Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo
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3 de septiembre de 2021

Reflexión-Comentario de L. Boff sobre el significado de la palabra AMÉN.

 

Amén

 

¡Oh Padre nuestro !, si estás en el cielo

<< y si santo es tu nombre >>

¿Por qué no se hace tu voluntad

así en la tierra como en el cielo?

 

¿Por qué no das a todos

su pan de cada día?

 

¿Por qué no perdonas nuestros fallos

para que olvidemos nuestras quejas?

¿Por qué seguimos cayendo aún en tentaciones de odio?

 

Si estás en los cielos, ¡oh Padre nuestro!,

¿por qué no nos libras de este mal

para que digamos entonces Amén?

La oración del Señor termina como debía terminar, con un gran Amén. Esta palabra hebrea tiene la misma raíz(mn) que otras con la significación de fe, verdad, seguridad, firmeza y confianza. Tener fe, bíblicamente, más que adherir a unas verdades, entraña confiarse serenamente a un sentido secreto y último de la realidad. Es poder decir, al mundo y a la vida y a la totalidad de lo que existe, sí y amén. Por eso en los antípodas de la fe se encuentra el miedo y la incapacidad de entregarse confiadamente a uno Más Grande, al sentido secreto y último, al Sentido de los sentidos: a Dios, Padre de infinita bondad y amor. Amén significa, pues, ¡así sea! ¡Sí, si, así debe ser!. Con el amén se quiere reforzar, reafirmar y confirmar una petición, una oración o una alabanza (ver Rom 1,25, 11,36;Gál 1,5; Flp 4,20; 1Cor 16,24 )


Poder decir amén es poder confiar y estar seguros de que todo se encuentra en las manos del Padre; es haber superado ya la desconfianza y el miedo, a pesar de todo. La oración del padrenuestro encierra toda la trayectoria humana en su impulso hacia el cielo y en su  enraizamiento terreno. En ella se expresa el momento de luz y también el de tinieblas. Y a todo decimos sí, amén. Y solo podemos decir sí y amén al peligro del mal, a las solicitaciones de la tentación, a las ofensas recibidas y a la búsqueda pesada del pan porque tenemos la certidumbre de que Dios es Padre, de que estamos consagrados a su nombre santo, que confiamos en la venida de su reinado y estamos seguros de que su voluntad se hará así en la tierra como en el cielo.

La oración del padrenuestro comenzó con la confianza de quien levanta su mirada al cielo de donde puede venirnos la liberación. Y luego, no obstante tener que pasar a través de las opresiones humanas, termina de nuevo en la confianza, diciendo amén. Semejante actitud tiene su fundamento en el mismo Jesucristo, que nos enseñó a rezar el padrenuestro. El asumió todas las contradicciones de nuestra torva existencia, liberándola totalmente. San Pablo nos dice con intuición precisa: “En El ha habido únicamente un sí”(2Cor 1,19). Todo lo que Dios prometió a los hombres << y el padrenuestro enumera las promesas de Dios, las hechas para la vida eterna y las hechas para la vida terrena >> “ en Jesús ha tenido su sí “(2Cor1,20).

San Juan asegura, por su parte: Jesús es “el amén” (Ap 3,14). Si de veras El es el amén que ponemos al final de nuestras súplicas, entonces tenemos la certeza más absoluta de que Dios nos escucha. Mayor que la certidumbre de nuestras necesidades es la certidumbre de nuestra confianza: ¡nuestro Padre nos atiende!  ¡Amén!

 

Leonardo Boff