Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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19 de junio de 2021

Jesús, maestro interior-Lectura Orante del Evangelio


LA HORA DE LA VERDAD

José  Antonio Pagola

 


Hace ya bastantes años que Émile Poulat afirmó que estamos entrando en una <<era poscristiana>>. Es inútil engañarnos. La crisis del cristianismo sigue creciendo. Lo cristiano es cada vez  más irrelevante. La Iglesia se está convirtiendo en un fenómeno marginal. En algunos ámbitos, su actuación ni siquiera es considerada digna de discusión o de crítica.

Incluso cristianos que no han abandonado la práctica religiosa confiesan que no están seguros de ser creyentes. Tampoco se comunican con Dios. Algún autor se ha atrevido a hablar de la <<secreta increencia>> que está creciendo en el interior de la Iglesia sin excluir a presbíteros y obispos. ¿Qué está sucediendo?.

 

1.      El vacío interior del cristianismo

Ya en el siglo XIX, John Henry Newman (1801-1890), el teólogo ingles de más prestigio en su tiempo, anunció que una simple fe vivida solo como herencia de una tradición social o como costumbre familiar, podría llevar en el futuro a las personas cultas a la indiferencia y a las personas sencillas a la superstición.

Durante estas últimas décadas se vienen repitiendo con frecuencia unas palabras de Karl Rahner: <<El cristianismo del futuro será “místico”, es decir, una persona que ha experimentado algo, o no será cristiano; porque la espiritualidad del futuro no se apoyará ya en un ambiente religioso generalizado, previo a la experiencia y a la decisión de la persona>>.

En estos momentos podemos señalar tres hechos que están arruinando de manera acelerada el cristianismo que hemos heredado y vivido hasta nuestros días. Pensemos en ese número importante de personas que cumplen todos los deberes externos de su religión cristiana y mueren sin haber vivido jamás una experiencia interior del misterio de Dios o de Cristo resucitado. Son cristianos que se han formado una idea de Dios que les basta para regular de alguna manera su vida, pero sin apenas transformarla interiormente.

Muchos cristianos consideran que la fe es creer <<cosas difíciles de entender>>, pero que han de aceptarse para ser cristianos y salvarse.

Pero cuando la fe queda reducida a <<creencias>>, en realidad las personas no creen propiamente en Dios, sino en aquellos que les han hablado de Dios:   padres, catequistas, curas. Privadas de una experiencia personal de Dios, estas personas viven una fe <<de segunda mano>>

2.      La hora de la verdad

La crisis religiosa es hoy tan profunda que ya no basta con algunas reformas superficiales. Si nuestra fe no se está alimentando de la experiencia interior, única fuente que la pueda nutrir, este cristianismo se seguirá perdiendo. La experiencia interior de Dios, de la que brota la verdadera fe.

Pero no hemos de olvidar que eso que llamamos <<crisis religiosa>> es, al mismo tiempo, el gran <<signo de estos tiempos>>, aunque todavía no sabemos leerlo con espíritu profético. Dios está llevando a la Iglesia a una situación nueva, en contra de nuestra voluntad. La historia está despojando a la Iglesia de poder, prestigio y seguridad mundana. Dentro de pocos años, la Iglesia será más pequeña, más pobre y más débil. Tendrá que aprender a vivir en minoría. Conocerá en su propia carne lo que significa ser perdedora y vivir marginada. Solo desde esa pobreza aprenderá a dar pasos humildes hacia su conversión. Esas pequeñas comunidades de creyentes se volverán a Jesús con más verdad y fidelidad que nosotros. Buscarán a Dios con más fuerza que nunca y, en medio de una sociedad que lo declarará una vez más como muerto, ellos lo encontrarán donde ha estado y estará siempre: en lo más profundo del ser humano.

3.      Aproximación a la espiritualidad vivida por Jesús

Mi propósito fundamental ha sido <<aproximarme>> a Jesús con rigor histórico y con lenguaje sencillo, para acercar su persona y su mensaje al hombre y a la mujer de hoy. Quiero despertar en la sociedad moderna el deseo de Jesús(….).

Estoy convencido de que Jesús es lo mejor que tenemos en la Iglesia y lo mejor que podemos ofrecer hoy a la sociedad moderna. Creo, con otros muchos pensadores, que Jesús es lo mejor que ha dado la humanidad. El potencial más admirable de luz y de esperanza con el que podemos contar los humanos.

Esta sociedad en crisis puede encontrar en Jesús el gozo de poder invocar a Dios como un <<tú>>; la confianza en el misterio insondable de Dios percibido interiormente como Padre; la fuerza del misterio de Dios atrayéndonos a construir un mundo más humano, fraterno y solidario; la misericordia como principio de actuación no solo para aliviar el sufrimiento generado por la propia persona( deseos dañosos, apegos, ignorancia… ), sino para luchar contra el sufrimiento provocado por los abusos, injusticias, estructuras de poder…

Las corrientes de espiritualidad están llamadas a enriquecerse mutuamente para el bien de toda la humanidad en estos tiempos de crisis global. La espiritualidad oriental enseña a <<cerrar los ojos>> para descubrir en el silencio interior la fuerza sanadora del misterio de Dios en las personas. La espiritualidad de Jesús nos enseña también a <<abrir los ojos>> para descubrir la fuerza que proviene del misterio de Dios para humanizar la vida y construir un mundo siempre más digno, justo y fraterno.

Yo quiero proponer de manera sencilla y práctica la espiritualidad de Jesús para dar pasos hacia la experiencia de Dios, porque estoy convencido de que puede ayudar a no pocos a renovar interiormente su fe en estos tiempos críticos para el cristianismo.

 

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                     UNA PREGUNTA DECISIVA

 

Esta sencilla pregunta de Jesús atraviesa los siglos y llega hoy hasta nosotros. En torno a esta pregunta se juega la identidad de nuestro cristianismo. ¿Quién es realmente el Jesús que se dirige a los cristianos de hoy? ¿Quién es el Jesús que está inspirando e impulsando a la Iglesia de nuestros días?

 

1.      Entender la pregunta

 

Jesús no pregunta << ¿quién soy yo?>>, sino <<¿quién soy yo para vosotros?>>. Es una pregunta personal. Jesús no fuerza a nadie. No se impone. Lo que busca es una relación personal con cada uno de sus seguidores: ¿quién soy yo para ti?.

Esto nos conduce a cada uno a preguntarnos que relación tengo yo con Jesús, que lugar ocupa en mi vida, cómo le vivo, cómo me sitúo ante él, como le siento dentro de mí…

Jesús no nos pregunta qué dicen de él los concilios. El año 451, el Concilio de Calcedonia definió a Jesucristo en algo más de trescientas palabras técnicas…Tampoco nos pregunta Jesús qué dicen de él los historiadores. Nuestra experiencia interior de Jesús no es resultado de nuestros conocimientos históricos. Quién es para mí Jesús es algo mucho más vital que todos los datos que me puedan ofrecer los expertos que investigan su historicidad.

 

2.Escuchar en silencio la pregunta de Jesús

 

La pregunta de Jesús hemos de escucharla en silencio. Las preguntas importantes invitan al silencio. Así es la pregunta de Jesús. Necesitamos reaprender a escuchar, humilde y profundamente, las preguntas redentoras.

<<Preguntas redentoras>> son las que pueden generar en nosotros creatividad y liberarnos de lo que nos bloquea; las que sacuden la conciencia y nos arrancan de la mediocridad; las que renuevan nuestro espíritu y reavivan nuestra esperanza. Así es la pregunta de Jesús.

¿Es Jesús uno más en nuestra vida o es alguien que orienta nuestro ser, da un sentido último a nuestra existencia y despierta en nosotros una esperanza definitiva?

No es ya solo una cuestión sobre él, sino sobre nosotros mismos: ¿quién soy yo? ¿En quién creo realmente? ¿Desde donde oriento mi vida? ¿A qué se reduce mi fe cristiana?.

A muchos de nosotros, la figura de Jesús nos ha llegado configurada por predicaciones, explicaciones teológicas o dogmas. También a través de imágenes, películas, lecturas, devociones, etc.

En nuestro cristianismo, todo es posible. Adorar a Jesucristo como <<Dios>> sin que sea el centro de nuestra vida. Confesarlo como <<Señor>>, pero viviendo de espaldas a su proyecto e incluso sin saber muy bien como era y que quería.

Los cristianos que actúan así no son culpables que hemos de condenar. En buena parte son víctimas de un cristianismo muy difundido entre nosotros. Son cristianos que, desde muy niños, se hicieron una idea infantil de Jesús, cuando todavía no se podían plantear con lucidez el sentido de su vida. Más tarde, nadie les ayudó a encontrarse con él.

Marcel Légaut escribió estas duras palabras: <<Esos cristianos ignoran quién es Jesús y están condenados por su misma religión a no descubrirlo jamás>>.

 


3       Encuentro personal con Jesús

 

La pregunta de Jesús sigue esperando nuestra respuesta. Si los cristianos de hoy ignoramos a Jesús y perdemos el contacto interior con él, viviremos como perdidos.

Llevamos muchos siglos oscureciendo a Jesús con nuestra mediocridad. Hemos olvidado muchas veces que la fe no consiste primordialmente en creer en algo, sino en alguien. No se trata de adherirnos a un credo ni de aceptar superficialmente un conjunto de doctrinas. Lo decisivo es encontrarnos interiormente con Jesús, el Cristo, que nos atrae y conduce hacia el misterio insondable de un Dios Padre.

En la sociedad posmoderna de nuestros días es cada vez más difícil creer en algo. Las ideologías más firmes y los sistemas más poderosos se van desmoronando.

A veces, esta crisis adquiere un claro tono religioso. Lo he escuchado a no pocos: no saben en qué creer, nada logra iluminarlos por dentro, han abandonado la religión ingenua de otros tiempos, pero no saben sustituirla con nada mejor; se están quedando sin clave alguna para orientar su vida.

Si queremos vivir una experiencia auténtica de encuentro personal con Jesús, hemos de atrevernos a salir de la inercia y el inmovilismo, recuperar nuestra libertad interior y estar de nuevo a <<nacer de nuevo>> dejando atrás la observancia rutinaria de una religión convencional.

Jesús nos puede ayudar, antes que nada, a conocernos mejor.

Su mensaje hace pensar y nos obliga a plantearnos las preguntas más importantes y decisivas de nuestra vida. Su entrega incondicional a los necesitados pone al descubierto nuestro radical egoísmo. Su pasión por introducir en el mundo justicia y solidaridad sacude nuestro bienestar y nuestro olvido de los hambrientos. Su ternura hacia los enfermos y su acogida amistosa a los pecadores desenmascara nuestra mezquindad. Su libertad para buscar siempre el bien de todo ser humano nos hace reconocer nuestras servidumbres y cobardías.

Al mismo tiempo que nos ayuda a conocernos mejor, Jesús nos atrae a abrirnos confiadamente al Padre de todos. Intuimos en él una experiencia interior de confianza, docilidad y abandono tan profundo y total en Dios, que nos atrae también a nosotros a confiar en ese misterio insondable de bondad y misericordia infinita.




Desde su propia experiencia nos enseña a vivir a Dios como una presencia cercana y amistosa, fuente inagotable de vida, comprensión y amor perdonador: un Dios más grande y más íntimo, más humilde y más cercano que todas nuestras teorías.

Esa acción transformadora de Jesús nos irá liberando de formas poco sanas de vivir: fanatismos ciegos, desviaciones legalistas, egoísmos y miedos alimentados por nuestro falso <<ego>>, al mismo tiempo que introduce en nuestra vida cotidiana algo tan importante como la alegría de vivir, la compasión hacia todo ser humano o la creatividad del que vive amando.

 

4       ¿Qué dice hoy la gente acerca de Jesús?

Jesús, antes de preguntar a sus discípulos: <<¿Quién soy yo para vosotros?>>, les preguntó que decía la gente sobre su persona.

Hace algunos años pregunté a algunas personas conocidas con las que tenía cierta confianza que pensaban de Jesús.

Me encontré, como es natural, con respuestas muy variadas. Escuché respuestas admirables de creyentes que aman a Jesús. Escuché también a personas que han perdido la fe.

Sin embargo. Lo que más me impresionó fueron las reacciones de indiferencia y desinterés de personas que yo había conocido como practicantes desde niños. Recojo aquí un breve muestrario para que tomemos una conciencia más viva de cómo se está perdiendo la fe entre nosotros, y para que captemos lo importante que puede ser en estos momentos preguntarnos quién es el Jesús que está inspirando y alimentando a nuestras comunidades cristianas. Yo les preguntaba: <<¿Quién es Jesús para ti?>>

Las respuestas más significativas fueron diversas:

<<No me interesa. No me dice nada. No cuento con él. Sé que hay algunos a los que le sigue interesando; yo me intereso por cosas más prácticas>>. Jesús ha desaparecido del horizonte real de estas personas.

<<No tengo tiempo para esas cosas. Bastante hago con enfrentarme a los problemas de cada día. Vivo muy ocupado, tengo poco tiempo y humor para mucho más>>. En personas como esta no hay sitio para Jesús. No pueden imaginar el estímulo y la fuerza que podrían encontrar en él para enfrentarse a la vida.

<<Me resulta demasiado exigente. No quiero complicarme la vida todavía más. Y, además, luego viene todo eso de no pecar, ir a misa los domingos…Para mí es demasiado>>. Estas personas desconocen cómo es Jesús. No saben que podría introducir en su existencia una libertad nueva.

<<Lo siento muy lejano. Todo eso de la religión me resulta teórico e inútil. Son cosas de las que no se puede saber nada con seguridad. Además, ¿qué puedo hacer yo para meterme en esos rollos?>>. Estas personas necesitarían un camino que las pudiera llevar a una adhesión viva con Jesús.

 

Siguiente capítulo : RECUPERAR A JESÚS COMO MAESTRO INTERIOR