madre

Otro rasgo de la espiritualidad de Jesús que considero de suma relevancia para nuestros tiempos es descubrir que la actuación profética de Jesús no está inspirada por un Padre autoritario y dominador, sino por un Padre que actúa con sus hijos con entrañas de Madre.

Como ejemplo y paradigma podemos recordar la actuación maternal del padre con sus dos hijos en la parábola del padre bueno (Lucas 15,11-32).

Ha llegado quizá el momento de ir introduciendo en nuestro lenguaje la expresión <<DiosPadre-Madre>> para hablar de ese Dios que no ha creado al varón para dominar a la mujer ni a la mujer para ser dominada por el varón.

d) Espiritualidad centrada en abrir caminos al proyecto humanizador del Padre.

Xabier Pikaza resume así la novedad de Jesús: <<Su verdad consistirá en insistir en Dios como Padre y en vincularlo a la llegada del Reino, que él ofrece ante todo a los pobres y excluidos de la sociedad>>. Jesús vive a Dios no desde un silencio que lo aísla de la vida de los demás, sino desde una experiencia interior que le conduce a vivir abriendo caminos al proyecto humanizador del Padre, que él llamaba el <<reino de Dios>>. Esta es la clave de la espiritualidad de Jesús y la pasión de su vida.

Una espiritualidad que vive de manera radical, identificándose ante todo con la causa de los pobres, los últimos, los más olvidados, los que viven sin <<estructura social protectora>>.

Un mundo en el que se busque la justicia y la dignidad para todo ser humano, empezando por los últimos; una sociedad en la que se acoja a todos sin excluir a nadie por razón de raza, sexo, religión, nacionalidad …; una convivencia en la que se promueva la igualdad y dignidad de la mujer para construir un mundo sin dominación masculina; una religión que viva al servicio de las personas, ante todo de las más olvidadas y marginadas.

 


José Antonio Pagola