Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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30 de abril de 2021

DOMINGO, Palabras a voleo

 

PALABRAS A  VOLEO

Martín Valmaseda




En  nuestro  tema semanal  en el  que  echamos a voleo  distintas  palabras,  para que  quien  quiera  las  piense,  hoy se nos ha  ocurrido  soltar al  viento  una muy  corriente  pero  que  como  se dice  “tiene mucha miga”  Ni  siquiera  comenzamos  con  su  etimología  simplemente  proponemos la  palabra   que  es   DOMINGO.

Y  esa palabra  la   empezamos  con una aguda  pregunta  que  nos lanza y comenta  nuestro  amigo marianista  Andrés Pérez,  que empieza  cuestionándonos

¿QUÉ HEMOS HECHO DEL DOMINGO?

(la  pregunta  va unida  con  el evangelio  del  domingo III  de Pascua   donde se escucha a Jesús  preguntando a su  equipo:

¿Tenéis algo qué comer?

A los de Emaús, y a los discípulos, atormentados,

temerosos o llenos de dudas, Jesús se les apareció para fortalecerles y abrirles los

ojos en aquello que tanto insistió antes de su pasión y muerte: la resurrección.

Sus visiones posteriores, especialmente en la fracción del pan, no pretendieron otra

cosa sino darles muestras de que Él era en persona. Que todo lo anunciado se

cumplía. Que, aquel Señor que había compartido confidencias y paseos,

sufrimientos y alegrías, se presentaba en medio ofreciéndoles lo que el mundo no

da: paz.

Desde entonces, cada domingo, para los cristianos –no solamente es el Día del

Señor- es el momento en el que ponemos en paz todas las cosas: las de cada uno,

las de los demás y las de todos con Dios. ¿Qué hemos hecho del domingo? Es una

interpelación que debiera de marcar la conciencia de todo católico. De los que

venimos a la Eucaristía y de aquellos que, por diversas razones, la han dejado.

¿Qué hemos hecho con el Día del Señor?

2. - En una jornada que ya no está marcada por el descanso, la familia o el realizar algo extraordinario. Muchos, y con razón, comienzan la semana diciendo: “estoy más cansado que el viernes”. Y es que, desde diversas vertientes, se nos insta –consciente o inconscientemente- a ensalzar aspectos deportivos, de ocio o de simple holganza, en detrimento del valor sagrado. ¿A qué se debe? Ni más ni menos que hemos olvidado lo que ha sido motivación y algo sagrado de este séptimo día: además del descanso, el glorificar a Dios.

3. – Sorprendía, no hace muchos días, una campaña lanzada por la Iglesia de Norte-América: “Es hora de volver”. Con ello, a través de la televisión, invitaban a los católicos alejados de la práctica dominical, a volver a la casa del Señor. A la Eucaristía.  A la escucha de la Palabra.

Tal vez estamos en un momento, muy apropiado, para insistir en los nuestros, en nuestras familias, a nuestros hijos o vecinos sobre una realidad: para que el Señor aparezca en nuestra vida cotidiana, tenemos que sentarnos de nuevo a escuchar su Palabra. Reconquistar el sentido cristiano del Domingo. Dejar a un lado (o combinarlas con la fe) ciertas actividades que entorpecen o ensombrecen lo más genuino de este día: la referencia a Dios. El Domingo, bien vivido y celebrado, es una posibilidad para encontrarnos frente a frente con el resucitado. Es un cauce para hallar la paz interior y exterior. Es motivo de fiesta y de alegría. De cantar y expresar lo que la Pascua fluye por sus cuatro costados: la presencia de Jesucristo muerto y resucitado. ¡Paz a vosotros!