Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

17 de febrero de 2026

EL PROBLEMA DEL FARISEÍSMO NUNCA FUE LA ORACIÓN

El problema del fariseísmo nunca fue la oración, la ley o el deseo sincero de fidelidad a Dios, sino cuando la religión dejó de ser camino de vida para convertirse en un sistema de control, de pureza y de exclusión. Jesús no criticó la fe intensa, criticó una espiritualidad incapaz de conmoverse ante el sufrimiento humano.

El fariseísmo aparece cada vez que la norma pesa más que la persona, cuando la doctrina se usa para señalar antes que para sanar, o cuando la preocupación por “estar correctos” nos hace olvidar a quienes apenas sobreviven bajo el peso de la injusticia. Es una tentación permanente: construir una religión ordenada mientras el dolor real queda fuera del templo.

Superarlo exige cambiar la mirada. No preguntarnos primero quién cumple o quién falla, sino quién necesita ser levantado. No defender a Dios como si fuera frágil, sino reconocerlo ya presente en la vida herida de los pobres, de los descartados, de quienes cargan historias que no encajan en esquemas religiosos cómodos. Allí, donde la dignidad humana lucha por respirar, la fe recupera su verdad.

Jesús rompió el fariseísmo sentándose a la mesa con quienes no eran considerados dignos, recordando que el sábado existe para la vida y no la vida para el sábado. Nos enseñó que la verdadera santidad no separa, sino que por el contrario acerca; tampoco levantó muros morales, sino puentes de misericordia y justicia.

Superar el fariseísmo, entonces, no es suavizar el Evangelio, sino tomarlo más en serio. Es permitir que la fe deje de ser refugio individual para convertirse en compromiso con la vida concreta de los demás. Porque una espiritualidad auténtica no se reconoce por la perfección externa, sino por su capacidad de generar compasión, justicia y esperanza.

Y quizá la señal más clara de que estamos dejando atrás el fariseísmo es esta: cuando ya no preguntamos quién merece el amor de Dios, sino cómo podemos hacerlo visible en medio del mundo.

Hna Adry OSC

Publicación de estado de Facebook