Y el Señor pronunció las siguientes palabras:
Yo soy tu Dios, la
fuente de la vida.
Yo no soy un gran
Señor, sino tu amigo.
No soy legislador, ni
juez, ni policía,
sino impulso de libertad y llamada a la superación.
Yo no escribo normas en
piedras o en códigos,
sino en lo más íntimo
del ser.
Mis normas no son
antipáticas, ni doblegan ni traumatizan;
son pistas para
conducir, escalas para ascender,
aliento para crecer.
Yo soy Dios, pero en ti
y para ti.
Yo soy para que tú
seas.
No quiero que sirvas
temeroso,
que te pongas de
rodillas como esclavo ante ningún dios,
ni en el cielo ni en la tierra, ni ante nada
ni ante nadie,
ni ante mí.
Ponte en pie para
servirme en el amor;
no des culto a nadie
sino en amor;
vive en el amor.
No destruyas nada;
no utilices ni te
aproveches
de nadie;
no engañes a nadie,
porque el otro, sea
quien sea; es mi hijo, es un dios,
porque Yo soy el Amor.
Favorece especialmente
a los pobres, a los mayores,
a los huérfanos, a los
extranjeros y a los indefensos,
porque Yo soy el Amor.
LOS OTROS SALMOS
Colaboración de Juan García de Paredes.