Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo de Ana Isabel Pérez y Martín Valmased

12 de junio de 2021

Cristo ha venido a "salvar" cuerpos, no puras almas

 

Corpus Christi: Cuerpos abyectos, cuerpos inadecuados




La Iglesia celebra el día del Cuerpo de Cristo, la última de las fiestas del año litúrgico, en la que culminan los motivos principales del Adviento y de la Navidad, de Pascua y de Pentecostés.

        Publiqué hace unos meses una Teología de la Biblia, que se titulada título “La Palabra se hace Carne”. Estuve dudando sobre el título y, en vez de “La Palabra se hace Carne” (Jn 1,14) quise ponerle “La Palabra se hacer Cuerpo”, pero al fin me decidí por “carne”, no por “cuerpo”, aunque puse en la portada a Juan y Pedro corriendo al sepulcro de Jesús, buscando el Cuerpo de la Nueva humanidad”.

            De ese Jesús, que  es Cuerpo Mesiánico de la humanidad trata la fiesta de este día (Corpus Christi), con las reflexiones que siguen. En ese contexto, para entender el sentido del tema y de la fiesta, quiero presentar y comentar dos libros que acaban de salir en castellano-

Uno se titula “cuerpos abyectos” (de excluidos, homosexuales y condenados), a quienes Jesús ha integrado en su cuerpo mesiánico. El otro se titula “cuerpos inadecuados” (insuficientes, manipulados y/o genéticamente mutados), tema que quiero situar a la luz del cuerpo pascual de Jesús.


03.06.2021 | Xabier Pikaza teólogo

 

INTRODUCCIÓN BÍBLICA

 

El ser humano es cuerpo, alma y espíritu. 

 

‒ Para el AT, el hombre entero (varón y mujer) es basar (sarx y sôma, carne y cuerpo). No “tiene”, sino que “es cuerpo/carne”, realidad biológica, con las plantas y los animales, y así forma parte de una realidad frágil en la que todo nace, pasa y muere, perdurando (renaciendo) en el proceso de la vida (cf. Sal 16, 9; Job 10 4). En ese contexto ofrece Jn 1, 14 definición más honda del hombre como palabra hecha carne[1].

 

‒ El ser humano es nephesh y neshama, psyche y alma. La palabra más utilizada por la Biblia es nephesh, en griego psyche, en latín ánima-alma, y en esa línea el hombre es carne-cuerpo animado, no como alma espiritual, opuesta al cuerpo (como en la antropología griega), sino como principio vital,  en la línea de la “respiración” y sede de deseos, sino a veces a la misma sangre, que es el “alma” animal (cf. Dt 12, 23)[2].

 

‒ El hombre esruah (pneuma, espíritu), esto es, respiración superior, y de esa forma se vincula con la ruah de Dios, como he puesto de relieve en cap. 5 y 26. En un sentido, ruah es el “aliento” vital (cf Qoh 3, 19-21), pero, en otro más profundo, en el conjunto de la Biblia, el hombre es ruah porque se halla inmerso en el aliento y vida del Dios (y del mundo), formando así parte de su respiración, pues ruah es la fuerza creadora y engendradora, Dios como presencia activa (acogedora) de misterio, en comunión con todo lo que existe.

 

             El hombre vive, según eso, en tres niveles…, como una historia de humanización que desemboca y culmina en la redención (la transformación, la divinización, la liberación)  del cuerpo, como dice Pablo.:

 

              Sabemos que toda la creación gime y sufre hasta este momento, como en dolores de parto. Pero no sólo ella, sino también nosotros, que tenemos la primicia del Espíritu, gemimos por dentro, esperando la filiación, la redención de nuestro cuerpo (sôma) (Rom 8, 22-23).

 

Sarx y sôma, carne y cuerpo

 

(1) El hombre es Sarx, en debilidad, pero, en contra de las tendencias gnósticas, la “carne” no es mala, sino impulso y camino de vida que se abre a la comunicación más honda del amor, de la comunión entre los hombres y mujeres.  

 

(2) La Sarx o carne del hombre está al servicio del Sôma, es decir, de la identidad personal, como comunión de persona. En esa línea, San Pablo y sus sucesores, hablan de la “comunión del cuerpo de Cristo”, esto es, del cuerpo como principio de comunicación, como diálogo de vida y amor, como esperanza de resurrección.  En ese contexto se sitúa la gran formulación sobre la unidad teológica (divina y humana) de la iglesia: «Esforzaos por guardar la unidad del Espíritu, en el vínculo de la paz. Hay un sólo cuerpo y un Espíritu, como es una la esperanza de vuestra vocación, a la que habéis sido llamados. Hay un Señor, una fe, un sólo bautismo. Hay un Dios que es Padre de todos» (Ef 4, 3-6). La unidad de Dios Padre y la Unidad del Señor Jesús (expresada en fe y bautismo) se convierte por medio del Espíritu en unidad del cuerpo, es decir, en comunión de Iglesia.

 

(3) Dios se ha hecho “carne” para que todos nosotros seamos un cuerpo.En esa línea, la novedad del cristianismo está en la afirmación del “cuerpo de Cristo” (sôma tou Kristou) La unión de los cristianos no es una unidad espiritualista, hecha sólo de pensamientos y oraciones, sino de tipo corporal, sino de tipo corporal. Según eso, cada uno vivimos y somos en el otros. No hay cristianismo solitario. Una carne que se cierra en sí misma y no se abre en amor (en comunión de vida) a los otros no es carne cristiana, n i es principio de resurrección.

 

            Según eso, la verdad del mesianismo cristiano se expresa en la “unidad corporal” de los creyentes, una forma de unidad que se expresa y realiza, de un modo especial, a través de la comida compartida, por medio del pan que así aparece como auténtico “sôma” de Cristo, en todas las tradiciones eucarísticas (cf. Mc 14, 22; Mt 26, 26; 1 Cor 1, 24 y Lc 22, 19). El signo de Jesús es el pan compartido, no el alimento de las purificaciones y los ázimos rituales (que comen separados los buenos judíos), sino el pan de cada día, que el mismo Jesús comía con los pecadores y la gente del pueblo. Jesús no vino a crear una sociedad abstracta. Al contrario, él viene a presentarse como cuerpo, esto es, como vida expandida, sentida, compartida. El evangelio nos sitúa de esta forma en el nivel de la corporalidad cercana, que la mujer del vaso de alabastro (cf. Mc 14, 3-9) había expresado en forma de perfume y que Jesús ofrece como pan (comida). Sin comunión personal (de cuerpo y sangre) no existe eucaristía.

 

CUERPOS ABYECTOS

En este contexto de la fiesta del “Cuerpo de Cristo” quiero poner de relieve el hecho de que Cristo (Palabra de Dios, Hijo eterno del eterno Padre) no solamente se ha “encarnado” como dice Jn 1, 14 (se ha hecho carne en general), sino que ha tomado un cuerpo/carne de “siervo” (doulou), es decir, de esclavo como ha puesto de relieve con enorme precisión el himno de los Filipenses: Un cuerpo ultrajado, despreciado, torturado, mofado.

 

            Ésta es la tesis básica de este libro: El cristianismo se centra en la capacidad de “hacer cuerpo” (comunión de vida) partiendo de los expulsados de la vida. La iglesia no un “cuerpo militar” de soldados, ni una sociedad de perfectos… sino una comunión de vida en la que son acogidos en primer lugar los expulsados, los “malditos”, los sexual y socialmente distintos, los pobres de diverso tipo.




Tomado de Religión Digital