Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

27 de mayo de 2021

Al otro lado de ese abrazo

 Por Gabriela Sánchez.

 27/05/2021

 

Buenos días.

Este boletín será un poco distinto. Os escribo después de una intensa cobertura en Ceuta. Durante la última semana, hemos documentado cómo Marruecos y España han sobrepasado líneas rojas que jamás deberían normalizarse.

Demasiados ojos se han quedado atrapados en un bonito abrazo, mientras los derechos humanos eran vulnerados en nuestra frontera. Aunque estuviésemos hablando de niños.




En la última semana, hemos visto a miles de personas utilizadas por Marruecos como moneda de cambio, para conseguir sus intereses políticos y económicos. Algunas, contaban, se sentían engañadas e utilizadas. Su Gobierno las animó a marcharse y, días después, aceptó su devolución inmediata.

"La policía nos decía: ‘Entrad a Ceuta’. Muchísima gente ocupaba la carretera para ir a la arena, pero aquí nos quieren devolver", explicaba Mumim horas después de su llegada a Ceuta a nado.

Una vez en suelo a español, cientos de personas fueron devueltas en caliente, a plena luz del día y ante los focos de la prensa nacional e internacional. Puedes trasladarte a la frontera a través de esta fotogalería de Olmo Calvo. Entre los expulsados había niños. ¿Puede España retornar a migrantes sin control? 

Los niños. Los protagonistas de esta crisis humanitaria han sido los menores. Durante la noche del martes, cuando las detonaciones de material antidisturbios aún eran intensos en la frontera, nos pudimos acercar a la nave donde han sido alojados cientos de menores llegados a Ceuta. Muchos chavales estaban durmiendo en el suelo…. o en las baldas de esta estantería:

"Prefiero dormir en un coche abandonado"

Este fue el único día que nos dejaron acercarnos a las puertas de la nave. Al día siguiente, el perímetro policial impedía a la prensa observar las condiciones del lugar que almacenaba a cientos de niños. "Prefiero dormir en un coche abandonado”, decía el pequeño Moshin, después de escaparse. Horas antes, también había huido Reduan. Salía a buscar comida a la calle porque, decía, se alimentaba mejor fuera que dentro. Así es la otra nave de la vergüenza.

En sus alrededores nos encontramos a Salima. Llegó a nado a la ciudad a pesar de haber nacido en Ceuta. Esta es su historia. Cuánto cambiaría la percepción de esta crisis humanitaria si todos pudiésemos mirar a los ojos a los menores recién llegados a la ciudad, reflexiona Jairo Vargas, de Público, en esta opinión. 

Las familias que se quedaron al otro lado de la frontera. Otros menores ruegan volver a Marruecos, algunos después de llegar a Ceuta engañados, mientras sus padres los buscan desesperados. La madre de Ali solo quiere oír la voz de su niño. "No se llega a creer que se haya ido a Ceuta, mi mujer no come, no duerme, cree que ya lo ha perdido", dice su padre. Te contamos aquí su odisea para reunirse con su hijo. Marruecos no lo pone nada fácil, como informó Nicolás Castellano en la Cadena Ser.

Redadas policiales. Cientos de marroquíes que llegaron a Ceuta a nado la semana pasada se han ido de forma voluntaria, al no encontrar en España lo que esperaban y dormir en la calle durante días. Pero otros muchos siguen en la ciudad, escondidos en guaridas secretas, aterrorizados ante la posibilidad de ser devueltos a Marruecos. Nos encontramos con Mohammed, Marwan y Oussama en el monte. Viven huyendo de las redadas y denuncian agresiones policiales.

Los últimos fallecidos de Ceuta. Esta crisis humanitaria también ha dejado víctimas mortales. Uno de ellos es Sabir, de 19 años. Su cuerpo apareció en aguas próximas a la frontera. El Faro de Ceuta nos contó su historia. El otro fallecido es un joven cuyo cuerpo fue encontrado flotando en la playa del Tarajal. El tercero es un hombre marroquí que se precipitó desde lo alto de un muro del puerto ceutí antes de intentar introducirse en uno de los barcos que cada día viajan a la península. Dos de ellos fueron enterrados en el cementerio musulmán de la ciudad autónoma. “Murieron solos y fueron enterrados en una tumba sin nombre, pero unos desconocidos lloraron su desgracia como si fuese propia”, cuenta María Martín, de El País.

Al otro lado de ese abrazo, que acaparó la atención de muchos medios, estaba Abdou. Su historia la ha contado TVE. Si este senegalés lloraba entre los brazos de Luna, era porque a su lado reposaba sobre la arena su hermano, inconsciente, después de llegar a nado a Ceuta. También porque sabía que iba a ser devuelto de forma automática, y acabaría perdiendo la pista a su familiar.

Lloraba por todos esos abusos de las fronteras difuminados detrás del aplauso a un simple abrazo.

Salima y los niños migrantes de Ceuta

Este fue el único día que nos dejaron acercarnos a las puertas de la nave. Al día siguiente, el perímetro policial impedía a la prensa observar las condiciones del lugar que almacenaba a cientos de niños. "Prefiero dormir en un coche abandonado”, decía el pequeño Moshin. Horas antes, también se había escapado Reduan. Salía a buscar comida a la calle porque, decía, se comía mejor fuera que dentro. Así es la otra nave de la vergüenza.



En sus alrededores nos encontramos a Salima. Mientras varios niños trepaban por verjas y corrían sobre los tejados para escapar de este espacio policial, esta adolescente pedía ser acogida. Llegó a nado a la ciudad a pesar de haber nacido en Ceuta. Esta es su historia.

Otros menores ruegan volver a Marruecos, algunos después de llegar a Ceuta engañados, mientras sus padres los buscan desesperados al otro de la frontera. La madre de Ali solo quiere oír la voz de su niño. "No se llega a creer que se haya ido a Ceuta, mi mujer no come, no duerme, cree que ya lo ha perdido", nos cuenta su padre. Te contamos aquí su odisea para reunirse con su hijo.

Cientos de marroquíes que llegaron a Ceuta a nado la semana pasada se han ido de forma voluntaria, al no encontrar en España lo que esperaban y dormir en la calle durante días. Pero otros muchos siguen en la ciudad, escondidos en guaridas secretas, aterrorizados ante la posibilidad de ser devueltos a Marruecos. Conocimos a Mohammed, Marwan y Oussama en el monte. Viven huyendo de las redadas y denuncian agresiones policiales.

Esta crisis humanitaria también ha dejado víctimas mortales. Uno de ellos es Sabir, de 19 años. Su cuerpo apareció en aguas próximas a la frontera. El Faro de Ceuta nos contó su historia. El otro es un joven cuyo cuerpo fue encontrado flotando en la playa del Tarajal. El tercero es un hombre marroquí que se precipitó desde lo alto de un muro del puerto ceutí en su intento de introducirse en uno de los barcos que cada día viajan a la península. Dos de ellos fueron enterrados en el cementerio musulman de la ciudad autónoma. “Murieron solos y fueron enterrados en una tumba sin nombre, pero unos desconocidos lloraron su desgracia como si fuese propia”, cuenta María Martín, de El País.

Al otro lado de ese abrazo que desviaba la atención de las violaciones de derechos humanos en nuestra frontera, estaba Abdou. Su historia la ha contado TVE. Si este senegalés lloraba sobre los brazos de Luna, era porque a su lado reposaba sobre la arena su hermano, inconsciente, después de llegar a nado a Ceuta. También porque sabía que iba a ser devuelto de forma automática, y acabaría perdiendo la pista a su familiar.

Lloraba por todas esos abusos de las fronteras difuminados detrás de un abrazo.